miércoles, 13 de julio de 2022

El hidrógeno verde, la nueva promesa para lograr la descarbonización del planeta
El hidrógeno verde es la nueva promesa para lograr la descarbonización del planeta, luego de que se prevé un aumento de demanda energética.


© Foto : Pixabay/PIRO4D


El llamado hidrógeno verde jugará un papel fundamental para la transición energética con miras a generar energías más limpias. El objetivo principal es lograr la descarbonización del planeta a largo plazo, señalaron expertos en el encuentro virtual ENERGY MEET POINT Generación de energía: Garante del desarrollo económico de México, organizado por El Financiero.

Esta tecnología se basa en la obtención de hidrógeno —un combustible universal, ligero y reactivo— a través de un proceso químico conocido como electrólisis. Consiste en utilizar corriente eléctrica para separar el hidrógeno del oxígeno que hay en al agua (H2O).

Por lo tanto, es un método que permite la generación de energía por medio de fuentes renovables sin necesidad de producir dióxido de carbono. Esta manera de obtener el hidrógeno, señala la Agencia Internacional de la Energía (AIE), ahorraría cerca de 830 millones de toneladas anuales de CO2.

Sobre este punto, Andreas Eisfelder, gerente general de New Energy Business para Latinoamérica de Siemens Energy, expresa que esto "contribuye a las metas del Acuerdo de París debido a que permite un acoplamiento de sectores y permite la descarbonización de grandes partes de la industria".

"La ventaja en usar electrones y hacer esta conversión es que después tenemos una forma de energía con base en energías renovables y esta fuente permite abastecer a otros sectores de la economía como la industria química, la petroquímica, el transporte, con una energía sin una huella de CO2", agregó durante su participación el encuentro virtual.

Hidrógeno verde para abastecer la demanda mundial

El consumo de electricidad continuará en aumento en las próximas décadas, por lo que, es necesario buscar alternativas. Según Eisfelder, las energías limpias como la solar o la eólica no son suficientes para satisfacer la demanda energética, pero esto podría solucionarse con la tecnología de electrones de hidrógeno que ya está disponible a una escala industrial.

Por otra parte, el último informe de Wood Mackenzie estima que para 2040, los costos del hidrógeno verde se reducirán en un 64%. Pero precisa que a pesar de que la demanda mundial de hidrógeno ha crecido un 28%, alcanzando un máximo en 2020 de 111,7 millones de toneladas métricas, esta cifra sigue siendo menor si se le compara con otras tecnologías nuevas.

De esta manera, Eisfelder agregó que de acuerdo con Christin Bruch, presidente ejecutivo de Siemens Energy, "a largo plazo, el hidrógeno jugará un papel importante en el mix energético del futuro. Ahora necesitamos aumentar los volúmenes, reducir los costos y adaptar las regulaciones para crear paridad con otras soluciones. Sin duda alguna, la colaboración transatlántica será la base para un el despliegue más acelerado".

En tanto, José Aparicio, presidente y CEO de Siemens Energy México, Centroamérica y el Caribe, apuntó que en caso de que se utilizara hidrógeno verde en automóviles se deberá pensar en una mezcla de tecnologías para lograr el cambio hacia la descarbonización.

"Dependiendo del uso del automóvil, dependiendo de en qué lugar una tecnología tiene sus beneficios. Si va a ser a largas distancias, el hidrógeno puede ser una alternativa muy importante para el sector del transporte", indicó.

El futuro del hidrógeno verde en México

Para Pedro Enrique López, director comercial en Techint Norteamérica, México cuenta actualmente con una red sólida con capacidad para imaginar "un futuro solvente en temas de energía". Por lo que, considera que "hoy es un gran momento para que privados puedan desarrollar con un poquito más de calma, sin tanta prisa, modelos de renovables".

"Para México, estamos viendo una entrada en el sector industrial. Pensamos que luego en unos años podría entrar en el sector de transporte de movilidad, que podría aprovechar los beneficios, y por último en la transición energética", comentó sobre el proceso de adaptación al hidrógeno.

Al respecto, dijo que en países como Alemania o Austria, "con empresas productores de acero, ya están empezando con la utilización del hidrógeno verde para la descarbonización de la producción de acero porque sus clientes a la vez lo requieren".

De esta manera, puntualizó que estos mercados se movilizan "a medida que los clientes adquieren conciencia sobre productos descarbonizados". Por ejemplo, en el caso del transporte, mencionó que el hidrógeno puede usarse como combustible en la cadena de logística, "con camiones heavy duty, de largas distancias, de carga grande, donde tienen ventajas".



domingo, 10 de julio de 2022

La nueva conquista del espacio está en marcha y hay poca regulación
Por Braulio Moro




Miles de satélites orbitan sobre nuestras cabezas y miles más deberán sumarse en un futuro cercano. Los promotores de la nueva conquista espacial, como la empresa francesa 'Prométhée', dedicada al "nuevo espacio", afirman "querer ayudar a vigilar y controlar mejor el cambio climático, democratizar el espacio y tener la capacidad de tener sus datos bajo control, en su país". Olivier Piepsz, su presidente, es el invitado de Escala en París.

'Prométhée' o Prometeo es una empresa francesa nacida en 2020 dedicada a la construcción de nanosatélites. La empresa asegura querer ayudar a los países de África y América Latina a lograr su soberanía digital y resiliencia a partir de nano satélites de observación de la tierra.

Su presidente, Olivier Piepsz, afirma que "ambas nociones son muy importantes", pues estima que la resiliencia a nivel ambiental ya no es objeto de debate: "Con el calentamiento climático hay riesgos enormes y desafíos para encontrar soluciones para secuestrar el carbono. Tener un monitoreo de las fuentes de energía y de las fuentes de información requiere de satélites para tener un control de la vida local, con una visión global".

El nuevo espacio para nuevos jugadores

Trabajar en el espacio supone el uso de conceptos que salen del lenguaje cotidiano, como «geo-inteligencia» o el «new space». Olivier Piepsz aclara: "El 'new space' –nuevo espacio- es abrir el espacio a nuevos jugadores. Es el resultado de la nueva tecnología, de la hibridación de lo digital y de la reducción de los costos del kilo en órbita, pues hoy en día no sólo las empresas muy importantes pueden trabajar y fabricar soluciones en el espacio, sino también pequeñas, con audacia y una reactividad grande, funcionando en complementariedad con esas grandes empresas para probar nuevas tecnologías, y así avanzar más rápidamente".

'Prométhée' anunció recientemente que su primer satélite va a volar en octubre de 2023, para tener la primera constelación de satélites en 2025. Pero ¿Cuáles serán las características de un nano satélite producido por la empresa? "Es muy importante la idea de democratización porque antes era una minoría la que controlaba el espacio. Con el 'new space' eso cambia; es una democratización a nivel de las infraestructuras, y después vamos a dirigirnos hacia los usuarios. Es mandar los datos de observación espacial al teléfono personal. Un poco como la revolución en internet de los años noventa. Queremos hacer la revolución de la observación de la tierra ahora", responde el exvicepresidente de la dirección internacional de la empresa francesa 'Safran' para Latinoamérica.

A propósito del espinoso problema de la regulación, el responsable de Prometeo puntualiza: "Hay regulación sobre las frecuencias; sobre la observación de la tierra hay mucho menos regulación, y con esta democratización mucha más gente puede mandar satélites al espacio. Pero como se trata de un problema ambiental es muy importante ser responsable y, después, organizar que el satélite, al final de su vida, regrese y abandone el espacio".

