domingo, 6 de septiembre de 2026

9 años después vuelve Eduardo Elsztain, accionista de Falkand Island Co.

9 años después vuelve Eduardo Elsztain, accionista de Falkand Island Co.
No es una novedad lo de La Nación 2026 porque Clarín 2017 ya publicó Eduardo Elsztain, accionista de Falkand Island Co. (y nadie se inmutó).


Eduardo Elsztain y Javier Milei.

Jorge Liotti en La Nación: "(...) Quienes conocen el entramado de Westminster aseguran que jamás una propuesta de ese tipo pasaría por el filtro del Parlamento británico por el lobby kelper y la influencia sobre un grupo de legisladores de la Falkland Islands Company, empresa que históricamente manejó la economía y la vida política de las islas (y que curiosamente tiene como accionista minoritario desde 2017 al empresario argentino Eduardo Elsztain). (…)".

En verdad, Eduardo Elsztain se convirtió en accionista minoritario de la Falkland Islands Company en 2017, tras realizar una oferta a través de un fondo registrado en Uruguay para adquirir la mayoría del Falkland Islands Holding.

El fondo Dolphin Fund Limited, ligado a Elsztain, intentó comprar el control de la compañía que gestiona gran parte de la economía en las Islas Malvinas. Hubiese resultado un 'golpe de efecto' importante.

Pero directivos británicos rechazaron la oferta de manera tajante al señalar que su presencia "no era bienvenida".

A pesar de la negativa inicial, Elsztain logró ingresar como un accionista minoritario de la emblemática compañía británica que opera en las islas.



Clarín, 2017

Vayamos a la crónica de Natasha Niebieskikwiat en Clarín 13/03/2017:

“Billonario argentino en una oferta en las Falklands”, dice el enorme titular del diario británico Evening Standard cuya información Clarín pudo confirmar de fuentes empresarias en Londres, Malvinas y Buenos Aires. Eduardo Elzstain, uno de los pocos empresarios argentinos con proyección global, hizo una oferta a través de una de sus compañías en Uruguay para comprar parte de la Falkland Islands Holding Group Plc. El presidente y accionista mayoritario de IRSA es dueño de la mayoría de los shoppings del país, de edificios de oficinas, hoteles y de una de las mayores agropecuarias, además de participar en el Banco Hipotecario y tener inversiones en Israel.

Entre tanto, en Malvinas no sólo ya tomaron nota de “las transacciones” que hay “en la mesa” y a través de un comunicado, el gobierno local señaló que “cualquier propuesta de cambio de dueños que afecte los activos en las islas serán puestos bajo escrutinio de la legislación legal".

La FIH es el emblemático miniconglomerado de las Malvinas, que en el pasado tuvo un esquema netamente colonial, siendo la corona británica su dueño principal. Hoy, ya transformado, mantiene muy diversos negocios y funciones. Es el mayor operador comercial, con 60% de mercado, a través de supermercados y locales.

Además, es dueño de 40 propiedades para alquiler, concesionaria y alquiler de camionetas 4 x 4 y servicios para pesca, entre otros. Pero lo que es central a la idea de que un argentino se convierta en uno de sus principales accionistas se vuelve resonante porque el FIH sigue siendo el mayor dueño de la tierra de Malvinas.

Entre lo que cuenta la prensa británica y lo que pudo saber Clarín es que el Dolphin Fund, uno de los instrumentos financieros de IRSA, pero con oficinas en Uruguay, envió una oferta a la Falkland Islands Holding. “Dolphin Fund Limited (“Dolphin”) anuncia que ha enviado una carta al Directorio de la FIH para pedir información que le permita evaluar una oferta en efectivo con premio a la actual oferta de Staunton Holdings Limited (“Stauton”) de 300 peniques, por las acciones del capital emitidas y por ser emitidas de la FIH que aún no posee Dolphin”.

Lo curioso, y desconocido hasta ahora es que hoy, a través de Dolhpin, Elsztain ya es dueño de un 2,54 % de las acciones de FIH.

“Dolphin desea entrar en un diálogo con FIH y su mayor accionista con la vista puesta en una oferta recomendada y en curso. Dolphin anuncia su propuesta como un medio para encarar el proceso futuro”.

