sábado, 10 de octubre de 2020

Cómo Turquía intenta recuperar la influencia del Imperio otomano y qué consecuencias tiene para el equilibrio internacional
por Mariano Aguirre*





Algunos analistas consideran que las acciones de Erdogan ponen en riesgo la securalización de Turquía.

Si se despliega un mapa de Medio Oriente, Norte de África, Mediterráneo Oriental y Asia Central, es posible apreciar que Turquía está presente en varios de los conflictos que asolan la región.

Hace pocos años, Ankara decía tener "cero conflictos con sus vecinos".

Hoy está presente de forma controvertida en Siria, Libia y Nagorno-Karabaj. Tiene serios problemas con los kurdos en su territorio y en Siria, y una peligrosa confrontación con Atenas por Chipre, y con otros países por recursos energéticos en el mar Mediterráneo.

Igualmente, crecen las tensiones con Rusia, Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN.

Durante 600 años, con especial auge en los siglos XVI y XVII, el Imperio otomano dominó desde el sureste de Europa hasta los territorios que actualmente son Austria y Hungría, los Balcanes, Grecia, parte de Ucrania, Irak, Siria, Israel, los territorios palestinos y Egipto. Su poderío alcanzaba Argelia en el norte de África y gran parte de la península Arábiga.

El gobierno de Recip Tayyip Erdogan, del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que gobierna desde 2002, ha adoptado una política exterior cada vez más ambiciosa, con el trasfondo mítico de su pasado imperial.



Potencia regional

Sectores civiles y militares turcos consideran que su país es una potencia regional emergente con fuertes capacidades demográficas, económicas y comerciales. Tiene fronteras con ocho Estados y el 74% de la población total (84.339.067 personas) profesa el islam sunita.

Turquía es uno de los Estados que se formaron tras el fin del Imperio otomano.

Desde 1928, es oficialmente secular. Sin embargo, el islam tiene un fuerte peso en la sociedad y la política. El presidente Erdogan se mostró inicialmente conciliador entre seculares e islamistas, pero ha formado un poder autoritario con marcada orientación religiosa.

Entre 2014 y 2016, Turquía promovió la política de "cero conflictos" con los vecinos y la mediación en disputas internacionales.

Así mismo, impulsó medidas no militares (soft power), como la apertura de embajadas en África y América Latina, cooperación al desarrollo Sur-Sur, influencia cultural (en particular las telenovelas), coauspició la Alianza de Civilizaciones y fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Como explica Kerem Öktem, del Centre for Southeast European Studies (Universidad de Graz, Austria), fomentó inversiones en los Balcanes y Medio Oriente, y la creación de una zona de libre comercio con Siria, Jordania y Líbano.




Según el escritor turco Nedim Gürsel, en Turquía hay actualmente "una obsesión con el Imperio Otomano", algo que ve con malos ojos.

En el conflicto palestino-israelí, Turquía desempeña un papel importante y contradictorio. Por una parte, es pública la animadversión entre Erdogan y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Israel y Turquía se enfrentaron diplomáticamente en 2010 por la flotilla humanitaria para Gaza que fue apoyada por el gobierno de Ankara. Las buenas relaciones comerciales y militares se redujeron sustancialmente.

Turquía apoya la causa palestina y ha criticado a Estados Unidos por trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, en contra de múltiples resoluciones de Naciones Unidas.

Bahréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU) han reconocido recientemente a Israel y cortado sus ayudas a los palestinos. Ankara ha aprovechado la ocasión auspiciando el mes pasado la primera de una serie de reuniones en Estambul para mediar entre las facciones palestinas enfrentadas de Fatah y Hamas.

Turquía, además, apoya a Qatar contra las presiones de Arabia Saudí y EAU, y es crítico del gobierno egipcio por su represión a los Hermanos Musulmanes. Pese a estas divergencias hay indicios de que las relaciones con Israel podrían mejorar.

Proyección de fuerzas

Erdogan ha ido ganando control sobre las fuerzas armadas (tradicionalmente seculares) y adoptó una actitud intervencionista con motivo de la "primavera árabe", cuando apoyó a los Hermanos Musulmanes en Egipto y a milicias islamistas contra Bashar al Asad en Siria.



Las posiciones de Erdogan se radicalizaron desde el intento de golpe en 2016.

Sus posiciones se radicalizaron a partir del intento de golpe en su contra en julio de 2016.

Pero la crisis económica y financiera, y la fuerte presencia de refugiados sirios (3,7 millones) ha deteriorado al partido de Erdogan y le ha dado más peso al Partido de Acción Nacional, nacionalista y de ultraderecha, según Pinar Tank, investigadora del Peace Research Institute Oslo (PRIO).

Soli Özel, profesor en la Universidad Kadir Has (Estambul), considera que diferentes escuelas de pensamiento han promovido desde el final de la Guerra Fría que Turquía tenga una visión expansiva (la estrategia "Patria Azul") de sus intereses, y compita con las monarquías sunitas del golfo Pérsico por la hegemonía regional.

En la actualidad, se habrían fusionado las escuelas islamistas del PJD con la nacionalista, antioccidental y proasiática, en la que coinciden civiles y militares, que propugna la proyección de fuerzas y el establecimiento de bases militares, la reivindicación de derechos marítimos y ganar espacios geográficos, incluyendo varias islas bajo soberanía griega.

Tensiones en el Mediterráneo Oriental

Durante la Guerra Fría, Turquía era un fuerte aliado de Occidente como miembro de la OTAN y del Consejo de Europa.

Debido a su posición geográfica y sus características culturales, en la que conviven el islam con una fuerte tradición secular, se le consideraba un puente con Oriente a la vez que un muro de contención frente a la influencia de la ex-URSS y, en particular desde septiembre de 2001, del islam político radical.

Este esquema no estuvo exento de problemas. Ankara está enfrentada a Grecia, otro miembro de la OTAN, por la soberanía de Chipre desde que Turquía invadió el Norte de esta excolonia británica en 1974.



En 1983 declaró la República Turca del Norte de Chipre, que no ha sido reconocida por la comunidad internacional. Chipre está dividida con una misión permanente de observación de Naciones Unidas.

En agosto pasado las tensiones entre Grecia y Turquía renacieron cuando el gobierno de Erdogan ordenó hacer prospecciones de gas en aguas de Chipre que están en disputa con Grecia.

Israel, Grecia, Chipre, Italia y Egipto están firmando acuerdos de cooperación para explotar el gas en el Mediterráneo y venderlo a Europa. Turquía considera que tiene derechos sobre esos yacimientos.

Alemania está tratando de mediar entre Grecia y Turquía, pero la cuestión ha dividido a los aliados de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. Estados Unidos se ha alineado con Grecia.




Ankara tiene una carta fuerte ante la UE: la presencia de los millones de refugiados de Siria y otros países que esperan en su territorio la oportunidad de marchar hacia Europa. Ankara hizo un pacto con la UE en 2016 para contener a los refugiados a cambio de 6.000 millones de euros.

La cuestión kurda y Siria

La situación de los kurdos es otra fuente de conflictos con Occidente. La población kurda, alrededor de 20 millones, se extiende a lo largo de cuatro países (Irak, Siria, Turquía e Irán). En el caso turco ocupan parte de Anatolia oriental donde viven alrededor del 55% de los kurdos que representan cerca del 20% de la población total de Turquía.

Durante décadas, Ankara ha combatido duramente los intentos independentistas, pacíficos y violentos, de los kurdos. Desde 2015, el gobierno intensificó la represión sobre políticos y miembros de la sociedad civil kurda.

En octubre de 2019, tropas turcas entraron en territorio sirio de Idlib y atacaron a las organizaciones kurdas Partido de la Unidad Democrática de Siria (FDS) y su brazo armado, las Unidades de Protección Popular (YPG).

Estas combatían contra Estado Islámico con el apoyo de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Erdogan consideró que la autonomía que tenían los kurdos en Siria podría alentar el secesionismo de los kurdos en Turquía.

Estados Unidos anunció en octubre que retiraba sus 2.500 efectivos de esa operación. A partir de entonces, Bashar al Asad reconquistó parte del territorio kurdo sirio y se fortalecieron las relaciones entre Turquía, Rusia y Siria.

En octubre de 2019 tropas turcas entraron en el territorio sirio de Idlib y atacaron organizaciones kurdas.