Esta "nueva conquista" plantea riesgos. La empresa estadounidense 'One Web' asegura que lanzará 600 satélites en los próximos tres años; 'Boeing' anuncia el lanzamiento de 2.400 satélites; Samsung apuesta por lanzar 4.000 y Elon Musk 12.000. Estamos hablando de multiplicar por cinco el número de satélites actualmente en órbita, con consecuencias que podrían ser irreversibles.

Y no es todo. Los astrónomos y otros especialistas se quejan de que esos aparatos perturban su trabajo de observación del espacio, pues los satélites desprenden luz, rayos ultravioletas. Optimista, Piepsz responde que "seguramente, en el siglo XVII, cuando se inventó la electricidad hubo astrónomos que dijeron que la luz no servía porque la visión era peor. Hay que ser responsable y pensar que este sistema va a llevar soluciones para mejorar globalmente el agua, la contaminación de los suelos, ciudades inteligentes, basura, etcétera. Lo más importante es construir con una visión responsable".



jueves, 7 de julio de 2022

Urgente regular las actividades espaciales
por Carlos Duarte 





Las actividades humanas dependen cada vez más de la infraestructura espacial. Los satélites de comunicaciones, de navegación, y de observación de la Tierra, son esenciales para el desarrollo económico y social de todo el planeta. Es por esto que las amenazas a su integridad ponen en riesgo nuestra estabilidad como sociedad. Con la entrada de nuevos actores al sector espacial, la posibilidad de conflictos aumenta. Ya no son únicamente las potencias espaciales las que pueden colocar activos en el espacio, sino cada vez más empresas privadas tienen esa capacidad y esto está generando un congestionamiento de la órbita baja. El espacio se está convirtiendo en una especie de viejo oeste. Y aunque existe el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, este es incompleto, ya que no considera la realidad actual. Por lo tanto, existe el riesgo de que impere la ley del más fuerte y esto hace necesario establecer reglas y acuerdos entre todas las naciones, para evitar un colapso del acceso al espacio y permitir que continúe la exploración y su uso para fines pacíficos.

La actividad espacial está creciendo a un ritmo muy importante y no parece detenerse. Al contrario, es muy probable que en un futuro cercano el ritmo de crecimiento de la actividad espacial aumente considerablemente. Ya se acabaron los tiempos en que solamente había dos potencias espaciales. Ahora hay muchos actores tanto nacionales como empresas privadas que están buscando su lugar en el espacio. Según la Union of Concerned Scientists, a principios de 2022, había 4.852 satélites en el espacio. Solamente en 2021, hubo 136 lanzamientos, lo que promedia a unos 3 por semana, y de las empresas privadas, solamente Starlink tiene planes de poner en órbita baja 40.000 satélites en esta década. Todo esto apunta a un congestionamiento de la órbita baja. Solamente de basura espacial, según la Agencia Espacial Europea, hay 30.040 objetos con dimensiones mayores a 10 cm.

A todo esto agreguemos que desde casi el inicio de la era espacial, varias potencias espaciales han estado realizando pruebas de armas cinéticas antisatélites (ASATs), esto es, misiles que destruyen satélites con solo el impacto. Estas pruebas han generado más basura espacial, en flagrante violación del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre que en su Artículo IX dice textualmente: “Si un Estado Parte en el Tratado tiene motivos para creer que una actividad o un experimento en el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, proyectado por él o por sus nacionales, crearía un obstáculo capaz de perjudicar las actividades de otros Estados Partes en el Tratado en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre con fines pacíficos, incluso en la Luna y otros cuerpos celestes, deberá celebrar las consultas internacionales oportunas antes de iniciar esa actividad o ese experimento.” No sobra decir, que todas las pruebas de armas cinéticas antisatélites han ocurrido sin que se efectúen estas consultas. Además, ahora con la Guerra de Ucrania, tras muchos años de cooperación, Rusia amenaza con dejar de cooperar con las naciones de Occidente, lo que es una alerta de una confrontación y una amenaza de una posible militarización del espacio.

Si bien el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre sienta las bases para la convivencia de las naciones en el uso del espacio, este documento ya es obsoleto pues se creó en 1967 cuando las condiciones eran muy distintas a las de ahora. Por todas estas razones es imperativo construir nuevos acuerdos entre todos los países para permitir un acceso seguro al espacio. El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre debe revisarse y se deben establecer bases realistas de coordinación entre todos los países para regular las actividades espaciales, y así permitir su exploración y utilización para fines pacíficos para el bien de todos. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de hacer que el acceso al espacio sea inviable y todos lo vamos a lamentar.

Carlos Duarte

Experto en tecnología espacial.

Mentor de las misiones espaciales AztechSat-1, AtlaCom1, Misión Colibrí y la Constelación AztechSat. Colaborador de la revista “Hacia el Espacio”. Miembro de número de la Academia Mexicana de Informática, A.C. Actualmente Coordinador General de Formación de Capital Humano en la Agencia Espacial Mexicana.

Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM y Maestro en Instrumentación Científica por la Universidad de California, Santa Bárbara.



martes, 5 de julio de 2022

"Se necesitan rusos y estadounidenses para operar la estación espacial"
Confrontación en la Tierra, cooperación en el espacio: ¿es eso justificable después de la invasión rusa de Ucrania? En una entrevista, el administrador de la NASA, Bill Nelson, explica por qué y también analiza las perspectivas de llevar a un europeo a la Luna.
Entrevista realizada por Christoph Seidler


Nelson, administrador de la NASA: "Agradecería mucho la cooperación con China". Foto: Simon Pauly / DER SPIEGEL


Acerca de Bill Nelson

Bill Nelson, de 79 años, se desempeña como administrador de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) desde mayo de 2021. Entre 2001 y 2019, el demócrata representó a su estado natal de Florida en el Senado de los Estados Unidos. Antes de eso, fue miembro de la Cámara de Representantes y sirvió en el gobierno de Florida. En enero de 1986, Nelson pasó seis días en el espacio a bordo del transbordador espacial Columbia. Con él en ese vuelo espacial estaba Charlie Bolden, quien dirigió la NASA entre 2009 y 2017. Su vuelo fue el último antes de la explosión del Challenger, en el que murieron siete personas.


DER SPIEGEL: Sr. Nelson, ¿puede justificar moralmente la continuación de la cooperación con Rusia en la Estación Espacial Internacional después de la invasión de Ucrania por parte de Putin?

Nelson: No hay absolutamente ninguna excusa para lo que ha hecho el presidente Putin en Ucrania, para masacrar a personas inocentes y para invadir un país independiente. También va en contra de los intereses de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, hay una estación espacial allá arriba en el espacio que es operada conjuntamente por rusos y estadounidenses. Y eso continuará de una manera pacífica y profesional.

DER SPIEGEL: Scott Kelly, un exastronauta como usted, ha dicho que "el asesinato de personas inocentes, la violación y el genocidio trascienden el significado de la cooperación en el espacio". ¿Puede el vuelo espacial realmente liberarse de la política en la Tierra?