La oferta inicial para FIH llegó de parte de la firma Staunton Holdings Limited, ligada a la familia Rowland, dueña a su vez del 22,65% del conglomerado. Staunton tiene, por su parte, 2,34%. Uno de los miembros de la familia, Edmund Rowland, es presidente ejecutivo a su vez de FIH, y ha dicho que no quiere a Dolphin con más acciones en el Holding.

El Evening Standard señala que la oferta de Staunton sería por 37 millones de libras y que a través del fondo Dolphin, Elsztain elevaría ese monto en efectivo. El diario señaló que igual esta es una prueba para la primera ministro Theresa May: si va a aceptar o no que “empresas extranjeras”, tengan propiedades en las disputadas islas.

Más elegante que el periódico, el presidente de la Asamblea Legislativa de Malvinas, Barry Elsby, dijo que, “como en cualquier país”, lo que van a hacer en el archipiélago es ver si el movimiento de Elsztain juega o no “contra los intereses nacionales”.



El giro por Malvinas. Entre la oportunidad y la ilusión de una intervención trumpista
El Gobierno aprovechó una frase del presidente de EE.UU. pero no coordinó la nueva postura; los diálogos reservados para lograr un involucramiento de la Casa Blanca y el abordaje regional del conflicto.
por Jorge Liotti



Mare nostrum. “Si usted me pregunta, para mí en las Malvinas no hay petróleo en cantidades suficientes para hacer explotación comercial”. Guillermo González había llegado a esa conclusión a mediados de 1995, después de haber sido el negociador principal de la Cancillería para alcanzar el único acuerdo formal que se firmó con el Reino Unido. Durante más de un año se había reunido en forma secreta con su contraparte británica en distintas ciudades del mundo, de Bogotá a Yakarta, de Seúl a Nairobi, para pulir el documento que significaba un cambio profundo en la relación bilateral. Esa declaración estableció una zona específica de 21 000 km² al sudeste de las islas, donde ambos países cooperarían para fomentar la exploración y explotación de hidrocarburos. Todo bajo la protección del paraguas de la soberanía a partir del cual se habían reestablecido las relaciones.


Los cancilleres del Reino Unido y de la Argentina, Robin Cook y Guido Di Tella.

Era la primera vez después de la guerra que la Argentina lograba un reconocimiento de parte de Londres de algún tipo de derecho sobre las aguas circundantes. Como contrapartida, se aceptaba implícitamente que los isleños podrían lanzar licitaciones en otras áreas, muy urgidos ante un cuadro económico complejo en ese momento. “Los kelpers iban a avanzar de todos modos, así que fue un logro arrancarles esta concesión”, admitían entonces en Cancillería. Todavía no había despegado la pesca ni el turismo, que con los años se transformarían en los pilares de la economía local.

El acuerdo nunca prosperó y en la zona conjunta no hubo ningún tipo de desarrollo. Pero los isleños sí empezaron una intensa tarea para capitalizar las otras áreas de exploración. En 2007, Néstor Kirchner decidió cancelar el pacto, al entender que “no tuvo ventaja alguna para nuestro país, exponiéndolo por el contrario a continuas medidas unilaterales ilegítimas por parte del Reino Unido”, según palabras del entonces canciller Jorge Taiana.


Junto a Veteranos de Guerra, Taiana y jefes de las FFAA rindieron honores a los caídos durante el hundimiento del crucero ARA “General Belgrano” en el lugar donde fue el ataque británico. Ministerio de Defensa

Durante años la exploración petrolera isleña solo generó frustraciones, porque no había hallazgos o porque no tenían un potencial que justificara su costosa extracción offshore. La empresa Rockhopper, una de las pioneras en la materia, se había hecho fama en el mundo oil & gas por utilizar su potencial supuesto en Malvinas para capitalizarse, aunque sus perforaciones no fueran tan promisorias. Si bien en 2010 encontró la mayor reserva en la cuenca de Sea Lion, tardó 15 años más en avanzar, porque los costos eran muy altos, los precios de mercado no justificaban y los riesgos jurídicos del conflicto con Argentina disuadían a posibles socios. Hasta que encontró un socio clave en la israelí Navitas y se reactivó el proyecto.


Una plataforma de exploración petrolera en cercanías de las islas Malvinas.