Fuerzas turcas y rusas se coordinaron para controlar la región. La OTAN criticó la operación turca y Erdogan contestó que su país puede lanzar acciones de seguridad nacional "sin pedir permiso a nadie".

Intervención en Libia y Nagorno-Karabaj

Rusia y Turquía intervienen en lados contrarios de la guerra civil en Libia, el país con las mayores reservas de petróleo de África.

En diciembre pasado, el gobierno turco anunció que incrementaría el apoyo militar al Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN) de Libia, que cuenta con el apoyo de Naciones Unidas contra la ofensiva liderada por Khalifa Haftar, comandante militar del expresidente Muamar Gaddafi.

Haftar lidera una alianza de milicias, alguna de ellas islamistas radicales, denominada Ejército Nacional Libio.

El GAN controla la parte occidental del país gracias al apoyo militar turco y de Qatar, Italia y los Hermanos Musulmanes. Ankara financia mercenarios sirios. El general Haftar es apoyado por los EAU, Egipto, y Jordania. Por su parte, Rusia paga a aproximadamente 1000 mercenarios, según Sylvie Kaufmann, directora de Le Monde.

Francia y Turquía se han enfrentado debido al papel ambiguo de París, pero inclinándose en favor en Haftar, tratando de establecer una alianza con Rusia. El gobierno de Emmanuel Macron tiene también disputas con Ankara por el acceso a fuentes de energía en el Mediterráneo oriental.

A cambio de su apoyo, Turquía ha obtenido del frágil gobierno libio la creación de una zona marítima exclusiva en el Mediterráneo, con el fin de competir con los proyectos de Grecia y Chipre.

Nadie, además, respeta el embargo de armas decretado por Naciones Unidas. En febrero pasado, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, manifestó su frustración acusando a Egipto, Turquía, Rusia y EAU por romperlo.

Un desafío para los intentos rusos de mantener su hegemonía en el antiguo espacio soviético lo representa la política turca en Nagorno-Karabaj, territorio que se disputan Armenia y Azerbaiyán.



Reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, tiene una mayoría de población étnicamente armenia. En septiembre pasado, fuerzas de azerbaiyanas intentaron recuperar zonas capturadas por Armenia en los enfrentamientos ocurridos entre 1992 y 1994.

Rusia mantiene un delicado y controvertido equilibrio, facilitando armas y mediación, entre las dos partes. Pero Moscú se encontró con que Turquía, que siempre ha apoyado diplomáticamente a Azerbaiyán, ahora le estaría facilitando armas y, según algunas versiones, financiando mercenarios sirios.

Moscú y Ankara: ¿aliados o enemigos?

Las relaciones geopolíticas entre Rusia y Turquía han girado desde el siglo XXI alrededor del control de los Balcanes, el mar Negro, el Cáucaso y la influencia en Medio Oriente.

Aunque tienen posiciones diferentes en varios conflictos, comparten una visión estratégica. Tanto Erdogan como Putin consideran que el mundo es multipolar y que sus países merecen, junto con China y otros emergentes, una cuota de poder mayor frente a Estados Unidos y Europa.

Erdogan y Putin comparten la visión de que el mundo es multipolar.

Pinar Tank indica que la nueva alianza entre Moscú y Ankara "no debe ser vista como un reemplazo de la OTAN, sino como una asociación de conveniencia que sirve para proteger los intereses nacionales de las dos partes: el deseo turco de contar con una política exterior más autónoma y el de Rusia de desafiar la relación de Turquía con la OTAN".

Pese a las discrepancias regionales, los dos países tienen una estrecha relación económica. Rusia es el tercer socio comercial de Turquía y su principal proveedor de energía, y le construirá una planta nuclear.

En enero pasado, los dos países decidieron seguir adelante con el proyecto de un gasoducto de 930 kilómetros que cruza el mar Negro (y evita el paso por Ucrania) para proveer gas a Europa.

Dificultades con la OTAN y la Unión Europea

Las relaciones con Estados Unidos son también contradictorias. Washington trata de que el gobierno de Erdogan no se incline totalmente en favor de Irán. El gobierno turco critica que el gobierno de Trump abandonase el acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní de 2015.

Estados Unidos y la OTAN tienen en Turquía la importante base militar de Incirlik, desde la cual ha realizado operaciones, entre otras, en Irak y Afganistán. Erdogan ha amenazado con cerrarla.

Estados Unidos se ha negado a extraditar a Fetullah Gülen, opositor a Erodgan. Así también, en 2019 el gobierno turco se inclinó por adquirir de Rusia el sistema de defensa antimisiles S-400 Triumph, alegando que Washington no le había querido vender misiles Patriot en 2017.

Con la Unión Europea es improbable que en un plazo medio se negocie la integración de Turquía.

Miles de migrantes esperan del lado turco de la frontera la oportunidad para cruzar hacia Grecia.

La renovación del acuerdo sobre la contención de los refugiados sirios en territorio turco se ha complicado por el intento de Ankara de relocalizarlos en parte de Siria, y las relaciones económicas entre las dos partes están alteradas por la crisis financiera turca.

Saltando de continente, Ankara está presente también en las tensiones alrededor de la crisis política venezolana. Junto con la Unión Europea está tratando de que se alcance acuerdos entre sectores enfrentados de la oposición en Venezuela sobre si participar o no en las elecciones legislativas convocadas para diciembre próximo. La UE se inclina a que se participe con condiciones, y Estados Unidos se opone.

Marc Pierini, del think-tank Carnegie Europe sintetiza: "Desde la perspectiva de la UE, Turquía tiene una triple identidad: es un socio estratégico de Europa, especialmente en la economía y el comercio; es un adversario en el Mediterráneo Oriental y Oriente Medio; y un jugador negativo en la OTAN".

*Mariano Aguirre es associate fellow de Chatham House (Londres) y consejero del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto (Bilbao).



La estadounidense Boom desvela un prototipo de su 'bebé' supersónico XB-1 
Boom Supersonic presentó oficialmente el proyecto de aeronave supersónica XB-1. Según la empresa estadounidense, debería de convertirse en el avión de pasajeros más rápido del mundo. Este aparato, bautizado como Baby Boom, es el primer peldaño en el desarrollo de su propio avión, que se llamará Overture.




La compañía espera que este prototipo alce su primer vuelo en 2021. Mide más de 21 metros de largo, y, la envergadura de su ala delta, más de cinco. Lo cual representa un tercio de las dimensiones de la aeronave final, que tendrá capacidad para 55 pasajeros. Su superficie alargada debería equilibrar "la estabilidad" del aparato durante el despegue a baja velocidad y "la eficiencia" durante el aterrizaje a alta, según el comunicado publicado por la empresa.

En su construcción se utilizaron materiales compuestos por carbono que mantendrán "la fuerza" y la resistencia del aparato a altas temperaturas y "la tensión" que suelen experimentar los sistemas de cualquier avión supersónico durante un vuelo realizado a velocidades extremadamente altas. 

Tres turborreactores J85-15 de General Electric proporcionarán un empuje de casi 5,5 toneladas. Por ello, se espera que el aparato sea capaz de desarrollar una velocidad máxima de casi Mach 2,2. Estos motores dispondrán de unas tomas de aire con "la mayor eficiencia jamás probada", aseguran desde Boom. 

Las tomas de aire y las toberas serán de geometría variable, según la empresa. Esto puede contribuir a que el modelo final del avión sea 30 veces más silencioso que la aeronave supersónica Concorde. Su nariz larga, parecida a la de su rival británico-galo, presentará una verdadera obstrucción a la visión de sus pilotos, informa el portal The Drive. 

Los constructores planean solucionar este problema instalando un avanzado sistema de visión remota similar al de los rayos X que permitirá a los pilotos ver a través de su nariz. Un concepto parecido ha sido utilizado en el X-59 QueSST que Lockheed Martin está construyendo para la NASA.

Otra deficiencia de todos los aviones supersónicos, como es el caso del Concorde, es la contaminación acústica. Por ello, Boom Supersonic prevé que sus aviones viajen a velocidades subsónicas sobre territorios poblados. La avanzada forma aerodinámica del aparato también debería ayudar a reducir el ruido acústico que este produce, según la empresa.

Con su Overture, Boom espera revolucionar la aviación civil. En particular, la empresa asegura haber identificado más de 500 rutas posibles que podría recorrer su avión con un alcance máximo de más de 8.330 kilómetros. El bajo costo y la seguridad de vuelo deberían convertir a esta aeronave en una alternativa práctica a los aviones subsónicos existentes. Boom destaca que su objetivo es conseguir que el precio de un billete sea similar al de la clase business de un vuelo internacional.