Nelson: Sí, puede. Y lo hace. Mira la historia. En medio de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos eran enemigos mortales y sus armas nucleares podían usarse en cualquier momento, una nave espacial estadounidense y una soviética se encontraron en el espacio en 1975. La cooperación pacífica continuó incluso después del colapso de la Unión Soviética. Nuestro transbordador espacial se acopló a la estación espacial rusa Mir. Y luego decidimos construir juntos la Estación Espacial Internacional. Ambos países son necesarios para las operaciones, los rusos para la propulsión, los estadounidenses para la potencia. Seguiremos teniendo una relación muy profesional entre cosmonautas y astronautas para mantener viva esta estación.

DER SPIEGEL: El director de Roscosmos, Dmitry Rogozin, ha pedido públicamente el fin de Ucrania "de una vez por todas". ¿Cómo puede una persona que llama al genocidio seguir siendo un socio de los Estados Unidos?

Nelson: No has escuchado estas cosas de nadie más en Roscosmos.

DER SPIEGEL: Pero Rogozin es el jefe de la agencia espacial rusa, no un empleado menor.

Nelson: Su audiencia consiste en una persona. Y ese es el presidente Putin.


Los cosmonautas rusos Sergey Korsakov, Oleg Artemyev y Denis Matveev posan con una bandera de la autoproclamada República Popular de Luhansk en la Estación Espacial Internacional Foto: ROSCOSMOS / REUTERS


DER SPIEGEL: Rogozin ha amenazado con poner fin a la participación de su país en la estación. ¿Cómo puedes estar seguro de que eso no sucederá realmente?

Nelson: El gobierno ruso no ha desconectado la estación espacial. De hecho, lo opuesto es verdad. Si miras de cerca, no verás ninguna diferencia en las operaciones.

DER SPIEGEL: Está cerca de finalizar un acuerdo con Moscú en el que un astronauta estadounidense viajaría en una nave espacial Soyuz, mientras que un cosmonauta ruso viajaría en una cápsula SpaceX estadounidense. ¿Es responsable seguir firmando nuevos contratos con Rusia en la situación actual?

Nelson: Tiene mucho sentido para nosotros. Necesita tanto rusos como estadounidenses para operar la estación espacial. ¿Qué sucede si algo anda mal con una de nuestras naves espaciales? Necesitamos el otro vehículo como respaldo. Y es por eso que continuaremos teniendo intercambios de tripulación.

DER SPIEGEL: ¿Pero no tendría que trabajar en un Plan B para mantener viva la ISS por su cuenta si fuera necesario?

Nelson: En este momento, planeamos operar la estación continuamente con los rusos. Esa es mi respuesta. Sé que quieres escuchar una historia jugosa ahora mismo. Pero eso es todo lo que puedo decirte.

DER SPIEGEL: Los socios también están en desacuerdo sobre cuánto tiempo seguirá la ISS en órbita alrededor de la Tierra...

Nelson: Suponemos que la estación permanecerá en funcionamiento hasta 2030.

DER SPIEGEL: El próximo gran objetivo de la NASA es regresar a la luna. Entre otras cosas, espera investigar los depósitos de hielo en el polo sur y probar la tecnología para un viaje a Marte. ¿Cuándo tendrá lugar el alunizaje?

Nelson: Finales de 2025, ese es el plan. Pero, por supuesto, eso puede retrasarse por muchos pequeños detalles. Por ejemplo, tenemos que asegurarnos de que los trajes espaciales necesarios estén listos para entonces.


El cohete Space Launch System con la nave espacial Orion a bordo en Cabo Cañaveral, Florida Foto: imago stock / IMAGO/ZUMA Wire


DER SPIEGEL: También necesita hacer que su nuevo cohete lunar gigante, el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), vuele con éxito. ¿Cuándo despegará por primera vez?

Nelson: Acabamos de completar una prueba crucial en el Centro Espacial Kennedy. Con el cohete en la plataforma de lanzamiento, practicamos casi todos los pasos antes del despegue, incluido el abastecimiento de combustible con el propulsor súper frío. Ahora tenemos todos los datos que necesitamos. Estamos tratando de lanzar en agosto. Pero solo lo haremos cuando estemos realmente listos.

DER SPIEGEL: Cada lanzamiento del SLS cuesta varios miles de millones de dólares. Además, necesitas otro cohete para llevar un módulo de aterrizaje a la Luna. Ese está construido por SpaceX, la empresa privada de Elon Musk, que tiene la reputación de abaratar los lanzamientos. ¿Por qué no usar el cohete SpaceX, el sistema Starship, para toda la misión?

Nelson: Solo hay un cohete que está listo para ser lanzado: nuestro SLS. Y la cápsula espacial Orión en su punta también es el único vehículo en el que la tripulación puede sobrevivir al regreso a la Tierra. En algún momento, a Elon Musk le gustaría poder hacer lo mismo con su Starship. Pero tenemos que lidiar con lo práctico aquí y ahora.


Nelson (izquierda) con el reportero de DER SPIEGEL Christoph Seidler Foto: Simon Pauly / DER SPIEGEL


DER SPIEGEL: El programa Artemisa también incluye Gateway, una estación espacial que orbitará la Luna. Europa también participará en su construcción, pero la NASA actualmente no tiene los fondos necesarios. ¿Tendrás que abandonar el proyecto para liberar dinero para el alunizaje?

Nelson: No, tendremos fondos para ambos.

DER SPIEGEL: ¿Qué tan realista es una estación lunar con tripulación permanente?

Nelson: Esperamos hacer un vuelo a la Luna todos los años a partir de 2025. Con uno de estos vuelos, comenzaremos a construir la puerta de enlace en órbita. Después de eso, trabajaremos en la estación de superficie.

DER SPIEGEL: ¿Cuándo veremos al primer astronauta europeo en la superficie de la Luna?

Nelson: Eso aún no se ha determinado. Pero definitivamente planeamos poner a un europeo en la luna. Primero, sin embargo, tendremos un astronauta europeo en el Gateway. Porque lo estamos construyendo junto con la Agencia Espacial Europea.

DER SPIEGEL: Rusia quiere participar en la estación lunar china. ¿Se imagina también una cooperación con China?

Nelson: Daría mucho la bienvenida a la cooperación con China. Pero hasta ahora, se han negado. Los chinos son muy reservados; no son transparentes. Lo observamos el año pasado cuando una gran pieza de uno de sus viejos misiles se estrelló contra la Tierra. Podría haber bajado en Europa o Arabia Saudita. Pero no nos dieron las coordenadas. No hubo comunicación en absoluto. Eso es inexcusable cuando la vida humana y la propiedad están amenazadas.



lunes, 4 de julio de 2022

Rusia sancionaría a la empresa estadounidense Maxar por ataque ucraniano a Bélgorod


© Sputnik / Servicio de Prensa del Gobernador de la Región de Belgorod 


Rusia tiene derecho a aplicar sanciones a la compañía estadounidense Maxar Technologies si se confirma que las tropas ucranianas usaron sus imágenes satelitales para bombardear la ciudad de Bélgorod, aseguró el senador Vladímir Dzhabárov.

"En caso de que se encuentren pruebas, Rusia tiene el total derecho de estudiar la posibilidad de imponer sanciones a esta compañía", dijo el senador a Sputnik.

Los periodistas de Sputnik revelaron que el satélite GeoEye1 de Maxar hizo tomas fotográficas de Bélgorod tres días antes del bombardeo de Ucrania contra la ciudad.

El Ministerio de Defensa de Rusia informó que las tropas del régimen de Volodímir Zelenski atacaron el 3 de julio la ciudad de Bélgorod con tres misiles Tochka-U.