En el medio cambiaron dos condiciones clave. La primera, la tecnología evolucionó de modo tal que las perforaciones cobraron mayor precisión y eso permitió contar con una mayor exactitud en la exploración y explotación. González no tenía esa información hace 30 años. La segunda, el precio del barril se elevó sustancialmente en los últimos tiempos, garantizando la rentabilidad del negocio. La expectativa es que a partir de 2028 se empiecen a extraer de Sea Lion 50.000 barriles diarios.

Si se cumple esa proyección, la ecuación económica de las islas cambiará definitivamente porque le garantizará la previsibilidad de la que carece. La pesca del calamar Loligo tuvo una mala temporada este año y sembró la alarma por el efecto de la depredación (la venta de licencias representa casi el 60% de los ingresos). Y el turismo de cruceros es oscilante y focalizado en el período estival. El gran temor de fondo que siempre vivieron los kelpers residió en no poder sostener sus propias cuentas (con excepción de la defensa, que asume Gran Bretaña) y que eso lleve a una desconexión progresiva de Londres. El petróleo neutralizaría definitivamente ese fantasma.

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Carpe Diem. Fueron 72 horas de vértigo insular. Donald Trump, el gran provocador, arrancó el lunes con una frase con su sello: “Siempre reviso todas mis posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, respondió ante una consulta sobre la histórica posición de neutralidad de Estados Unidos frente al conflicto entre la Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas. La reacción de indignación de Londres fue inmediata. Allí la impresión es que el jefe de la Casa Blanca pegó debajo del cinturón para expresar su disgusto por la falta de apoyo militar en Irán y en el presupuesto de la OTAN.


Donald Trump esta semana en el salón Oval de la Casa Blanca, donde habló de Malvinas. Jacquelyn Martin - AP

En la Casa Rosada, en cambio, la frase fue interpretada como una circunstancia única para cambiar la agenda y capitalizar un tema que siempre les había reportado más disgustos que gratificaciones. Nunca un presidente norteamericano había siquiera balbuceado una posibilidad semejante y, aunque se tratara del inestable Donald, la ocasión era ideal para elaborar un discurso épico.

La discusión se dio al día siguiente en la reunión de Gabinete. El canciller Pablo Quirno informó sobre el asunto y se abrió una conversación. Gravitó especialmente la postura de Santiago Caputo, quien entendió que había una oportunidad y trató de guiar la conversación hacia la opción de armar una cadena nacional. Quienes estuvieron allí, coinciden en que Milei no estaba particularmente interiorizado en el tema, pero que se entusiasmó con la propuesta.


El Presidente encabezó una reunión de Gabinete en Casa Rosada. Presidencia

Entre el asesor y el canciller trataron de darle forma en 48 horas a una serie de iniciativas en las que venían trabajando pero que hasta entonces estaban dispersas, para transformarlas en un discurso presidencial. “Buscamos aprovechar una circunstancia, que fue la frase de Trump. Fue la excusa válida que actuó como disparador para plantarnos sobre el tema”, admite francamente una de las personas que estuvo al tanto de ese movimiento. Milei siempre pareció más atraído por el impacto de la puesta y la sintonía con EE.UU. que por el trasfondo real de los anuncios. Pero en definitiva logró plantarse en un eje temático que siempre le había resultado incómodo.

¿Hubo algún guiño o coordinación entre la Casa Rosada y la Casa Blanca para el anuncio? En el Gobierno señalan que en Washington solo “fueron informalmente notificados” para que estuvieran al tanto. Algunos observaron sugestivamente el encuentro que Milei tuvo en Chile, pocas horas antes de grabar la cadena nacional, con la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, Sarah Rogers. Pero sí parece claro que la ofensiva de esta semana por Malvinas fue una decisión autónoma, amparada en los gestos previos de Trump.


El presidente Javier Milei mantuvo un encuentro con la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública de los Estados Unidos, Sarah Rogers

Sin embargo, hay indicios de algunos movimientos subterráneos menos perceptibles. Durante el mismo jueves de la cadena nacional, apenas un rato antes, circuló en ámbitos diplomáticos la versión de que Milei anunciaría una mediación de Estados Unidos en el tema Malvinas, lo que hubiese representado un giro histórico. El rumor era falso, pero su composición tenía algún sentido. Desde hace un tiempo hay un canal informal, a través de la línea de inteligencia, que trabaja con el objetivo de que en algún momento Trump haga un pronunciamiento que rompa el status quo. La expectativa de máxima es que anuncie su voluntad de intervenir entre la Argentina y Gran Bretaña, como un modo de apuntalar la campaña electoral de Milei. Una especie de reversión del tuit de Scott Bessent del año pasado. De ahí para abajo, hay distintas variantes de menor voltaje.