Se espera también que el coste de estos aviones ronde los 200 millones de dólares. Esta suma será diferente para aquellos clientes que deseen comprar aparatos con una configuración interior diferente a la básica o que dispongan de características opcionales extra. 

Aun así esta aeronave las tiene todas para ser más barata que otros modelos de aviones de pasajeros. Por ejemplo, en 2018 la empresa Airbus comunicó que el precio medio de uno de sus populares aviones A330-200 era de casi 238,5 millones de dólares, si bien esa nave tenía capacidad máxima para 406 asientos, lo que es casi cuatro veces mayor que la prevista para el Overture. 

"Boom continúa avanzando hacia nuestra misión fundacional: hacer el mundo dramáticamente más asequible. El XB-1 es un hito importante en el desarrollo de nuestro avión comercial Overture. Está haciendo que el vuelo supersónico sostenible se convierta en la corriente principal y está fomentando la conexión humana", señaló Blake Scholl, fundador y director general de Boom, en un comunicado de prensa.



Corea del Norte mostró el misil móvil más grande visto hasta ahora y encendió alarmas en EE.UU.
Kim Jong Un, vestido con un traje gris, además destacó que “ni una sola persona en el país” contrajo coronavirus.




Corea del Norte presentó este sábado un nuevo y gigantesco misil balístico intercontinental durante un desfile militar que desafió a la pandemia de coronavirus, del que, según su líder Kim Jong Un, no hay un solo caso en el país. Cada misil balístico intercontinental (ICBM), el más grande del mundo de este tipo según los analistas, fue transportado por un vehículo de 11 ejes de largo por la plaza Kim Il Sung, donde Kim Jong Un observaba el desfile desde una tribuna, según las imágenes retransmitidas por la cadena pública KCTV.

Se trata del “mayor misil móvil de combustible líquido visto hasta ahora”, tuiteó Ankit Panda, de la Federación de Científicos estadounidenses. Se cree que Corea del Norte ha seguido desarrollando su arsenal, supuestamente para protegerse de Estados Unidos, tras el fracaso de la cumbre de Hanói con el presidente Donald Trump en febrero del año pasado. Los analistas consideran que el país ha estado desarrollando un ICBM capaz de alcanzar a Estados Unidos y evadir los sistemas de defensa estadounidenses. Además del ICBM, fue presentado el Pukguksong-4a, un nuevo misil submarino.

Kim Jong Un, vestido con un traje gris, declaró ante la multitud: “Continuaremos reforzando nuestro ejército, con fines de autodefensa y de disuasión”. “Si no tienes la fuerza, tendrás que enjugar las lágrimas y la sangre que fluyen con los dos puños cerrados”, agregó. Entre el público, algunas mujeres se limpiaban las lágrimas mientras el mandatario hablaba, según las imágenes de la televisión.

El esperado acto formaba parte de las conmemoraciones del 75º aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores, en el poder, que según los jefes de Estado Mayor surcoreanos, habría tenido lugar a primera hora de la mañana de este sábado, varias horas antes de que fuera retransmitido. Las agencias de inteligencia surcoreana y estadounidense “siguieron de cerca el acto”, añadieron.





A fines de diciembre, Kim amenazó con mostrar una “nueva arma estratégica”, pero los analistas piensan que Pyongyang tratará cuidadosamente de no hacer peligrar sus posibilidades con Washington antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre. Leif-Eric Easley, profesor en la Universidad Ewha de Seúl, advirtió que no está claro si todo el equipamiento mostrado en el desfile “funciona realmente”.

Pero añadió: “A pesar de las políticas engañosas, las armas mostradas en los desfiles de Pyongyang nos recuerdan que Corea del Norte no será ignorada”.Las unidades de soldados de diferentes cuerpos desfilaron por la plaza, mientras Kim Jong Un sonreía o bromeaba con los generales. Los aviones de guerra sobrevolaron la zona, lanzando bengalas, los vehículos blindados recorrieron las calles, los misiles se exhibieron... y ninguno de los participantes ni nadie entre el público llevaba mascarilla. El hermético régimen comunista cerró sus fronteras hace ocho meses para protegerse del coronavirus, del que no informó de ningún caso. En su discurso, Kim Jong Un se dijo agradecido de que “ni una sola persona” hubiera contraído el coronavirus en el país, y afirmó que deseaba “buena salud a todas las personas del mundo que luchan contra los males de este funesto virus”.

“Incluso podía verse a Kim un tanto sofocado y con lágrimas en los ojos mientras leía su discurso”, indicó la exanalista de Corea del Norte para el gobierno estadounidense Rachel Lee, para quien la alocución del sábado suponía un cambio respecto al “discurso trillado visto desde hace años”.Sin embargo, Harry Kazianis, del Centro para los Intereses Nacionales, advirtió que ningún asistente al desfile llevaba tapabocas o se preocupaba por mantener las distancias.

“Mientras que algunos alegarán que esto es una muestra de fuerza, una grandilocuencia tal es una pura locura”, señaló. “El régimen de Kim está jugando con las vidas de su propio pueblo”, agregó.A diferencia de otras ocasiones, la prensa extranjera no fue autorizada a presenciar el desfile y como muchas embajadas están cerradas por el coronavirus, apenas había observadores extranjeros en la ciudad.

La embajada rusa en Pyongyang colgó un mensaje en su página de Facebook pidiendo a los diplomáticos y a otros representantes internacionales que no “se acerquen ni tomen fotos” de las conmemoraciones.


Fuente: Los Andes

viernes, 9 de octubre de 2020

La misión Shuttle-Salyut que nunca fue
Por Daniel Marín



Estos días celebramos el 45º aniversario de la misión Apolo-Soyuz, la única ocasión en la que las dos superpotencias enfrentadas durante la Guerra Fría colaboraron en un vuelo espacial tripulado. Apolo-Soyuz se convirtió en una exótica iniciativa puntual que no tuvo continuidad, pero no tenía porque haber sido así. Ya antes de que la misión tuviese lugar en 1975, los dos países discutieron una posible prolongación del programa, aunque la NASA dejó claro que en cualquier colaboración posterior tendría que emplearse el transbordador espacial. La misión Apolo-Soyuz (ASTP) había sido el canto del cisne del programa Apolo y la NASA quería pasar página cuanto antes para centrarse en el futuro, que en esos momentos pasaba por el shuttle. En realidad, ya en 1970 la NASA había considerado la posibilidad de emplear el transbordador en una misión espacial con la Unión Soviética como una de las opciones mientras planificaba la misión Apolo-Soyuz. Esta opción se propuso en el caso de que la misión entre los dos países se retrasase a finales de la década, pero en esa época el resto del mundo no sabía que la URSS estaba preparando las estaciones espaciales Salyut (de tipo DOS), cuyo primer ejemplar —la Salyut 1— sería lanzada en 1971. Una vez la NASA conoció la existencia del programa Salyut, se sugirió emplear una estación de este tipo en una misión conjunta, aunque los soviéticos rechazaron la propuesta en 1973.


El transbordador Atlantis acoplado con la estación Mir en 1995 durante la misión STS-71 visto desde la Soyuz TM-21. Una estampa parecida hubiera podido suceder una década antes (NASA).


Por este motivo, estaba claro que la siguiente misión entre EE.UU. y la URSS tras el Apolo-Soyuz debería ser una misión Shuttle-Salyut (la otra combinación posible, una misión Shuttle-Soyuz, no se contempló seriamente por el tamaño desproporcionado del transbordador comparado con la pequeña Soyuz, algo que no hubiese quedado muy bien desde el punto de vista diplomático). En 1974, un año antes de la misión ASTP (EPAS para la URSS), las dos potencias llevaron a cabo una reunión para discutir planes de futuro conjuntos en el espacio. La parte soviética estuvo representada por Mstislav Keldysh, el presidente de la Academia de Ciencias de la URSS. Keldysh había participado en multitud de foros internacionales y en Occidente muchos pensaban que jugaba un papel central en el programa espacial soviético. En realidad, Keldysh había sido elegido por el Kremlin para ser la cara visible del esfuerzo espacial de la URSS, pero lo cierto es que jugaba un papel poco relevante en el mismo. Fuera de la URSS nadie sabía que el programa espacial soviético era un enrevesado conglomerado dominado por las poderosas oficinas de diseño y algunas organizaciones gubernamentales como la Comisión Militar-Industrial (VPK) o el MOM, el «ministerio del espacio» (aunque en honor a la verdad, hay que añadir que Keldysh no era un simple figurante y tenía influencia en algunas áreas del programa espacial).