La defensa antiaérea derribó los tres proyectiles, pero los fragmentos de uno de los misiles cayeron en un edificio residencial.

El gobernador de la provincia, Viacheslav Gladkov, comunicó que el ataque ucraniano dejó cuatro civiles muertos y otros cuatro heridos, entre ellos un niño.



Un satélite de EEUU habría fotografiado la ciudad rusa de Bélgorod 3 días antes del ataque


© Foto : Pixabay / Free-Photos


El satélite comercial estadounidense GeoEye-1, de la empresa Maxar Technologies, tomó imágenes de Bélgorod tres días antes del ataque con misiles ucranianos a la ciudad, según informaron los corresponsales de Sputnik.

La ciudad fue fotografiada desde el satélite el 30 de junio, mientras que otros satélites estadounidenses, WorldView-2 y WorldView-3, tomaron imágenes de la región de Bélgorod los días 27, 22 y 20 de junio.

El Ministerio de Defensa ruso informó que en la madrugada del 3 de julio las tropas ucranianas atacaron la ciudad rusa de Bélgorod con tres misiles Tochka-U, dotados de ojivas de racimo. Las fuerzas de defensa aérea rusas destruyeron los tres misiles en el aire, pero los restos de uno de ellos cayeron sobre un edificio residencial.

Según el gobernador de la región homónima, Viacheslav Gladkov, cuatro personas murieron y otras cuatro, entre ellas un niño, resultaron heridas, mientras que 21 bloques de apartamentos y 40 casas resultaron afectados.

Anteriormente, Sputnik reveló que los satélites comerciales estadounidenses también fotografiaron la Isla de las Serpientes, ubicada en el Mar Negro, varios días antes del intento de Ucrania de tomarla con ataques y desembarcos.

Además, el satélite estadounidense WorldView-1 fotografió la refinería de Novoshájtinsk, en la provincia rusa de Rostov del Don, tres días antes sufrir un ataque.

Los satélites también fotografiaron la zona del mar Negro donde se encuentran las plataformas de perforación de Chornomorneftegaz una semana antes de que las fuerzas ucranianas atacaran las instalaciones.

A finales de junio, el director general de la compañía espacial rusa Roscosmos, Dmitri Rogozin, declaró que los operadores privados de satélites occidentales, incluido Maxar, junto con los estatales, están transmitiendo datos a Ucrania.

Según Rogozin, estas empresas generan datos específicos para la OTAN, que luego se transmiten a los militares ucranianos.



https://mundo.sputniknews.com/20220703/un-satelite-de-eeuu-habria-fotografiado-la-ciudad-rusa-de-belgorod-tres-dias-antes-del-ataque-1127691154.html
El director de la NASA dice que China quiere apoderarse de la Luna


Imagen: Télam


El director de la Agencia Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), Bill Nelson, aseguró este domingo que China tiene intención de construir una base en la Luna junto con Rusia para "apoderarse" del satélite natural.

Estados Unidos está en una nueva "carrera espacial" con China, similar a la que protagonizó con la Unión Soviética durante la Guerra Fría, dijo Nelson en una entrevista con el diario alemán Bild.

En ese marco, advirtió que "debemos estar muy preocupados de que China aterrice en la Luna para decir: ahora es nuestra y ustedes no se pueden venir".

Según el responsable de la NASA, China busca construir su propia base lunar junto con Rusia y planea terminarla en 2035. Esto habilitaría a que ambas naciones experimenten en la superficie lunar a partir de 2036.

Para Nelson, es muy probable una competencia por controlar el polo sur de la Luna debido a la presencia de depósitos de agua que podrían utilizarse para fabricar combustible para cohetes.

Consultado sobre la presencia de China en el espacio, respondió: "Bueno, ¿qué creé usted que está pasando en la estación espacial china? Allí aprenden a destruir los satélites de otros".

China lleva años investigando tecnología para "atrapar" satélites con brazos robóticos o redes o hacer que se estrellen, supuestamente para limpiar sus propios deshechos espaciales. Pero esto también podría utilizarse para atacar a otros países, argumentó el director de la NASA.

En enero de 2004, el país asiático aprobó un programa nacional de exploración lunar. En enero de 2019 logró otro avance cuando una nave espacial china aterrizó en la cara oculta de la luna por primera vez.

De acuerdo a Nelson, "el programa espacial de China es un programa espacial militar". China "también es buena porque roba ideas y tecnología de otros", remarcó.



China apunta a las afirmaciones militares de toma de control de la Luna del jefe de la NASA
•El funcionario estadounidense Bill Nelson dice que los astronautas chinos están aprendiendo cómo destruir los satélites de otros países.
•Ministerio de Relaciones Exteriores dice que las acusaciones son imprudentes y falsas.
por Liu Zhen


China planea llevar astronautas a la Luna para 2030. Foto: CNSA


Beijing ha rechazado las afirmaciones del jefe de la NASA de que China podría "tomar el control" de la Luna y que su programa espacial es "militar", diciendo que Estados Unidos era responsable de militarizar el espacio.

En una entrevista con el periódico alemán Bild el fin de semana, el administrador de la NASA, Bill Nelson, dijo: “Debemos estar muy preocupados por el aterrizaje de China en la Luna y decir que ahora pertenece a la República Popular y todos los demás deberían quedarse fuera”.

Nelson también afirmó que los astronautas chinos estaban aprendiendo a destruir los satélites de otros países.

Dijo que la competencia entre China y Estados Unidos en el espacio era intensa, especialmente por el polo sur lunar, donde podría haber agua.

China ha anunciado un ambicioso plan de exploración lunar para enviar astronautas a la Luna alrededor de 2030 y construir una estación allí cinco años más tarde.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, dijo el lunes que las afirmaciones de Nelson eran “imprudencias y falsedades”.

“Algunos funcionarios estadounidenses han enmarcado y calumniado continuamente la causa normal y razonable de otros países en el espacio exterior. China se opone firmemente a tales comentarios irresponsables”, dijo, y agregó que no era la primera vez que Nelson criticaba a China.

“Instamos a este funcionario estadounidense a que asuma efectivamente las responsabilidades que se esperan de una gran potencia, revise seriamente y modifique los comentarios y acciones negativos de los propios Estados Unidos en el campo del espacio exterior, y haga la debida contribución de los Estados Unidos para mantener la paz continua y la seguridad en el espacio ultraterrestre”.

Zhao defendió que los programas espaciales de China satisfacen las legítimas necesidades económicas, sociales, científicas, tecnológicas y de seguridad del país.

Dijo que Beijing siempre ha defendido el uso pacífico del espacio exterior y se opuso a su armamento.

“El desarrollo de la industria espacial de China se ha logrado completamente a través de la independencia y la autosuficiencia, y sus derechos y logros no pueden cuestionarse ni desacreditarse de ninguna manera”, dijo.

Zhao dijo que Estados Unidos tiene un "registro sucio" de crear basura espacial, provocar carreras armamentistas espaciales y socavar la estabilidad estratégica mundial.

También arremetió contra los movimientos estadounidenses para definir el espacio exterior como una "frontera operativa", crear una fuerza espacial y desarrollar armas ofensivas en el espacio exterior.

Estados Unidos se resistió durante mucho tiempo a las conversaciones sobre un instrumento legal sobre el control aéreo del espacio exterior y fortaleció continuamente la cooperación militar con sus aliados en el espacio exterior, dijo.

Además, Zhao criticó las sanciones a la agencia espacial china.