En el Gobierno reconocen estas conversaciones reservadas, “no diplomáticas”, pero admiten que “a priori la idea de la mediación no parece factible”. Afirman que sí están intentando que Estados Unidos incida en la presión que buscan ejercer sobre las empresas que operan en Malvinas, tanto en el sector petrolero, como en otras actividades. En definitiva, que la Casa Blanca se involucre en la nueva estrategia adoptada esta semana. Nunca será parte de las conversaciones oficiales, ni del discurso de Milei. Se mantendrá como un backchannel informal. Por ahora no pasa de ese nivel de conversación y de la categoría de expectativa. En Washington hacen silencio.


Edificio histórico de la Falkland Islands Company en Puerto Argentino

Quienes conocen el entramado de Westminster aseguran que jamás una propuesta de ese tipo pasaría por el filtro del Parlamento británico por el lobby kelper y la influencia sobre un grupo de legisladores de la Falkland Island Company, empresa que históricamente manejó la economía y la vida política de las islas (y que curiosamente tiene como accionista minoritario desde 2017 al empresario argentino Eduardo Elsztain).

Tampoco es fácil decodificar las señales que llegan desde Washington, porque no hay una posición uniforme. El Pentágono es el más activo en el tema Malvinas porque entiende que es una herramienta de presión sobre Londres para que aumente su gasto en defensa al 5% del PBI para 2035. De allí partieron las dos filtraciones que advertían sobre un posible cambio en la histórica postura de neutralidad, en abril a la agencia Reuters y la semana pasada al Daily Telegraph. En el otro extremo se ubica el secretario de Estado, Marco Rubio, quien se encargó de relativizar aquellas filtraciones.


Los secretarios de Guerra y de Estado, Pete Hegseth y Marco Rubio. HEATHER DIEHL - GETTY IMAGES NORTH AMERICA

En el medio está Trump, que parece más enojado por la falta de acompañamiento del Reino Unido en Irán y entonces se suma a la postura del Pentágono, pero sin cruzar la línea de las advertencias. No deja de sorprender que en menos de una semana haya habido una filtración del Pentágono y dos menciones públicas del Presidente sobre el tema Malvinas, cuando nunca fue un tópico en la agenda de la Casa Blanca.

Los más escépticos sostienen que una vez que Trump logre que el premier Andy Burnham atienda su reclamo, se dará vuelta y abandonará el tema. Pero de fondo también hay una visión geoestratégica renovada en Washington que apunta esencialmente a garantizar la seguridad hemisférica. Este viraje implica abandonar la lógica horizontal que imperó desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que ató a Estados Unidos a la seguridad europea con la vista puesta en la confrontación con la Unión Soviética, y pasar a una lógica vertical para proteger el área de influencia continental, pero ahora en previsión de una disputa global con China.


El primer ministro británico Andy Burnham saliendo de su despacho en el 10 de Downing Street, esta semana. Stefan Rousseau - PA

Bajo esta concepción, expresada en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre pasado, adquieren trascendental importancia los pasos interoceánicos, desde el Ártico hasta la Antártida. Por esa razón Trump presionó sobre Groenlandia y el canal de Panamá, y ahora busca garantizar un entorno seguro en el Atlántico Sur. En este contexto el tema Malvinas adquiere significación porque desde el pensamiento de la Casa Blanca es una disputa irrelevante frente al objetivo superior de ahuyentar la presencia china de la zona.

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Res non verba. En el mensaje de Milei del jueves este abordaje integral fue replicado. El tema Malvinas fue incluido como parte de una estrategia más general que incluye Tierra del Fuego, el Atlántico Sur y, fundamentalmente, la Antártida. Es la novedad más importante del discurso porque entraña un modo de encarar el conflicto desde una visión más amplia y multifacética. El reclamo de soberanía por las islas no puede estar escindido de un mayor desarrollo de infraestructura en el cono sur, de las capacidades navales en el pasaje de Drake y el Atlántico, y de una proyección estratégica de cara a la futura renegociación del Tratado Antártico, con su potencial mineral ahora más evidente.