Misión Apolo-Soyuz (Roscosmos).


Keldysh contactó con George Low, el vice administrador de la NASA, y se llegó a hablar de la construcción de una estación espacial internacional entre las dos superpotencias, aunque por la parte soviética no se ofrecieron muchos detalles técnicos (detalles que Keldysh tampoco estaba en disposición de dar aunque hubiese querido). En cualquier caso, la construcción de una estación internacional debería pasar primero por alguna misión conjunta entre el transbordador y una estación Salyut. El problema es que, una vez más, había disponibles muy pocos detalles técnicos procedentes de la URSS. El motivo principal de esta sequía informativa es que la URSS no quería revelar que, en realidad, bajo el programa Salyut se estaban lanzando estaciones civiles de tipo DOS —como la Salyut 1 y la Salyut 4— a cargo de la oficina de diseño NPO Energía (antigua OKB-1 de Koroliov), junto con estaciones militares OPS del programa Almaz (como la Salyut 3 y la Salyut 5), construidas por la oficina de diseño de Vladímir Cheloméi. Por supuesto, los servicios de inteligencia de EE.UU. ya habían identificado la naturaleza militar de las OPS, pero desconocían hasta qué punto su diseño era diferente al de las DOS y la URSS no estaba dispuesta a ayudarles en esta tarea de investigación. Pero, más allá de esta reticencia a ofrecer datos técnicos, la parte soviética era en esta fase la que se mostraba más entusiasmada ante una posible continuación del programa Apolo-Soyuz.


Recreación del acoplamiento de una Soyuz con la Salyut 1 (Roscosmos).


En 1977 y 1978 los contactos entre los dos países se intensificaron y todo parecía indicar que se lograría firmar un acuerdo de cooperación para llevar a cabo varias misiones espaciales conjuntas. Se habló incluso de realizar alguna misión Spacelab en colaboración con la URSS. El Spacelab era un laboratorio desarrollado inicialmente por la Agencia Espacial Europea que viajaría en la bodega de carga del shuttle para realizar experimentos de todo tipo en microgravedad. Además de las misiones Spacelab con la ESA, la NASA acordó misiones con países concretos, como Alemania (Spacelab-D) o Japón (Spacelab-J), además de otras que nunca se llevaron a cabo (como el Spacelab-F con Francia). No obstante, los detalles de esta posible misión SPacelab con la URSS no se llegaron a concretar, más allá de que podría haber estado centrada en experimentos biológicos, de tal forma que sirviese como contrapartida a la colaboración de la NASA en el programa de satélites científicos soviéticos Bion (de hecho, la colaboración en el programa de satélites biológicos Bion había comenzado en 1975 como consecuencia de los acuerdos alcanzados entre los dos países de cara a la misión Apolo-Soyuz). Curiosamente, nadie sabía por entonces que la URSS estaba desarrollando su propio transbordador espacial dentro del marco del programa Energía-Burán y que, como parte del proyecto, estaba previsto lanzar módulos científicos 37KB en la bodega de carga (eso sí, estos módulos se acoplarían directamente a una estación espacial y no disponían de acceso directo desde la cubierta de vuelo).


Recreación del transbordador soviético Burán acoplado con el módulo Kristall de la Mir en la misión 2K1. En la bodega se aprecia el módulo 37KB.


No obstante, a mediados de 1978 la situación había dado un giro de 180º. El recrudecimiento de las hostilidades entre las dos potencias en varios puntos del globo estaba enfriando de manera acelerada las relaciones bilaterales, sobre todo a raíz de la intervención militar de la URSS en Afganistán en 1979. Ahora eran miembros del Pentágono y del gobierno estadounidense los que expresaban su preocupación acerca de la transferencia de tecnología a la URSS (al fin y al cabo, el shuttle había sido desarrollado en colaboración con el Departamento de Defensa con el objetivo de realizar todo tipo de misiones militares). El retraso del primer lanzamiento del Columbia tampoco ayudó a mejorar el panorama (originalmente, el shuttle tenía que haber despegado por primera vez en 1979, pero el vuelo inaugural se retrasó a 1981). Del lado soviético, el lanzamiento de la Salyut 6 en 1977 supuso un cambio de paradigma. Esta estación DOS de tercera generación incluía dos puertos de atraque, lo que permitía el relevo rutinario de tripulaciones que viajaban a la estación a bordo de naves Soyuz. Esta característica de diseño, junto con la introducción en 1978 de las naves de carga Progress y la nueva generación de naves tripuladas Soyuz T, permitió que la Unión Soviética llevase a cabo misiones espaciales cada vez más ambiciosas y de mayor duración. La puesta en marcha ese mismo año del programa tripulado Interkosmos con países del bloque soviético hizo que la colaboración con EE.UU. pasase a un segundo plano. A diferencia de las misiones conjuntas con la NASA, en Interkosmos la URSS jugaba un papel de absoluto protagonista, y todo por una fracción del coste de un programa realizado en colaboración con EE.UU.


Recreación de un transbordador acoplado a una estación DOS de tercera generación (Salyut 6/7) (NASA).


Aunque los contactos bilaterales continuaron, la posibilidad de una misión conjunta fue disminuyendo poco a poco. En 1981 Ronald Reagan, que abogaba por una política exterior mucho más agresiva contra la URSS, fue elegido presidente, dando al traste con cualquier posible misión entre los dos países a medio plazo. En 1984 la estación espacial Salyut 7 experimentó una serie de problemas que la pusieron al borde de quedar inutilizada. Aprovechando la situación, Reagan ofreció a la URSS una «misión de rescate» del transbordador para reparar la estación, pero se trató más bien de un intento de humillar a sus rivales que otra cosa. Ni que decir tiene, la «propuesta» no fue sopesada seriamente al otro lado del telón de acero. De hecho, la sugerencia de Reagan fue interpretada en los sectores más paranoicos del Kremlin como un intento de EE.UU. por crear una tapadera para «robar» la estación espacial —en plan Proyecto Azorian— y traerla a tierra para analizar su tecnología. Como resultado, a día de hoy persiste cierta mitología en Rusia sobre este intento —totalmente inexistente— de hacerse con la Salyut 7 (es imposible «robar» un satélite en secreto y, además, hubiera supuesto un acto de guerra). La caída de la Unión Soviética en 1991 permitió un acercamiento entre Rusia y EE.UU. que se consolidó dos años después con la firma del proyecto de la Estación Espacial Internacional (ISS). Una primera fase de este proyecto pasaba por llevar a cabo varias misiones entre el transbordador y la estación espacial Mir, cuyo módulo central era una estación de tipo DOS de cuarta generación muy similar a las Salyut civiles. En junio de 1995 el transbordador Atlantis se acopló por primera vez con la Mir durante la misión STS-71. Pero, si las cosas hubiesen sido un poco distintas, esta misión podía haber tenido lugar en los años 80.


Tom Stafford y Alexéi Leónov se dan la mano durante la misión Apolo-Soyuz de 1975 (NASA).



Un proyecto mendocino busca que el tren vuelva a pasar por la Difunta Correa
El proyecto se llama “Tren de Las Arenas” y ya hay una declaración de interés por parte de un municipio de la vecina provincia.




San Juan – Argentina – 09/10/2020: El extinto recorrido del tren Belgrano que pasara alguna vez por Caucete hacia la Difunta Correa y hasta Mendoza podría ser un realidad si todos los pronósticos salen bien, por lo menos una parte de este tramo que vemos derruido pro le paso del tiempo en nuestro camino hacia el paraje de Vallecito.

El pasado día 29 de septiembre , durante la Sesión Ordinaria del Concejo Deliberante del departamento Lavalle, en Mendoza dio por aprobado el Proyecto de Declaración que tiene como finalidad declarar de Interés Departamental el Proyecto denominado “Tren de Las Arenas” y nuevas estaciones del Ferrocarril Belgrano, impulsado por la Municipalidad de Lavalle, que tiene como objetivo recuperar y poner en funcionamiento el Ramal A10 del Ferrocarril Belgrano.