La Enmienda Wolf introducida en 2011 prohíbe que la NASA participe en una colaboración directa con el gobierno chino o cualquier organización afiliada a China sin un permiso especial del Congreso.



sábado, 2 de julio de 2022

Mendoza tendrá nuevamente tren de pasajeros
Buscan reactivar la industria ferroviaria en Mendoza y por tal motivo se anunció que llegará a la provincia el tren de pasajeros.





¡Se viene el tren de pasajeros a Mendoza! así lo anunció el diputado del Frente de Todos, Adolfo Bermejo, en su cuenta de Twitter donde detalló que se reunió con Martín Marinucci, presidente de Trenes Argentinos, para comenzar a tratar el proyecto para Reactivación de la Industria Ferroviaria.


El anuncio del diputado Bermejo sobre la llegada del tren de pasajeros.


Bermejo dialogó en Radio Andina y acotó que "se viene el tren de pasajeros a Mendoza y es un hecho". Además afirmó: "Hoy el tren está llegando a Justo Daract, en San Luis, en los próximos días comienza la inspección de la traza de San Luis a Mendoza, concretamente a la estación de Gutiérrez, Maipú".

En la entrevista el diputado nacional resaltó que para fin de año o los primeros meses del año que viene tiene que estar llegando el tren a la provincia.

Para fin de año o los primeros meses del año que viene tiene que estar llegando el tren a la provincia

"Esto fue una decisión política contundente y de políticas públicas empezar a llevar a cada rincón de la Argentina el ferrocarril y Mendoza quedó como una importante plaza", relató Bermejo.

Además del tren de pasajeros, el legislador resaltó que se está poniendo mucho énfasis en el tren de carga. "El Belgrano Cargas está llegando solamente a Palmira y de ahí se traslada en camiones todos los insumos que llegan a Vaca Muerta. La idea es que el tren de cargas pueda llegar al sur de Mendoza".

Para finalizar, Adolfo Bermejo describió que se está trabajando para poner en funcionamiento cada una de las vías y trazas. "Ya terminaron la inspección de Retiro a San Luis, ahora falta San Luis a Mendoza, la semana próxima tendremos a los funcionarios nacionales en la provincia" y agregó: "Entre 4 a 6 meses son los tiempos para dejar todo en condiciones".



viernes, 1 de julio de 2022

El primer ingeniero aeroespacial argentino es bonaerense
David Williams Rogers es un joven de 24 años nacido en La Plata que acaba de egresar de la UNLP como el primer ingeniero aeroespacial en la historia del país.
por Adrián Belinche





Con inusitado interés en todos los medios nacionales se habló y escribió profusamente sobre el ingeniero David Williams, un joven de 24 años, nacido en Gonnet que acaba de alcanzar la meta de todo estudiante universitario: recibirse.

Pero haber llegado a tener ese título de grado para David no es lo mismo que para otros miles de argentinos, porque él es el primero en graduarse con el diploma que dirá "ingeniero aeroespacial" de toda la historia en la educación argentina.

La carrera no existía hasta hace 3 años en ninguna casa de altos estudios, pero las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata decidieron crearla, derivándola de la ya existente ingeniería aeronáutica.

La nueva especialidad que eligió David Williams alcanza unas especificidades que van más allá de la atmósfera: es decir, llegan hasta la inmensidad del espacio exterior, con las particularidades que requiere cualquier diseño pensado para ese inmenso universo, con condiciones físicas muy diferentes a las que estamos habituados más cerca de la superficie de la tierra.

INFOCIELO recibió en su redacción a David Williams con su nuevo y flamante look "rapado", ya que por ser el primer ingeniero aeroespacial no escapó a las generales de la ley de los egresados de la UNLP, una de cuyos sellos distintivos históricos es el de ser "pelado" por sus compañeros al momento de recibirse.

Además, Williams es becario del Centro Tecnológico Aeroespacial de la UNLP, que está desarrollando un satélite que podría ser lanzado el año próximo, y cuya misión será "estudiar las características del suelo, analizar el agua, detectar incendios u observar los cambios meteorológicos, entre otras alternativas"

David Williams es el primer egresado en Ingeniería Aeroespacial del país. ¿De qué se trata?


Mano a mano con un Ingeniero "Galáctico"

Con total naturalidad, y aún sorprendido por la repercusión mediática de su logro que lo llevó a tener que responderle desde a pequeños medios cooperativos, hasta a grandes e históricos periódicos de alcance nacional, David Williams contó detalles de una carrera de la que se hablará mucho en las próximas décadas en Argentina.

¿Sabías que ibas a ser el primer ingeniero aeroespacial en recibirte de una carrera que nunca se había dado en la Argentina?

No, no. Me enteré cuando terminé de exponer el trabajo final. La verdad que no, no me lo esperaba. Me considero Igual que cualquier graduado en ingeniería, con capaz la curiosidad, y también la suerte, de haber sido el primero en una carrera nueva.

¿Tenés idea de cómo está Argentina en lo que te especializaste, la Ingeniería aeroespacial?

Sí, hay bastante trabajo relacionado a la actividad espacial. Me parece que lo que le falta es difusión sobre todo. Pero por ejemplo: en la facultad nuestra se hace muchísimo trabajo en muchos satélites que después la CONAE o el INVAP han lanzado. Así que al menos, lo que te puedo contar desde mi facultad, es que tanto de los profesores como de colegas míos, ahí en el laboratorio, la gran mayoría han trabajado en proyectos espaciales.

¿Y para que servirán esos satélites?

Para Internet; todo lo que sea comunicaciones; también podés hacer observación terrestre, que eso le sirve mucho al campo para ver cómo están las cosechas, la tierra y demás. Sí, tiene muchas aplicaciones.

Antes la carrera se llamaba ingeniería aeronáutica, pero también se hacía desarrollo espacial desde la facultad. Entonces se buscó cambiarle el nombre y meter algunas materias más específicas del carácter espacial. La aeronáutica vendría a ser el mismo desarrollo, pero para aeronaves, o sea las que vuelan dentro de la atmósfera.

¿Cómo te ves dentro de 20 años?

No, no se ni qué voy a hacer mañana. No te podría decir en 20 años.


Ser Ingeniero Aeroespacial en Argentina, un universo poco explorado

David Williams también dedicó momentos de la entrevista a explicar cual es, justamente, ese "universo" que le espera al desplegar su carrera.

¿Qué hace un ingeniero aeroespacial? Lo cuenta el primer egresado de la UNLP.


¿Qué hace un Ingeniero Aeroespacial y cuál es tu rol actual?

El campo de acción del ingeniero espacial es bastante amplio, y así también es la carrera que que se da en la Facultad de Ingeniería de La Plata. Tenés por un lado todo lo que es análisis y diseño estructural desde el punto de vista aerodinámico. Después también ves mucho de motores, y también tenés una rama que es más aeronáutica, que es la parte de la infraestructura de aeropuertos", señaló.

Pero capaz lo que llama más la atención es la parte espacial, y la ventaja en nuestra facultad es que tenés ahí el Centro Tecnológico Espacial que es un laboratorio que depende de "la facu", del Departamento de Aeronáutica, y justamente es donde estoy yo como becario. Te permite aplicar los conocimientos teóricos que viste en clase para proyectos de carácter espacial.

Yo ahora estoy participando en el proyecto de satélite universitario, que lo dirige Sonia Botta, que además fue mi directora del trabajo final, y es mi directora de beca, y estamos ahí con el satélite que pesa 5 kg.

