Marcha atrás en el campo local
Los números se desprenden del Censo Nacional Agropecuario cuyos resultados dio a conocer el INDEC el último lunes. Y aunque - curiosamente- el relevamiento fue realizado en Mendoza por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), aún no están disponibles los datos finales que desagregan los tipos de actividad y la superficie destinada a cada una de ellas.
El informe publicado por el INDEC arrojó que en Mendoza hay 24.237 explotaciones agropecuarias distribuidas en 8.649.072 hectáreas. En 2002, cuando se realizó el anterior censo, las explotaciones eran 30.656 y las hectáreas 6.422.130. Al comparar ambas estadísticas surge que en esos seis años las primeras descendieron 20,94%, mientras que las segundas ascendieron 25,75%.
"La concentración de la tierra en unas pocas manos es un proceso general en Mendoza, sobre todo en la vitivinicultura, aunque hay que reconocer que también se vive algo similar en la horticultura y en la fruticultura. Respecto de la actividad vitivinícola, el proceso comenzó a principios y mediados de los 80, después de la crisis de Greco (aquel imperio vitivinícola que llegó a concentrar, en su momento, 60% del vino de mercado)", explicó Eduardo Sancho, vicepresidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR).
Sancho no es un aficionado de la materia. Su opinión se asienta en su cuádruple rol, en la COVIAR, como secretario de Fecovita, como presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas y como vicepresidente de Coninagro, entidad que integra la mesa de enlace del campo.
–¿Cómo se puede luchar contra la concentración en la vitivinicultura, que es nuestra industria madre?
Sancho: – Desde la COVIAR siempre hemos sostenido que la vitivinicultura tiene que seguir manteniéndose con los pequeños productores, como ha sido históricamente, pero que si no se hace algo para favorecerlos, la concentración de la tierra iba a seguir produciéndose y los productores iban a comenzar a desaparecer. Para ello proponemos dos mecanismos: incluir al pequeño productor en el negocio vitivinícola, integrándolo a la cadena de valor. Y en segundo lugar, elaborar un plan estratégico de transferencia de tecnología adecuada para ese pequeño productor. Ese es el trabajo que venimos realizando con el BID y el proyecto que está a punto de iniciarse.
–¿De qué manera se pueden integrar los productores?
–La manera tradicional es que el productor se integre en una cooperativa vitivinícola. Este método tiene algunas desventajas: hay productores a los que no les interesa y, por otro lado, las cooperativas no pueden incorporarlos a todos. La otra figura que proponemos es un contrato a largo plazo con la bodega con la que comercializa habitualmente (mínimo 10 años). De esta manera, logramos que el productor se integre a la cadena y al mismo tiempo se especialice según el mercado. Si se asocia con una bodega de vinos de mesa o mosto, buscará mayor producción, mientras que si es de vinos de alta gama, buscará mejor calidad para tener mejor precio.
Experiencia local
Fecovita encarna en Mendoza un caso testigo de asociatividad de pequeños productores. Sus casi 5 mil asociados tienen beneficios como un fondo solidario para afrontar daños por granizo, financiamiento para insumos, para cosecha y acarreo, "y tal vez lo más importante, una marca para llegar al mercado y lograr mejores precios", cerró Sancho.
Corrientes, la más afectada
Mendoza supera la media nacional en la retracción de explotaciones agropecuarias. Según datos del Censo Nacional Agropecuario 2008, cuyos resultados preliminares fueron dados a conocer esta semana, mientras que Mendoza perdió en seis años (fecha del censo anterior) 21 por ciento de sus organizaciones de producción, el total del país sufrió una baja de 18 por ciento.
Sin embargo, el diagnóstico que se desprende es el mismo: un proceso de concentración creciente que va dejando la tierra, incluso mayor cantidad de ella, en unas pocas manos.
"La situación es general para todo el país, principalmente en la industria láctea y en los granos, a través de los pooles de siembra. Hay un esquema de subsidios que no es conveniente porque depende de la voluntad del Estado y si éste decide cambiar las condiciones, el productor queda desprotegido. Por eso creemos que el pequeño productor debe hacerse sustentable en sí mismo, con ventajas impositivas y crediticias distintas a las de las grandes empresas, para que no terminen siendo empleados de un puñado de grandes empresas", opinó el mendocino Eduardo Sancho, vicepresidente de Coninagro, una de las entidades contenidas en la Mesa de Enlace del campo.
Corrientes es la provincia más golpeada, con la pérdida de 66,2 por ciento de sus explotaciones agropecuarias en el término de seis años, y curiosamente Santa Cruz es la única que vio crecer las suyas con 12,5 por ciento más.
Fuente: diariouno.com.ar