El proyecto denominado “Tren de las Arenas” tiene por objetivo la recuperación y puesta en funcionamiento del Ramal A10 del FFCC General Belgrano.

En primera instancia se busca poner en marcha el tramo comprendido entre las localidades de Costa de Araujo y Lagunas del Rosario, con una extensión de 80 km, informo Despertador Lavalle, portal de noticias de esa localidad.

Lo que se pretende lograr con este proyecto es la reactivación del sistema ferroviario, atendiendo tres aspectos fundamentales como lo son: el transporte de pasajeros, el turismo y la operación de cargas.

Estos semblantes resultan estratégicos para el desarrollo tanto del Departamento de Lavalle como de la región.

En esta línea de ideas, se tiene la intención que el proyecto se desarrolle en dos etapas: la primera de ellas dentro de la Provincia de Mendoza (uniendo las localidades de Costa de Araujo y Lagunas del Rosario, proyectando en su traza dos estaciones intermedias, una de ellas en El Alpero y la otra en San José) y en la segunda en la Provincia de San Juan, incluyendo en el recorrido al paraje Difunta Correa, ubicado en el Departamento de Caucete, reconocido como de visita de promesantes y turistas.

La zona tiene un gran potencial turístico por su historia y valor, rescatando la cultura originaria del pueblo lavallino.

El Ejecutivo de la Municipalidad de Lavalle ha iniciado las gestiones ante el Ministerio de Transporte de la Nación con la finalidad de obtener autorización y acompañamiento para construir tramos de vías para desvíos de trenes, reparaciones y/o estacionamiento, como así también para poner en valor estaciones existentes y la construcción de nuevas estaciones e infraestructura ubicadas estratégicamente para el funcionamiento planificado.



Fuente:  rieles.com
México anuncia la creación de la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe
En una reunión virtual encabezada por los cancilleres de México y Argentina, Marcelo Ebrard y Felipe Solá, ambos países firmaron un acuerdo para crear la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE).


© CC0 / Pixabay


"Firmamos compromiso con Argentina para crear la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE). Gratitud a Felipe Solá y al Gobierno de Alberto Fernández así como a todos los miembros de la CELAC. Construimos futuro hoy desarrollando tecnología propia. Buena noticia!!", comentó el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores en su cuenta de Twitter.

Durante la sesión en línea, Ebrard agradeció a los países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) su cooperación en el esfuerzo regional que incentivará la investigación espacial.

"Qué bueno que pudimos reactivar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, porque frente a esta emergencia se ha demostrado que el camino de la cooperación entre nosotros no sólo es algo deseable, sino lo más inteligente y práctico en el corto plazo para que nos vaya bien… Es un logro que no estábamos seguros de poder tener por la pandemia, así que estamos muy contentos", expresó.

El proyecto de la ALCE es liderado por México y contempla que las agencias de cada país miembro de la CELAC brinden apoyos para crear una misma agencia regional que, además de explorar el espacio, tendrá como fin la observación del planeta. La idea fue presentada por el presidente honorario del Consejo Técnico del Conocimiento y la Innovación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), Javier López Casarín.

"Marca una nueva etapa en la cual la región se incorpora a una ruta de búsqueda del conocimiento y en pro de la humanidad", consideró.

Por su parte, el secretario de Planeamiento y Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina, Diego Hurtado, señaló que su país tiene grandes expectativas para generar una colaboración con la CELAC en materia espacial.

"Para la Argentina el sector espacial es considerado estratégico desde hace varias décadas. Lo entendemos como una industria, en la cual nuestro país ha hecho grandes esfuerzos, desde el ámbito académico, tecnológico, incluso empresarial", subrayó.

La idea de una agencia espacial regional surgió en enero de 2020, luego de que México asumió la presidencia temporal de la CELAC. Durante la reunión virtual también estuvieron presentes el embajador de Argentina en México, Carlos Tomada, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue, así como la rectora de la Universidad Nacional de Colombia, Dolly Montoya Castaño.



jueves, 8 de octubre de 2020

Desarrollo del Conicet incrementa el rendimiento del trigo y la soja: innovación que resiste la sequía
La investigadora superior del Conicet, Raquel Chan, detalló a PáginaI12 cómo descubrieron esta tecnología que aún no se comercializa.
Por Natalí Risso


La Universidad del Litoral y el Conicet realizaron un convenio con Bioceres para el desarrollo. Imagen: Alejandro Elías


”Fuimos por una pregunta básica, pero teníamos en la mano una tecnología”, reflexiona la investigadora superior del Conicet Raquel Chan, directora del grupo de investigación que descubrió el gen HB4 del girasol, que permite que algunas especies pueden adquirir mayor tolerancia a la sequía. Aplicado en plantas de interés económico -como el trigo y la soja-, implica un rendimiento 22 por ciento mayor en producción de estos cultivos. En diálogo con PáginaI12 cuenta cómo descubrieron la tecnología y en qué estado se encuentra hoy para su comercialización. 


-¿Qué motivó esta investigación?

-Con el equipo de investigación del Instituto de Agrotecnología del Litoral venimos trabajando para responder una pregunta muy simple, que tiene que ver con cómo se adaptan las plantas al medio ambiente a nivel molecular. Para que una planta se adapte a su medio hay muchos factores involucrados: agua, luz, temperatura, etcétera. La falta de agua es el más impactante en la producción. A su vez, la planta tiene una capacidad de adaptación al medio ambiente, que depende de las especies. En esos procesos hay involucrados entre 20 mil y 50 mil genes y proteínas, algunos de los cuales tienen mucha importancia para esa respuesta de adaptación. El girasol es la especie más resistente a la falta de agua, así que tomamos uno de sus genes y se lo insertamos en una planta que no lo tenía. Esa planta que recibe el gen pasa a ser un transgénico. Le pusimos un gen exógeno y descubrimos que en el girasol era efectivo en términos de que mejoraba su rendimiento frente a distintas condiciones de riego y con respecto a otras plantas sin el gen. El razonamiento fue, si le ponemos el gen a una planta de mayor interés económico, tenemos nueva tecnología en mano. 

-¿En qué consiste el convenio con Bioceres?

-Al entender que contábamos con una tecnología novedosa que podía aportar de forma positiva a la producción agropecuaria, la Universidad del Litoral y el Conicet realizaron un convenio con Bioceres. Es que para aplicar la tecnología en plantas de interés agronómico, hace falta inversión en patentes, agrónomos que hicieran ensayos a campo de verdad, e incluso espacios para hacer estas pruebas; además de asegurarse una producción a escala. 

-¿Cuáles son los argumentos que de quienes se oponen a la comercialización de este descubrimiento?

-Hay al menos dos grupos de personas en contra de esta tecnología. Por un lado los ambientalistas, que cuestionan cualquier producto que sea modificado. Hubo mucha mala propaganda de transgénicos a principios de los 2000, y la gente asocia transgénicos a glifosatos, porque efectivamente el transgénico más difundido es el resistente al glifosato. Pero este no es el caso. Por otro lado, están los grupos económicos, a los que no les conviene que Argentina sea pionera en desarrollar una tecnología de tolerancia a la sequía, y mucho menos que se la apropie una empresa relativamente chica como es Bioceres.

-¿En qué estado de aprobación está esta tecnología para su comercialización?

-Para que en un país como el nuestro se apruebe un producto transgénico, debe pasar por tres áreas del Ministerio de Agricultura: la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), el Senasa y la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios. En esta última aún no emitieron dictamen. Bioceres se encargó de financiar y gestionar los temas regulatorios. Conabia requiere una demostración de que el nuevo producto no es dañino para el medio ambiente, o por lo menos igual de dañino que el producto sin el gen. Los resultados fueron positivos. Senasa exige corroborar que el producto no tenga más alérgenos o tóxicos que el original. También se demostró que no es dañino para la seguridad alimentaria humana y animal. 

-¿Cuál es la función de la Dirección Nacional de Mercados Agropecuarios?

-Define que el producto no le genere un problema económico al país. Para el caso de la soja, el convenio comercial con China establece que hasta que nuestro principal comprador no apruebe el producto no podemos comercializarlo. Nos exige los mismos ensayos que se hicieron en Argentina, pero en su tierra. Bioceres los está realizando hace cinco años y aparentemente está en la recta final. Con el trigo, nuestro principal cliente es Brasil y no hay un convenio, pero sí una cuestión de mercado. Aquí es más complejo porque Bioceres pide que se apruebe la comercialización del producto, supeditado a que Brasil lo apruebe; pero Brasil no va a aprobar si el país de origen no da el visto bueno. 