Un nanosatélite es un satélite que pesa entre 1 y 10 kg más o menos, así que son mucho más chicos de los que estamos acostumbrados a ver por tele, y también más baratos. Se hacen en mucho menos tiempo, además.

¿Tenemos tecnología para lanzarlos?

No. Actualmente no, por eso hay que recurrir a compañías del exterior, y es un tema, porque es muy caro el lanzamiento de satélites.



CONAE: Paro espacial
El viernes pasado se realizó el primer paro de actividades de los trabajadores de CONAE en la historia de la institución. Reclaman por los bajos salarios y por la falta de políticas de retención de especialistas con un alto nivel de formación que migran hacia el sector privado o a instituciones de otros países.
Por Matías Alonso




En reclamo por una mejora en las condiciones laborales, el viernes pasado se realizó el primer paro de actividades de los trabajadores de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en su historia. La medida implicó una retención de tareas por dos horas en la que solo trabajaron los equipos que se encargan de la bajada de información de satélites, un proceso crítico que si no se hacía podía generar una pérdida de información de manera irrecuperable. Luego de esto, hubo una reunión con las autoridades del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT) en la que se acordó trabajar en mecanismos para mejorar las condiciones de trabajo.

Desde su creación, en 1991, y hasta hace muy poco, en la CONAE no hubo representación sindical y los trabajadores nunca habían hecho reclamos de forma colectiva. A finales de 2021 eso cambió: en la Asociación de Trabajadores del Estado se formó la Comisión CONAE a partir de la preocupación de los trabajadores por sus bajos salarios, y también porque esa situación provoca que muchos migren al ámbito privado o a instituciones del exterior. Esto ha generado un desmembramiento de los equipos de trabajo en un sector en el que la formación de recursos humanos es crítica y lleva mucho tiempo.

El delegado de ATE CONAE en Córdoba, Emiliano Baum, habló con TSS sobre la situación actual de los trabajadores de la institución: “La situación de los trabajadores de CONAE, como la mayoría de los trabajadores de la Argentina, se fue deteriorando a partir de 2016, y fue de mal en peor hasta 2019. En 2020 las paritarias empezaron a emparejar con la inflación y este año también, pero nunca se recuperó lo que se perdió”.


Centro Espacial Teófilo Tabanera, perteneciente a la CONAE, en Córdoba.


A diferencia de lo que pasa en otros sectores de la economía, hay áreas en la CONAE que tienen mucha demanda en el mercado laboral, tanto interna como externa, por lo que resulta difícil retener a especialistas muy demandados. “Tenemos compañeros que se van a trabajar a Holanda, Alemania u otros países europeos, fundamentalmente, porque es con quienes tenemos más coordinación, así que el traspaso de CONAE a cualquiera de esos otros países que están en la ESA o la NASA es casi transparente, porque las tecnologías que usamos, el hardware y la forma de organizarse, es muy similar. Pero también pasa en el mercado interno, sobre todo en el área de IT (por tecnologías de la información), en empresas como Globant, Mercado Libre y otras más chicas que están surgiendo y hacen minería de datos o machine learning”, explicó Baum, que es trabajador de la estación terrena Teófilo Tabanera, en Córdoba, y se desempeña en el desarrollo de software.

El año pasado hubo aumentos salariales para el sector científico superiores a los del resto de trabajadores del Estado, pero el personal de la CONAE no quedó incluido en ellos. Y las nuevas modalidades post pandemia también afectaron las relaciones laborales: la presencialidad plena empieza a ser resistida por trabajadores que pueden conseguir trabajos mejor pagos con modalidad híbrida. “En el Estado Nacional todavía no está claro cómo va a ser la metodología en la modalidad de vuelta a lo presencial. Han hecho volver a un montón de gente y no está claro que se vaya a permitir una modalidad mixta y eso un problema. Hoy no volvimos a un modo 100% presencial pero tampoco está claro por cuanto tiempo será así. Ese conjunto de situaciones, después de un algunos años de maltrato, hace que algunas personas se vayan”.

En noviembre del año pasado se realizaron las primeras reuniones de la Comisión Interna en CONAE pero no fueron recibidos por las autoridades, ya que todavía no formaban parte de un sindicado de manera formal. Para lograr ser recibidos se afiliaron a ATE y al día de hoy son 60 trabajadores afiliados, sobre una planta de 240.

En los últimos dos años, el financiamiento de la CONAE ha crecido de forma sostenida y se reactivaron proyectos que el Gobierno anterior había cancelado, como el Tronador. “Proyectos hay, los que trabajan en la CONAE nunca te van a decir que no a un proyecto nuevo. Los que nos quedamos no lo hicimos por la plata, te quedás porque te gustan los proyectos. El problema es que es muy difícil llevarlos adelante desde las carencia de recursos humanos. En la CONAE hay inversión para desarrollar actividades nuevas pero se está yendo la gente. Le pregunté a Paz (Juan Pablo, secretario de Articulación Técnico Científica del MINCYT), qué es lo que quieren para la CONAE, si debe ser un sellito de goma que firme contratos o que lleve a cabo las actividades. Y la respuesta es que ellos creen que CONAE tiene que ser el núcleo, pero entonces tenemos una contradicción. Si hay presupuesto pero dejás que la gente se vaya hay un problema. Acá somos tres personas con experiencia en IT sosteniendo la estación de Córdoba, la estación de Tolhuin, lo que quedó en Marambio, el proyecto de la estación de la Base Belgrano en Antártida y las nuevas antenas, y nuevos proyectos que van a entrar, y eso así no puede funcionar”, dice Baum.


En los últimos dos años, el financiamiento de la CONAE ha crecido de forma sostenida y se reactivaron proyectos que el Gobierno anterior había cancelado.


La situación actual también arrastra consecuencias de los fuertes recortes que sufrió el área durante los cuatro años del Gobierno de Mauricio Macri, en los que casi todos los proyectos fueron desfinanciados. “Durante el macrismo fue un desastre, hubo que ponerse abajo de la mesa y resistir, hacer andar lo que había porque no entraba ni un peso. A VENG directamente la hicieron pedazos”, agregó.

El área de acceso al espacio tiene un costo importante pero también le permitiría a la Argentina generar conocimiento de forma temprana en una industria que tiene un desarrollo muy importante, como es el caso de la satelital, que además es una industria generadora de divisas y de trabajo de alto valor agregado. En una entrevista brindada a TSS, Marcos Actis, presidente de la empresa estatal VENG, afirmó que el fundamento de la empresa es el acceso al espacio (proyecto Tronador) y que la empresa tiene que hacer lo que no hace la industria privada.

Sobre este punto, Baum opinó que “se fue gente que estaba en la cabeza del proyecto Tronador y mucho conocimiento adquirido se fue con esa gente. Si se va la gente te corre el presupuesto, te corren las elecciones y ahí vas a querer tener algo volando para las elecciones, y es posible que se haga volar algún satélite chico. Pero el deseo y la realidad no van de la mano”. Y agregó: “El proyecto del lanzador satelital no existe sin trabajadores. Lo mismo la CONAE. Surgirá otra cosa, será otro modelo de desarrollo y harán crecer a alguna subsidiaria en la que el Estado gastará dinero y no será dueño de ese conocimiento, que será de un privado que después lo entregará al mejor postor”.