Estados Unidos también inspiró otras de las novedades que anunció Milei y que desde hace tiempo venía rumiando Santiago Caputo: la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, que integraría a actores de Defensa, Economía, Cancillería y la SIDE. Se supone que permitiría una mirada más coordinada de los asuntos estratégicos, aunque no haya tradición en el país en un órgano de esas características. En general, cada área tiende a llevar sus propias líneas de tareas.


Santiago Caputo ingresa a Casa Rosada. Hernan Zenteno

El viernes hubo un respaldo a este proyecto cuando se decretó una partida de $218.000 millones para Defensa, mayormente para avanzar con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego y terminar la Base Petrel, en la Antártida; y de paso otros $30.519 millones adicionales para la SIDE.

El capítulo de las sanciones a empresas y personas involucradas en la exploración petrolera retomó una experiencia de la etapa kirchnerista, cuando en 2011 se sancionó una ley con ese objetivo que no tuvo eficacia porque no había compañías involucradas en las islas interesadas en el continente al mismo tiempo. De hecho una de las penalizadas fue Navitas, ahora socia de Rockhopper.


Pablo Quirno, esta semana en Iguazú, en la 47° Conferencia Anual del IAEF. Captura

En el Gobierno dicen ser más optimistas ahora a partir de la revalorización del potencial hidrocarburífero de la Argentina por Vaca Muerta, que resultaría más tentador para empresas que estaban mirando las Malvinas como un objetivo. Ayer difundió un listado de 45 firmas como un modo de demostrar determinación, y se sumarían varias más, con una novedad: el proyecto del ley que se enviará al Congreso incluirá también a prestadores de servicios logísticos, financieros, seguros, entre otros. Cancillería también gestionó el pronunciamiento de las tres principales proveedoras de servicios petroleros, que anunciaron que no intervendrán en las islas. Es la primera vez que Milei avanza con eventuales sanciones a privados a partir de la defensa de un objetivo nacional del Estado. Ya habrá tiempo para ordenar la retórica.

De hecho en la cadena nacional del Presidente hubo otras licencias narrativas importantes. La primera, porque implicó un giro en su posición habitual sobre Malvinas. Desde antes de asumir el poder Milei se había mostrado comprensivo con los isleños y amable con Gran Bretaña. Ahora mutó radicalmente y volvió a la consigna de la “causa nacional” que abonaron otros gobiernos.


Javier Milei y su Gabinete, en la cadena nacional sobre las islas Malvinas. Presidencia

Pero además porque su mensaje simbolizó una revalorización de ideas clásicas como el Estado, la soberanía y los derechos territoriales, a pesar de que siempre fueron conceptos ajenos a su prédica libertaria y anarquista. Un Milei desconocidamente nacionalista parece haber nacido desde el ánimo mundialista. Esa bandera, como la de Malvinas, era potestad de Victoria Villaruel en la fórmula original. Luce como un intento de recuperación de esas consignas.

Pero el interrogante más profundo reside en saber si Milei está dispuesto a sostener como una política consistente su nueva estrategia hacia Malvinas, que se aleja de la seducción de Guido Di Tella, pero está alineada con Estados Unidos; que tiene un aire a la confrontación kirchnerista, pero sin igualar el tono del discurso antibritánico. Será la única manera de disipar las naturales críticas opositoras por su carácter “oportunista”. También para enfrentar el escepticismo ciudadano, que desde hace décadas viene escuchando reivindicaciones malvineras de tribuna.



Juego de patriotas y de oportunistas

Juego de patriotas y de oportunistas
Por Jorge Fernández Díaz


Margaret Thatcher y Leopoldo Galtieri.

“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”. La metáfora marítima de Antonio Machado refiere a que un navegante inteligente no insiste vanamente en ordenarle al viento que modifique su dirección: lee bien su orientación y acomoda la vela para aprovecharlo. Javier Milei se cansó de esperar a que el viento impulsara su velero económico, clavado en desesperantes aguas estancadas, y tuvo una ocurrencia táctica después de leer correctamente las brisas malvineras. Ha resuelto que, a pesar de ruegos y consejos, no moverá un dedo para reanimar la pobre economía real, porque cualquier intento implicaría necesariamente una salida keynesiana, y buscó un recurso antiguo en el fondo del arcón de la política.