-¿Cuán importante es la aprobación de este producto para Argentina?

-Sería importantísimo ser pioneros en esta tecnología que se realizó gracias a una exitosa asociación público-privada y que generaría muchas divisas para el país. Asimismo, su no aprobación es un mensaje negativo para la investigación. Es decir, interpretamos que no deberíamos investigar más para conseguir tecnologías de este tipo, porque se la vamos a seguir comprando a empresas extranjeras.


Raquel Chan, investigadora superior del Conicet.



miércoles, 7 de octubre de 2020

Artemis, la misión que convertirá la Luna en un trampolín para vivir en Marte
La NASA sigue avanzando en su meta de llegar al satélite en 2024 y transformarlo en un campo de pruebas para establecer futuras colonias en el planeta rojo. Pero, tras su entusiasmo, se esconden innumerables retos técnicos por resolver, como las formas de proveer de energía y alimento a los colonos extraterrestres.
por Neel V. Patel | traducido por Ana Milutinovic


NASA/MSFC


"Si Dios quisiera que el hombre se convirtiera en un explorador del espacio, le habría dado una luna", dijo en 1984 el famoso científico espacial Krafft Ehricke. Con estas palabras, quería resaltar que podríamos usar nuestra Luna como trampolín para expandir la civilización humana al resto del sistema solar. Las pronunció más de una década después de la última misión Apolo al satélite, cuando observaba cómo la NASA y el resto del programa espacial de EE. UU. perdían la esperanza de explorar mundos más lejanos como Marte y se centraban en la órbita de la Tierra. 

Más de tres décadas después de aquel discurso, Estados Unidos por fin va a intentar regresar a la Luna el programa Artemis, con el ambicioso (y poco realista) objetivo de enviar astronautas allí en 2024. Pero para la Casa Blanca y la NASA, esta misión representa más que el simple regreso de los humanos a la superficie lunar. La Luna también podría ser una base perfecta para establecer un programa para viajar a Marte. En ambos destinos, la intención no consiste en limitarse a plantar una bandera y regresar a la Tierra, sino en mantener una presencia permanente para que la gente viva y trabaje ahí. 

Cuando la agencia hizo públicos sus últimos planes para el programa Artemis el 21 de septiembre, el administrador de la NASA Jim Bridenstine afirmó: "Regresaremos a la Luna en busca de descubrimientos científicos, beneficios económicos e inspiración para una nueva generación de exploradores. Mientras construimos una presencia sostenible ahí, también generaremos un impulso hacia esos primeros pasos humanos en el Planeta Rojo".

Pero la agencia nunca ha explicado claramente cómo se supone que va a pasar esto. Los proyectos más importantes que podrían permitir la realización del programa Artemis (el cohete Space Launch System de próxima generación y la cápsula de la tripulación Orion) aún no están terminados. La mayoría de los expertos coinciden en que el programa no cuenta con los fondos suficientes. El jefe de exploración humana de la NASA ha sido sustituido tres veces solo en el último año. La agencia ni siquiera ha seleccionado un módulo de aterrizaje lunar. Así que, incluso si llegamos a la Luna en 2024 (no es nada seguro), ¿cómo se garantizaría el posterior asentamiento en Marte?

El geólogo de la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) y experto en exploración lunar Clive Neal detalla: "El mayor problema que tenemos ahora es que no sabemos cómo vivir y trabajar productivamente fuera del planeta Tierra. No tenemos ni idea". Nunca hemos probado las tecnologías necesarias para vivir y trabajar en el espacio durante meses o años, en entornos hostiles con temperaturas mucho más frías, cantidades de radiación mucho más altas, niveles más bajos de gravedad y la falta de oxígeno y agua.

Y añade: "Pero tenemos nuestro propio laboratorio en nuestro patio trasero donde podríamos probar todo eso". Junto a varios colegas, Neil publicó recientemente un nuevo informe gracias al grupo Explore Mars, que promueve la exploración espacial sostenible. El informe identifica docenas de actividades y tecnologías críticas para la exploración de Marte que se podrían desarrollar y probar a través de Artemis y los esfuerzos de exploración lunar en curso. 

Algunas cosas esenciales para Marte serán puestas a prueba en la Luna casi inmediatamente después del lanzamiento de Artemis III (la misión tripulada a la superficie lunar planificada para 2024). El soporte vital es una de las prioridades. Los seres humanos nunca hemos construido hábitats en otro mundo a largo plazo. Aunque la misión aplicará gran parte de lo que hemos aprendido de las largas estancias en la Estación Espacial Internacional (EEI), aún debemos asegurarnos de que una base lunar y una base marciana puedan proporcionar necesidades básicas como alimentos, agua y refugio.

Construir y probar esos sistemas requiere experiencia. "Una de las claves reside en tener una mayor cantidad de personas sumergidas en el entorno lunar", opina el director ejecutivo de operaciones espaciales de Aerojet Rocketdyne y uno de los editores principales del informe de Explore Mars, Joe Cassady. Desde el principio, necesitaremos una serie de experiencias y datos de una amplia gama de diferentes astronautas, en misiones que duren semanas o meses. Esas experiencias dar información a los ingenieros sobre cómo construir los hábitats, los trajes espaciales y los sistemas de transporte por la superficie, para que resulten adecuados para los humanos.

Para garantizar que estos hábitats perduren en el tiempo, deben ser sostenibles. Las ventanas de lanzamiento para las misiones a Marte (cuando el planeta está más cerca de la Tierra) ocurren sólo cada 26 meses, por lo que cualquier misión de ida y vuelta a Marte debería tener margen de espera hasta que se abra una nueva ventana para regresar. Si el viaje dura, por ejemplo, nueve meses, habría que pasar un mínimo de tres a cuatro meses en Marte antes de que sea factible comenzar el retorno. Se podrían llevar suficientes provisiones para todos esos meses o buscar recursos fuera de nuestro mundo. La primera opción es prácticamente inviable. "Hay que utilizar los recursos locales. Intentar llevarlo todo desde la Tierra para mantener a los astronautas seguros y sanos en Marte simplemente no funcionará", advierte Neal.

El agua en forma de hielo será un recurso estratégico. Podría suministrar agua y oxígeno para sustentar los sistemas de soporte vital, y también es posible dividirlo en hidrógeno y oxígeno para su uso como combustible para cohetes. Podría usarse como escudo contra la radiación espacial y como bombardeo de micrometeoritos para cualquier refugio que se construya en la Luna.

Sabemos que hay mucha agua helada en Marte. Y estamos bastante seguros de que también la hay en la Luna, lo que la convierte en un entorno perfecto para probar las tecnologías que necesitamos para explorar esas reservas, extraerlas, purificarlas y convertirlas en algo capaz de mantener un asentamiento en marcha. 

Esas tecnologías serían muy similares en ambos mundos. La Luna es un entorno más extremo, lo que significa que "si funciona en la Luna, funcionará en Marte", destaca Neal y espera que los ingenieros diseñen los equipos "independientes de nuestro mundo".

La presencia de agua en forma de hielo también refuerza el argumento a favor de usar un sistema de propulsión de naves espaciales basado en hidrógeno en lugar de metano (algo que SpaceX está intentando con sus motores Raptor). El informe estipula que, si bien el hidrógeno se puede producir localmente en ambos mundos, el metano solo se puede producir con recursos locales en Marte, donde la atmósfera cargada de dióxido de carbono proporciona una fuente accesible de carbono. "Cualquier producción de metano en la Luna requeriría importar una fuente de carbono", afirma el informe.

El estudio también recomienda el uso de sistemas de energía que no dependan completamente del Sol. En Marte, que está más lejos y presenta una atmósfera polvorienta, las placas solares tendrían más problemas para convertir la luz solar en energía. 

La energía nuclear parece ser el enfoque más obvio. No se necesitaría demasiada energía para mantener en funcionamiento un refugio en la Luna, pero sí harían falta enormes cantidades de energía para realizar el tipo de operaciones mineras necesarias para recoger y procesar agua helada. Los expertos de la industria minera han explicado a Neal que probablemente buscarían sistemas capaces de proporcionar energía en rangos de megavatios.

