Fracaso en el lanzamiento orbital del cohete iraní Simorgh
El 15 de enero de 2019 a las 00:30 UTC Irán lanzó un cohete Simorgh desde el centro espacial Imam Jomeini (provincia de Semnan) con el objetivo de poner en órbita uno o dos satélites. El lanzamiento se saldó en fracaso por culpa de un fallo de la tercera etapa y el vehículo reentró en la atmósfera sobre el océano Índico. Lo interesante del asunto es que nadie sabe si este ha sido el primer intento de Irán de alcanzar la órbita usando un Simorgh. El 19 de abril de 2016 y el 27 de julio de 2017 Irán llevó a cabo otros dos lanzamientos de este vector, pero a día de hoy se discuten sus objetivos. El lanzamiento de 2016 parece haber sido un vuelo suborbital de prueba, mientras que el de 2017 es posible que fuese un intento de alcanzar la órbita, pero el caso es que no es seguro a ciencia cierta.
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| Tercer lanzamiento del cohete iraní Simorgh (IRNA). |
Sea como sea, el lanzamiento del pasado 15 de enero es el primero de un cohete Simorgh en el que Irán había declarado oficialmente con antelación que tenía la intención de alcanzar la órbita. Aparentemente también es el primero con una carga útil, en este caso el satélite de un poco menos de 100 kg Payam-e Amir Kabir («mensaje de Amir Kabir» en farsi) o Payan («mensaje»), que ha sido desarrollado por la Universidad Técnica de Amir Kabir con el objetivo observar la Tierra mediante cuatro cámaras. Con una resolución de 45 metros, hubiera estado situado en una órbita de 55º de inclinación y 500 kilómetros de altura.
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| El Somorgh en la rampa (Mizan). |
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El satélite Payam (IRNA).
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El Simorgh (سیمرغ, «fénix» en farsi) es un cohete que fue anunciado por primera vez por las autoridades iraníes en 2010 y cuya puesta en servicio está resultando ser más compleja de lo previsto. A veces denominado Safir-2A, se trata de un lanzador hipergólico de 2,5 metros de diámetro y 25 metros de longitud, con una masa de 87 toneladas. Es capaz de colocar entre 250 y 350 kg en órbita baja gracias a sus tres etapas. El Simorgh es el segundo lanzador iraní con capacidad de alcanzar el espacio después del Safir, un vehículo que puede situar entre 25 y 65 kg en órbita baja. Recordemos que entre 2008 y 2015 Irán lanzó siete cohetes Safir, cuatro de los cuales lograron alcanzar la órbita. Irán se convirtió oficialmente en una potencia espacial —la novena del planeta Tierra— el 2 de febrero de 2009, cuando puso en órbita el pequeño satélite Omid durante el segundo lanzamiento orbital del Safir.
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Centro de lanzamiento de Semnan, con la rampa del Safir en el centro (círculo) y la del Simorgh a la derecha (Planet / Middlebury Institute of International Studies).
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Rampa de lanzamiento del Simorgh (Planet / Middlebury Institute of International Studies).
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La primera etapa del Simorgh emplea cuatro cohetes derivados del Safir junto con otros cuatro motores vernier. La segunda etapa también dispone de cuatro motores, mientras que la tercera etapa es de combustible sólido. La historia del Simorgh refleja la estrecha colaboración entre Corea del Norte e Irán en materia de lanzadores y misiles balísticos. El cohete Simorgh utiliza tecnología del Safir, que se basa en el misil de alcance medio Shahab 3, un misil que a su vez es una versión mejorada del Nodong A norcoreano (también conocido como Hwasong 7). Para complicar las cosas, el Nodong es una versión local del misil soviético R-17 (Scud). Y, en otra vuelta de tuerca de la historia, el Simorgh es muy similar —casi idéntico— al lanzador espacial norcoreano Unha, con la excepción de la tercera etapa, que parece ser de tecnología iraní (y es precisamente el elemento que ha fallado en esta misión). El desarrollo del Simorgh, al igual que el del Safir, ha estado rodeado por la polémica. Estados Unidos se refirió al anterior lanzamiento de este lanzador como una «provocación» que violaba el «espíritu» del tratado nuclear de 2015.
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Detalle del Simorgh de la prueba de 2017. Ojito a la decoración del cohete (IRNA).
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Modelo del Simorgh (https://www.rferl.org/).
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Cohete norcoreano Unha, similar al Simorgh en sus dos primeras etapas (AP).
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La historia del programa espacial iraní es especialmente singular. Evidentemente, algunas autoridades civiles y militares del país consideran que se trata de una forma de desarrollar tecnología con aplicaciones militares sin levantar la ira de la comunidad internacional —y, especialmente, Israel—, pero en los últimos años ha surgido un tejido de centros de investigación, universidades y empresas con un genuino interés en la exploración del espacio, así como una amplia comunidad local de «espaciotrastornados» de pura cepa. Hasta hace poco, Irán tenía intenciones de realizar vuelos orbitales tripulados en algún momento de la próxima década, pero por el momento ha renunciado a las mismas por el alto coste del proyecto. A pesar de que el ambiente político y social en Irán es radicalmente diferente al de Corea del Norte, los dos países han logrado desarrollar a la sombra de las sanciones occidentales un auténtico sistema de lanzamiento orbital común con soluciones tecnológicas muy curiosas. Los misiles balísticos pueden convertirse en lanzadores espaciales sin muchos problemas —hay demasiados ejemplos para mencionarlos todos; baste nombrar el exitoso y longevo Soyuz—, pero lo contrario no se cumple. Los lanzadores espaciales son pésimos misiles, aunque eso no quita para que los adversarios de un determinado país puedan preferir que su rival no disponga de sistemas de lanzamiento de ningún tipo, ni civiles, ni militares.
Fuente: danielmarin.naukas.com
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