Malvinas fue, para Galtieri y Thatcher, menos un genuino anhelo patriótico que una pragmática oportunidad doméstica. Otros mandatarios argentinos la utilizaron con menos drama y tragedia, pero con idénticos propósitos; el nuevo navegante sólo se suma a esta vieja tradición del mar de los oportunistas. Un tuitero de su círculo íntimo lo celebró con una frase corta: “Milei acaba de ganar las elecciones presidenciales de 2027”. Se trata, por supuesto, más de una hipótesis y una expresión de deseos que de una noticia real. Pero el giro drástico, con medidas que casi nadie podría objetar, es un golpe en la mesa, busca crear una agenda nueva con una causa noble, embarga e incomoda a sus opositores y anhela el unanimismo. Es una jugada astuta, de un presidente acorralado. Las incoherencias con respecto a la gestión que durante casi tres años llevó a cabo el mismo gobierno libertario -remando muchas veces contra los intereses argentinos en Malvinas- son varias y ya han sido denunciadas en medios y redes durante las horas ulteriores a la cadena nacional. Menos pensadas son otras cuestiones, que se agazapan bajo la punta del iceberg y condicionan a quienes de la noche a la mañana se convirtieron en anticolonialistas, y que por lo tanto son amateurs en soberanismo.

Para Milei estamos en plena primavera, y si la gente siente este “frío emocional” y lo acusa en su víscera más sensible (el bolsillo) no es porque le falte dinero, sino porque el “maldito periodismo” le implantó en el cerebro esa falsa sensación

Reclamar la unidad nacional, dentro de este nuevo contexto, conspira contra el irreductible y salvaje divisionismo que los libertarios practican. También el nacionalismo requiere de dos cosas intragables para un libertario a ultranza: un Estado fuerte (y no desmantelado) y mayor gasto público. Defender una “causa sagrada” no sale gratis. Jactarse, por ejemplo, de haber destrozado los salarios estatales -Milei lo hizo irreflexivamente esta misma semana quizá pensando en que aludía a los ñoquis- no conecta muy bien con esta nueva visión: no solo licuaron los sueldos de policías, médicos y enfermeros, sino también de militares y gendarmes, fundamentales para garantizar vigilancia y soberanía en fronteras y confines. Tampoco luce adecuada una pelea personal y frívola con Brasil, principal socio comercial y decisivo para cualquier acompañamiento diplomático en estas circunstancias. Los anuncios del Topo que viene a Destruir el Estado son presentados como medidas nuevas, pero solo vienen a empujar proyectos preexistentes (una base naval en Ushuaia que fue sacrificada por el equilibrio fiscal) y leyes que ya estaban en marcha pero en estado de hibernación: eran demasiado reguladoras y proteccionistas.

De nuevo: ¿cómo transfomar a un anarcocapitalista en un “patriota”, eufemismo con el que La Nueva Derecha global disfraza su corriente de nacionalismo puro y duro? He aquí la tensión operativa e ideológica de pronóstico reservado que encara, si todo esto no es mera retórica, el gobierno del León. Por lo pronto, asoman detrás de todo esto el trumpismo, que se ha caracterizado por ser poco fiable -voluble y sumamente ciclotímico en su política exterior-, y la “nueva doctrina de seguridad nacional”, que propicia Washington y estudia y diseña el mileísmo en foros intelectuales, y que amenaza denominar “terrorista” a cualquier disidente. Milei utilizó esa misma palabra en Chile: “Sabemos que [los zurdos] tienen los medios comprados para ejercer terrorismo psicológico sobre la población. Hasta financian terroristas, les ponen dinero para que les hagan piquetes en cualquier parte del mundo a los defensores de la libertad”. El pinochetismo cool es así. Cuando el presidente de la Nación elogió el modelo económico de ese sanguinario dictador, un forista de este diario escribió irónicamente: “El que también fue excelente fue el gobierno de Hitler. Eliminó la inflación en Alemania en tiempo récord, haciendo numerosas obras de infraestructura y potenciando la industria metalúrgica.” Sobre un filo inestable entre lo tenebroso y lo farsesco hace equilibrio toda esta movida virtuosa, y algo de esas dos materias parece animar un incipiente patrullaje estigmatizador -traidores a la patria- sobre quienes presenten objeciones o renuencias a las ideas de los flamantes “patriotas”. Que ya tienen la fe de los conversos. 