"Eso fue una llamada de atención. La gente del mundo planetario no había hecho estas conexiones con la industria minera", recuerda. La energía solar, en este caso, sería más una fuente de energía de respaldo en ambos mundos, en lugar de la fuente primaria. Y hay pocos entornos más seguros para probar los nuevos sistemas nucleares que la Luna, un entorno despoblado y desolado.

La Luna también es el mejor lugar para simular una misión a Marte, especialmente en lo que respecta a Gateway, la planeada estación espacial diseñada para la órbita lunar. Básicamente, servirá como escenario para cualquier misión de la NASA a la superficie lunar (tanto tripulada como robótica), así como para las futuras misiones hacia el espacio profundo a Marte. Los primeros dos elementos de Gateway (el módulo de potencia y propulsión y el módulo de habitación) están programados para lanzarse en 2023. 

En su informe, Cassady y sus colegas sugirieron un enfoque que podría suponer que la tripulación permaneciera en la estación espacial lunar Gateway entre 60 días y 90 días, realizar una misión simulada a Marte desde la superficie lunar durante unos 30 días y luego completar otra estancia en Gateway durante 90 días antes de regresar a casa.

Esa sería una versión comprimida de una misión a Marte. Simularía las cambiantes condiciones de microgravedad a las que se enfrentarían en el dicho viaje y daría a los astronautas una idea de cómo sería realmente una misión a Marte. El nuevo plan de Artemis de la NASA llega a decir que "el sistema operativo Gateway-to-surface también es análogo a cómo podría funcionar una misión humana a Marte, con la capacidad de que la tripulación permanezca en órbita y se despliegue a la superficie".

Por último, un asentamiento en Marte no funcionará a menos que desarrollemos sistemas autónomos que no necesiten una supervisión cercana. Los equipos en la Tierra todavía pueden controlar la situación en la Luna casi en tiempo real, pero el retraso en las comunicaciones entre la Tierra y Marte puede ser de hasta 22,4 minutos.

"Si ocurre un desastre [en Marte] como el que sucedió con el Apolo 13, no habrá un equipo de ingenieros en el terreno para diagnosticar y resolver el problema en tiempo real", explica el experto en políticas espaciales de Planetary Society Casey Dreier. La Luna es el único entorno adecuado que tenemos para probar y mejorar de verdad los sistemas automatizados capaces de operar de manera fiable sin ese tipo de control humano. 

Existe la preocupación de que el programa espacial de Estados Unidos sufra un giro brusco en las prioridades después de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en noviembre, como ha sucedido en otras ocasiones. Pero, de momento, el Partido Demócrata parece estar de acuerdo con la misión. El manifiesto en su plataforma 2020 dice: "Apoyamos el trabajo de la NASA para el regreso de los estadounidenses a la Luna y Marte, dando así el siguiente paso en la exploración de nuestro sistema solar".

Dreier señala que el desarrollo del Space Launch System y de Orion están casi completos. También hay mucha aceptación internacional para Gateway, con Europa, Japón, Canadá y posiblemente Rusia listos para participar en su desarrollo. Revertir el rumbo ahora sería extremadamente difícil, incluso si fuera necesario. 

Sin embargo, ninguno de estos planes está consolidado. El nuevo resumen de Artemis de la NASA explica mejor que nunca cómo la agencia tiene la intención de volver a enviar a los humanos a la Luna en 2024, pero muestra pocos detalles sobre cómo planea cumplir con los criterios tecnológicos para una base lunar sostenible que nos ayude a llegar a Marte. 

Incluso en un momento en el que las palabras de Ehricke están más cerca que nunca de hacerse realidad, se necesitará mucha determinación para saltar de la Luna al planeta rojo.



Intel anunció que instalará su sede regional en Argentina
La importante compañía del rubro informático y comunicaciones brindará soportes desde el país a toda Latinoamérica y Canadá. Aumentarán los puestos laborales.




Intel, el mayor fabricante de procesadores en el mundo, informó que instalará en el país su sede regional, desde donde brindará soporte a toda Latinoamérica y Canadá, y, como consecuencia, aumentará a cien su personal.

La decisión de la compañía originada en California, Estados Unidos, se fundamenta en que planifican un crecimiento local en el mercado que lidera, aseguró mediante un comunicado que lleva la rúbrica de Adrián de Grazia, director de Inside Sales para Americas y Country Manager Argentina.

En las dos décadas de trabajo que lleva en el país, la empresa remarcó su desempeño en la planeación, ejecución y evaluación de programa Conectar Igualdad, relanzado este año bajo el nombre de Programa Juana Manso, y para el cual Intel mantiene una alianza con el Gobierno que calificó de "importante".

"Con el aumento de la plantilla local prevista, se espera no sólo aumentar la presencia local de la empresa en el país, sino también reconvertirla en una oficina netamente regional que brindará soporte a Latinoamérica y Canadá", precisó.

Asimismo, avisó a la comunidad que a pesar de la compleja situación económica Intel "apuesta a la Argentina" y está en "búsqueda de nuevos talentos calificados para enriquecer sus oficinas locales".

"En el contexto mundial que nos toca atravesar, la visión a futuro de la compañía está enfocada en seguir aplicando nuestra tecnología para atender los problemas más complejos de la sociedad", expresó.

En diálogo con ENFASYS, de Grazia detalló que el objetivo de negocios actual se centra en la expansión hacia "otros canales como todo lo que tiene que ver con internet de las cosas y cloud", por lo que la idea es "cubrir estos canales con recursos humanos".

"Hoy estamos creciendo en un año más del 50% y pensamos que vamos a crecer más el año que viene y queremos cubrir más canales, por lo que vamos a seguir invirtiendo", precisó.



Fuente: ambito.com
China selecciona 18 nuevos astronautas
El nuevo grupo de astronautas, integrado por 1 una mujer y 17 hombres, incluye por primera vez a civiles y define dos nuevas categorías: ingeniero de vuelo y especialista de carga. Los nuevos astronautas serán los responsables de instalar y operar la nueva estación espacial de China a partir del año 2021.




La oficina de vuelo tripulado de China (China Manned Space Engineering Office – CMS) anunció el 2 de octubre la selección del tercer grupo de astronautas para el proyecto espacial tripulado de China. En esta oportunidad se seleccionaron un total de 18 astronautas, 1 mujer y 17 hombres, entre los cuales hay 7 pilotos, 7 ingenieros de vuelo y 4 especialistas de carga. La oficina CMS informó que estas 18 personas pasan a formar parte del equipo de astronautas de China y contribuirán en la construcción de su país como potencia espacial.

Para satisfacer las necesidades de las misiones de ingeniería de la futura estación espacial de China, el tercer grupo de astronautas incluyó dos nuevas categorías además de los pilotos: ingenieros de vuelo y especialistas de carga. Los pilotos y los ingenieros de vuelo son los principales responsables de controlar y gestionar directamente la nave espacial, así como de realizar las pruebas técnicas relacionadas. Los especialistas de carga son los principales responsables de la operación en órbita de las cargas experimentales.

Los pilotos se seleccionan entre el cuerpo de pilotos en servicio activo de la Fuerza Aérea, los ingenieros de vuelo se seleccionan entre el personal técnico y de ingeniería dedicado a la ingeniería aeroespacial y campos relacionados, y los especialistas de carga se seleccionan entre los investigadores e investigadoras científicas en el campo de la ingeniería aeroespacial tripulada y la investigación y aplicación de las ciencias espaciales.

La selección del tercer grupo de astronautas de reserva se lanzó en mayo de 2018 y pasó por tres etapas: selección primaria, selección intermedia y selección final. Los 18 astronautas se seleccionaron entre aproximadamente 2.500 candidatos, quienes luego de un entrenamiento sistemático, participarán en diversas misiones durante la fase de operación de la estación espacial.

Tanto el primer y segundo grupo de astronautas chinos, realizados en los años 1998 y 2010 respectivamente, estuvieron dirigidos a pilotos de la fuerza aérea exclusivamente. En esta nueva selección se abrió la posibilidad de que participen civiles para las dos nuevas categorías de astronautas.