Para esta nota, TSS intentó comunicarse con voceros de la CONAE y VENG, pero no fue posible obtener respuestas por parte de estas instituciones.



El despegue de la Astropolítica
La conquista humana del espacio exterior ingresa en una nueva fase en la que nuevas realidades geopolíticas terrestres, desde la desglobalización a los conflictos, se proyectan en las iniciativas científicas, tecnológicas, militares y económicas de Estados que compiten y se reagrupan en bloques. ¿Habrá gobernanza espacial?




La interminable lista de misiones a la Luna, Marte y más allá en el espacio exterior programadas para los próximos años desborda las expectativas sobre fabulosos descubrimientos, pero todas ellas se inscriben en una carrera que, al cabo de ocho décadas, sigue respondiendo al entramado geopolítico que impera en la Tierra.

La conquista humana del espacio comienza a espejar velozmente en nuestros días la transición desde una fase de tres décadas en la que dominó la cooperación internacional a otra de formación de bloques astropolíticos, con reminiscencias de la Guerra Fría bajo cuyo sino comenzó la epopeya de los primeros viajes orbitales.

Así como la conquista de la Luna quedó marcada por la carrera entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, la planificación de misiones y la construcción de estaciones espaciales se ve fuertemente influenciada por la ratificación de las ambiciones de Washington y Moscú, pero ahora desafiadas por el ascenso de China, la creciente autonomía de Europa y la participación de naciones asiáticas.

Cooperación y negocios


Estación Espacial Internacional (ISS) orbitando la Tierra.


Tan lejos como en 1967, impulsado por la URSS, el programa Interkosmos incluyó a casi todos los miembros del Consejo de Asistencia Económica Mutua (COMECON) -los países del bloque oriental, con otros Estados socialistas como Mongolia y Vietnam- y hasta Francia, Reino Unido, Japón, Austria, Siria e India.

El Tratado de las Naciones Unidas sobre el Espacio Exterior de 1967 establece que ningún Estado puede reclamar ninguna parte del espacio. Luego, el Acuerdo de la ONU sobre la Luna de 1979 impidió su explotación comercial, pero varios países (EEUU, China y Rusia) se negaron a firmarlo y sólo tiene 18 Estados parte.

En 1998, cuando China ya era vista como un competidor para Occidente, el mundo asistió al montaje de la primera Estación Espacial Internacional (ISS), fruto de una cooperación que acopló módulos de Estados Unidos, Rusia, Canadá, Japón y la Agencia Espacial Europea, pero excluyó expresamente a Beijing, en un anticipo de las dificultades que le esperan a la incipiente gobernanza espacial.

En paralelo a las actividades de la ISS, China desarrolló entonces sus propios programas espaciales, con sondas, módulos de aterrizaje, rovers y hasta su propia estación espacial Tiangong (2022), un gran esfuerzo que -como para el resto del mundo- implica la movilización de recursos científicos, pero también económicos.

Público y privado

La vida cotidiana en la Tierra, desde la de las personas que se comunican como nunca antes en la Historia hasta grandes corporaciones que comercian con sus datos -bajo la atenta vigilancia de los Estados-, ofrece muestras de sobra la incidencia económica de los frutos científicos y tecnológicos de la carrera espacial.

Es imposible explicar la actualidad de actividades como la agricultura o las telecomunicaciones, la navegación o la meteorología, sin tomar en cuenta los desarrollos tecnológicos nacidos de la carrera espacial, como los satelitales.

En esa continuidad, grandes corporaciones formadas durante las últimas dos décadas al impulso de las nuevas tecnologías orientan inversiones millonarias al espacio (los “astromillonarios” Jeff Bezos o Elon Musk son casos muy conocidos) con el visto bueno de Estados necesitados de más inversiones y tecnología (EEUU invirtió 54,1 mil millones en 2021, contra 10,3 mil millones de China).




Respecto de 1957 o 1969, cuando la URSS puso en órbita el Sputnik o EEUU llevó al hombre a la Luna, algunos Estados cuentan con una participación mucho más amplia del sector aeroespacial privado, tecnológica y financiera. Tres empresas privadas (Blue Origin, SpaceX y Dynetics) desarrollarán aterrizadores para los alunizajes de la NASA. En 2020, SpaceX llevó astronautas hacia y desde la ISS, y Bezos provee con Starlink un servicio privado de Internet que abarca 32 países y al menos 1.800 satélites.

De EEUU a China y los BRICS




China, la gran potencia aeroespacial emergente (lanzó su primer satélite en 1970), creó su Administración Espacial Nacional en 2003 con un presupuesto anual inicial de unos 300 millones de dólares, a través de su Corporación de Investigación y Ciencia Aeroespacial, pero en 2016 permitió la participación de empresas privadas que ya invierten unos 1.500 millones de dólares al año, según la prensa estatal.

La administración de la información que circula por el espacio -en forma de miles de millones datos recopilados y transmitidos a través de satélites, naves, estaciones y telescopios- implica un potencial financiero, político y militar que mueve a los Estados a reunir todos los recursos posibles para mantener o ganar hegemonía en la geopolítica terrestre. Las proporciones de ese esfuerzo son menores que en la Guerra Fría, pero enormes: la astropolítica como extensión de la geopolítica.

En 2019, Estados Unidos creó una nueva rama de sus fuerzas armadas, la American Space Force, una evidencia de la proyección que en términos de defensa harán las principales potencias desde la Tierra sobre un escenario espacial. Así, ante cualquier amenaza externa, la ciberseguridad ya importa tanto como un ejército convencional. En la guerra de Ucrania, la información recopilada desde el espacio está siendo, sin duda, determinante para Kiev y para Moscú.

Para Washington, el control y explotación del espacio ultraterrestre tendrá un rol decisivo en la “competencia entre grandes poderes” del Siglo XXI. La Estrategia Espacial de Defensa publicada por el Departamento de Estado en 2020 reconoce que los “dominios de la guerra” ya se extienden más allá de los confines de la Tierra.

Por su parte, Beijing asignó en 2004 una importancia de primer orden al espacio exterior. A lo largo de las últimas dos décadas, tanto comunicados de las máximas oficinas gubernamentales como documentos del Ejército Popular de Liberación detallaron la prioridad de tutelar la informatización de la guerra y las amenazas de cualquier tipo de dependencia en la carrera espacial. Incluso la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) contempla apartados sobre el control satelital del transporte y el monitoreo ultraterrestre de los proyectos de infraestructura y comercio.

La falta de cooperación internacional, al margen de definir conflictos armados o desigualar el desarrollo pacífico, puede adicionalmente afectar de manera directa los esfuerzos científicos por hacerle frente a problemas globales de fondo, como el cambio climático, la biodiversidad y la inseguridad alimentaria, para los cuales los conocimientos derivados de la carrera espacial pueden ser determinantes.

A su vez, desde 2021, la cooperación del Grupo BRICS en teledetección incluyó seis satélites y cinco estaciones terrestres. Para seguir, China prevé un plan de desarrollo en dos etapas. Una primera etapa, de constelación virtual de cinco satélites, uno de cada país miembro, y una segunda de cooperación más coordinada, de acuerdo con los planes de desarrollo espacial de cada uno.

Según la CNSA china, en enero de 2022 China tenía 499 satélites en órbita y 169 para Rusia, 61 para India, 13 para Brasil y 3 para Sudáfrica.