China pretende tener completa la construcción de su estación espacial en el año 2022, con un total de 12 misiones necesarias para llevar a cabo esta tarea. Luego de la prueba exitosa del lanzador pesado CZ-5B realizada en mayo de 2020, los próximos pasos consisten en enviar el módulo principal de la estación, denominado Tianhe, y dos cápsulas experimentales llamadas Wentian y Mengtian. Durante la construcción de la estación espacial, China planea enviar 4 misiones Shenzhou tripuladas además de 4 misiones de carga Tianzhou para transporte de materiales y suministros.


martes, 6 de octubre de 2020

Los problemas del programa de exploración planetaria de la NASA
Por Daniel Marín



La NASA mantiene el mayor programa de exploración planetaria, a una distancia enorme del resto de agencias espaciales. De hecho, casi podríamos decir que si en algo ha destacado la NASA durante estas últimas décadas es precisamente en este campo, que ha conseguido que vivamos una auténtica era de oro en el estudio del sistema solar. ¿Y qué nos espera en los próximos años? Pues una palabra que resume bien la situación es continuidad. En los próximos cinco años la división de ciencia planetaria de la NASA tendrá un presupuesto anual medio de 2800 millones de dólares, lo que la convierte con diferencia en la división científica de mayor presupuesto de la NASA (recordemos que el resto de programas científicos, como las misiones de astrofísica o de observación de la Tierra tienen sus propias divisiones dentro de la agencia; además, el programa tripulado es, con diferencia, el que recibe la mayor parte del presupuesto cada año). Pese a todo, hay puntos a mejorar y otros que son preocupantes.


Selección de sondas planetarias de la NASA o en las que colabora la NASA (OIG/NASA).


El programa de exploración planetaria de la NASA basa su éxito en la división de misiones en tres tipos: las sondas de tipo Discovery, las más baratas (unos quinientos millones de dólares), las New Frontiers (mil millones) y las de tipo Flagship (del orden de tres mil millones de dólares). La clasificación de tres tipos de misiones ha permitido introducir una gran flexibilidad a la hora de planificar y aprobar misiones, no solo por el límite de coste de cada misión, sino también por la diferente filosofía de cada una. Efectivamente, mientras que las misiones Flagship se eligen directamente desde el cuartel general de la NASA o desde el Congreso sin ninguna fase de concurso previa, las de tipo Discovery son seleccionadas mediante convocatorias en la que cada equipo científico manda su propuesta sin que la NASA sugiera previamente qué destinos son los prioritarios. Las de tipo New Frontiers están entre las Discovery y las Flagship, no solo en cuanto al tema del dinero, sino también con respecto a la planificación. Y es que, en el caso de este tipo de sondas, existe una convocatoria en la que los equipos científicos mandan sus propuestas como en las misiones Discovery, pero la diferencia es que los objetivos han sido previamente seleccionados por la NASA.


Presupuesto planetario de la NASA (OIG/NASA).


Otra diferencia es que las misiones Discovery no tienen que incluir obligatoriamente destinos planetarios (como ejemplo tenemos al telescopio Kepler de la NASA, que era una misión de tipo Discovery). Y, a la inversa, pueden solaparse con otros programas. No en vano, la sonda InSight es una misión de tipo Discovery a pesar de ser una nave para el estudio de Marte, que, como veremos, cuenta con su propio programa separado. Efectivamente, no todas las misiones planetarias de la NASA entran dentro de estas tres categorías. El programa de exploración de Marte mantiene una actividad independiente, al igual que el programa lunar creado recientemente como complemento del programa Artemisa o Defensa Planetaria, destinado a descubrir y estudiar asteroides peligrosos para la Tierra. Entre las otras áreas tenemos la división de planetas exteriores y mundos océanos —que, por el momento, solo cuenta con la misión Europa Clipper—, el programa de ciencia e investigación planetaria y el programa para desarrollo de los sistemas de radioisótopos (que supervisa la fabricación de RTGs). Además, es importante señalar que, en teoría, las misiones de tipo Flagship pueden estar dedicadas a una o varias de estas áreas. Por ejemplo, el rover Perseverance es una misión de tipo Flagship y, al mismo tiempo, forma parte del programa de exploración de Marte, mientras que Europa Clipper también es una misión Flagship y está asignada a la división de planetas exteriores y mundos océanos.

Presupuesto de las distintas divisiones de exploración planetaria de la NASA (OIG/NASA).


Pero no es oro todo lo que reluce. La última auditoría del programa de exploración planetario se ha dedicado a señalar algunas derivas preocupantes. La más importante es el aumento del coste medio y tiempo de desarrollo de las misiones en todas sus categorías. Aunque las misiones de tipo Discovery y New Frontiers tienen un tope de gasto de quinientos millones y mil millones de dólares, respectivamente, esta cantidad no incluye el vehículo lanzador ni los costes de operaciones, que pueden ser del orden de cientos de millones adicionales (originalmente sí se incluían estas partidas). Esta «trampa» ha provocado que, por ejemplo, las misiones Lucy y Psyche, de tipo Discovery, vayan a costar 981 y 996 millones de dólares, respectivamente, si tenemos en cuenta los costes de operaciones hasta el fin de sus vidas útiles, unas cifras que las colocan casi en el límite de una misión New Frontiers. Otro ejemplo es la sonda InSight, también de tipo Discovery, que saldrá por 829 millones, aunque en este caso el sobrecoste fue culpa de retrasar el lanzamiento dos años por la «chapuza» cometida por el CNES francés con el sismómetro SEIS, el instrumento principal. Del mismo modo, la misión Dragonfly a Titán se estima que saldrá por dos mil millones de dólares pese a ser de tipo New Frontiers. O sea, el doble de lo teóricamente permitido. Otro ejemplo es la misión Europa Clipper, que saldrá por 4300 millones de dólares, muy por encima de otras misiones Flagship. Estos bailes de cifras se traducen en unos costes finales arbitrarios que poco o nada tienen que ver con las previsiones iniciales y generan grandes agravios comparativos.


Divergencias del coste de algunas misiones con respecto a lo previsto (OIG/NASA).


Las misiones Lucy y Psyche saldrán por casi mil millones de dólares a pesar de ser de tipo Discovery (NASA).


Otra fuente de preocupación es el progreso del programa de radioisótopos, a cargo del centro Glenn de la NASA. El Departamento de Energía (DOE) le «guarda» a la NASA una reserva de 35 kg de plutonio 238 para los RTG de sus misiones espaciales (este isótopo no tiene ninguna otra aplicación, ni civil ni militar), de los cuales solo la mitad pueden generar la energía suficiente para ser usados en sondas. Al Departamento de Energía y a la NASA les ha costado mucho más tiempo y dinero del previsto el poder reanudar la producción de plutonio 238, pero, pese a todo, se espera que en 2026 sean capaces de sintetizar 1,5 kg al año. Un detalle muy curioso señalado por el informe es que los nuevos MMRTG (Multi-Mission Radioisotope Thermoelectric Generator) que usan las actuales sondas —como Curiosity o Perseverance— son menos eficientes y tienen una vida media inferior a los RTG clásicos de las primeras misiones de la NASA, como los empleados en las Voyager, debido a que ya no usan tecnología de silicio-germanio. Esto quiere decir que para futuras misiones de muy larga duración —por ejemplo, a los planetas exteriores— habrá que diseñar generadores de radioisótopos mejores que los MMRTG de hoy en día.


El nuevo telescopio infrarrojo NEOSM (NASA).


Entre otros problemas identificados por el informe nos encontramos con la búsqueda de reemplazos para una fuerza de trabajo que ya tiene una edad media bastante elevada, así como el estado de la red de espacio profundo (DSN) de la NASA, que se hace vieja al mismo tiempo que tiene que soportar un mayor número de misiones. También se pone bajo el foco la falta de criterios claros a la hora de seleccionar lanzadores y sondas de aterrizaje para las cargas útiles del programa lunar comercial CLPS. Por último, la auditoría critica la falta de presupuesto e interés con respecto a la búsqueda de asteroides. En 2005 el Congreso de EE UU ordenó a la NASA descubrir el 90 % de los asteroides cercanos de más de 140 metros de diámetro para 2020, pero con los niveles de financiación actuales este objetivo no se alcanzará hasta 2040. También recrimina que la NASA haya tenido que esperar al año pasado para dar luz verde a NEOSM un telescopio espacial infrarrojo destinado a detectar asteroides cercanos a la Tierra. A pesar de estos problemas, no debemos olvidar que el programa de exploración planetaria de la NASA es, con diferencia, el más ambicioso y complejo que existe. Esperemos que siga así durante muchas más décadas.


Europa Clipper (NASA).