Bloques en formación




La desglobalización en marcha, ya descrita por un sinnúmero de analistas, está trasladando sus lógicas, mecanismos y conflictos a la actividad aeroespacial de los Estados que protagonizan las iniciativas y los proyectos más ambiciosos.

Coordinada por Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá y la Agencia Espacial Europea (1975, 22 países), la ISS -heredera de la Mir rusa- recibió desde 1998 a 253 astronautas que realizaron más de 3.000 experimentos. Pero el conflicto en Ucrania impactó en ese modelo de cooperación.

Como parte de las sanciones por el conflicto en Ucrania, la UE excluyó a Moscú de sus dos programas de investigación más importantes (Horizonte Europa y Horizonte 2020) y la ESA suspendió hasta 2024 el proyecto conjunto ExoMars, para explorar Marte en busca de pruebas de vida pasada, con una inversión de 1.500 millones de euros. Rusia, por su parte, cortó la venta de cohetes a Estados Unidos y suspendió lanzamientos desde la Guayana Francesa.

Rusia tenía planeado dejar la ISS en 2024 para dedicarse a su propio desarrollo espacial, pero por ahora la estatal rusa Roskosmos proporciona los cohetes que usa la estación internacional para mantenerse en su órbita a 400 km de la Tierra.

Moscú condiciona ahora ese aporte a que Occidente levante las sanciones impuestas por su invasión de Ucrania, aunque el sector privado puede terminar salvando ese problema, según la ESA, que considera dejar la gestión de la órbita cercana al planeta a empresas para dedicarse a la exploración espacial.

Mientras tanto, en la última década China ha lanzado más de 200 cohetes, envió una misión no tripulada a la Luna (Chang'e 5), 14 astronautas al espacio (contra 340 de EEUU y 130 de la URSS-Rusia) y, en junio pasado, lanzó la nave Shenzhou 14, para acoplarse con otros módulos e inaugurar a finales de año su propia estación, el Palacio Celestial, primera competencia de la ISS. El país ya dispone de una tercera generación de satélites orbitales, Beidou-3, que le garantiza la cobertura del GPS.

En paralelo, esta fragmentación de esfuerzos exhibe a la nueva Agencia Espacial Africana (55 países), la Agencia Espacial de América Latina y el Caribe (7) y el Grupo de Coordinación Espacial Árabe (12). Japón, Corea del Sur, Rusia y Emiratos Árabes Unidos preparan sus propias misiones lunares, mientras India lanzó su segunda gran misión a la Luna y proyecta su estación espacial en 2030.

Luego están los Acuerdos Artemisa, liderados por Estados Unidos desde 2020 y acompañados por otros 17 países, con el objetivo de devolver personas a la Luna para 2025 y establecer un marco de gobierno para la exploración y la minería en el satélite, con una estación en su polo sur, pero también en Marte y otros planetas.

En 2019, Rusia y China unieron fuerzas para enviar también humanos a la Luna y montar una Estación Internacional de Investigación Lunar, pero en 2026. Moscú y Beijing rechazaron sumarse a los Acuerdos Artemisa coordinados por Washington.

En este mosaico de asociaciones, puede mencionarse también la Organización de Cooperación Espacial Asia-Pacífico, creada en 2005, liderada por China e integrada por Bangladesh, Irán, Mongolia, Pakistán, Perú, Tailandia y Turquía, para desarrollar y lanzar satélites y activar el sistema de navegación BeiDou, un GPS chino.

Hay países, incluida Argentina, que sin dominar toda la cadena de desarrollo espacial posee competencias básicas, específicamente satelitales, pero también Emiratos Árabes o Australia, jugarán también su papel en la gobernanza espacial, encuadrados en algún bloque o bien desplegando un juego autónomo.

Presente y futuro


Estación Espacial Tiangong (Palacio Celestial), de China.


Hay expertos que al describir este “florecimiento de la economía espacial” y la multiplicación de misiones proyectadas, trazan paralelos con el siglo XV, entre las armadas comerciales marítimas de España, Portugal, Francia, la República Holandesa e Inglaterra que colonizaron Asia, África, Oceanía y América, y los complejos industriales espaciales actuales que pueden reeditarlo en el espacio.

Así, evocando la Compañía de las Indias Orientales, la Compañía de la Bahía de Hudson o la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, señalan a naciones con vocación espacial que cultivan patrocinadores privados para sus programas -desde los años 60 dirigidos, financiados y operados desde lo público- e imaginan una próxima colonización que, sin embargo, llevará mucho más tiempo y necesita evitar los errores históricos cometidos en la Tierra hace cinco siglos.

Periódicamente, científicos especializados identifican misiones de investigación planetaria para toda una década por venir y lo hicieron este año en el Planetary Science and Astrobiology Decadal Survey 2023-2032, que pone énfasis esta vez en Marte, una luna de Saturno, Encélado, y otros planetas.

Por ahora, estas son las misiones que dominan el panorama de 2022:


El Telescopio Espacial James Webb, de la NASA.


Sucesor del Hubble, el Telescopio Espacial James Webb (JWST), de la NASA, lanzado en 2021, comienza este año a realizar observaciones científicas. Es el más potente, más complejo y más caro hasta hoy. La agencia lanzará este año un cohete de Space X para explorar el asteroide metálico Psyque desde 2026.

. Este año también partirá hacia la Luna el Artemis-1 de la NASA, que estrenará el cohete gigante SLS para enviar la cápsula no tripulada Orión. El programa Artemisa se propone culminar en 2025 con una misión tripulada que incluya al menos una mujer. También planean llegar pronto a la Luna la japonesa JAXA, la india ISRO y la rusa Rokocosmos, además de Emiratos Árabes Unidos y Corea del Sur.

. Los privados también planean llegar este año a la Luna. La misión Intuitive Machines 1 (IM1) llevará el robot Nova C y la IM2 buscará taladrar el polo sur del satélite para tomar muestras del suelo. El robot Peregrine, de Aerorobotic, irá a la Luna con el cohete Vulcan Centaur, de United Launch Alliance, un “taxi” no tripulado para trasladar experimentos científicos y hasta seis pasajeros desde y hacia la ISS.

. La agencia europea ESA continuará la misión del Solar Orbiter, esta vez en torno de Venus, para observar mejor el Sol, mientras China programó su primera misión al Sol e India el lanzamiento del telescopio solar espacial, el Aditya-L1. Los europeos también planean lanzar la misión Jupiter Icy (JUICE), que debería llegar al Sistema Joviano en 2029 y estudiar durante tres años Ganímedes, Europa y Calisto.


La luna Júpiter, de Saturno, desde la nave Voyager.


También seguirá con sus misiones Space X, que planea probar Starship, un gran cohete reutilizable para transportar hasta 100 toneladas a la órbita baja, satélites para ampliar su red de internet Starlink. En marzo, concretó el primer vuelo turístico privado a la ISS (55 millones de dólares pagó cada uno por pasar una semana en la estación espacial, en la que tres japoneses habían estado en 2021).

. La nave europea no tripulada BepiColombo, de la ESA, hará un segundo sobrevuelo de Mercurio, a donde llegó en 2021; la misión DART, de la NASA, llegará a una luna del asteroide Dídimos para modificar su órbita y la Juno sobrevolará a 350 km de altitud Europa, una luna de Júpiter.

. Las empresas Boeing y ULA lanzaron a la ISS la cápsula no tripulada Starliner, en abierta competencia con los servicios que empezó a prestar Space X.