El principal asesor presidencial -nunca se sabe bien si en serio o en broma- tuiteó una orden dirigida a las Fuerzas del Cielo: los críticos del discurso de su jefe deben ser tratados ahora como “agentes de la corona británica. Márquenlos”. Más temprano que tarde, por ese camino, todos estaremos marcados, y seremos la antipatria. Todo huele a parodia, y se inscribe en un momento que Guillermo Oliveto -notable auscultador del ánimo social- describió el lunes de este modo: “Disminuyen la esperanza y la ilusión; crecen la preocupación y la tensión... dominan la incertidumbre y el temor. En algunos casos se llega a la angustia y hasta la decepción. En otros, todavía ‘se quiere creer’. La sociedad atraviesa el invierno de su estado anímico”. Para Milei, sin embargo, estamos en plena primavera y si la gente siente este “frío emocional” y lo acusa en su víscera más sensible (el bolsillo) no es porque le falte dinero, sino porque el “maldito periodismo” le implantó en el cerebro esa falsa sensación. El Presidente, para respaldar esta calurosa primavera que nos prodiga, utilizó una metralleta de números magníficos, que economistas serios han refutado a lo largo de toda la semana. Esos guarismos -por camelo o por autoengaño- le permiten a Milei -como antes hacía el cristinismo- echarles la culpa del desánimo general a los medios. 

Para los populismos de derecha e izquierda, los ciudadanos de a pie son estúpidos y borregos: mentes pasivas que se dejan convencer de cualquier cosa, incluso de que la están pasando mal y la guita no les alcanza. Luego Milei sumó a esta teoría fantástica otra más conveniente: Macri fracasó porque se acobardó frente a las catorce toneladas de piedra, pero sobre todo porque la prensa percudía su modelo día y noche y generaba un clima adverso. Interesante, porque el panelista más destacado de aquel sistema de medios era precisamente el propio Milei, que trabajaba para limar a Cambiemos y para instalar la inminencia de una catástrofe. Esta intensa performance mediática del León, con un objetivo claramente destructivo y funcional al regreso del peronismo, sucedió dos o tres años después de haber oficiado como el principal asesor económico en la campaña Daniel Scioli Presidente. La credibilidad libertaria, contra lo que ellos piensan, es cada día más baja, y entonces no sabemos con certeza, en estas horas de patriotismo impostado, si todo esto es un manto de neblina, o una máquina de humo.



Las sanciones de Milei a petroleras de Malvinas impactan en la trama de traders y servicios de Vaca Muerta

Las sanciones de Milei a petroleras de Malvinas impactan en la trama de traders y servicios de Vaca Muerta
El castigo si se aplica realmente alcanza a proveedores, financistas y accionistas. El mercado de traders, seguros y servicios petroleros está concentrado en pocas multinacionales que incluyen capitales británicos.
Por Luciana Glezer



La decisión de Javier Milei de sancionar a todas las empresas que participen de la explotación petrolera alrededor de Malvinas amenaza con causar problemas en la explotación de Vaca Muerta y otros yacimientos de la Argentina continental, si es que el Presidente habló en serio en su mensaje por cadena nacional.

El Presidente y su canciller, Pablo Quirno, anunciaron que las sanciones alcanzarán a accionistas, directivos y proveedores, sin importar su nacionalidad. Si cumple con ese criterio, Argentina deberá cerrarles la puerta a compañías que también necesita para desarrollar Vaca Muerta y su propio offshore.

Quirno incluso festejó este sábado que Halliburton anunciara que iba a respetar la decisión de Milei y no operaría en Malvinas. El detalle es que esa empresa -una de las más grandes en servicios petroleros- no opera en Malvinas. Es decir, no está alcanzada por las sanciones. No sucede lo mismo con otras corporaciones globales de la industria.

El caso más evidente es Noble Corporation, uno de los gigantes mundiales de la perforación offshore. Un reporte internacional del mercado de plataformas identifica al semisumergible Noble Endeavor con un contrato para una campaña de once pozos en Sudamérica a partir de fines de 2026 que lo ubica en el yacimiento Sea Lion de las Malvinas. La cantidad coincide exactamente con los once pozos previstos para la primera etapa del proyecto. La petrolera israelí Navitas confirmó que el contrato de la plataforma está firmado, aunque mantiene bajo reserva el nombre del proveedor.

El problema es que Noble trabaja para la Argentina. TotalEnergies contrató a la compañía para perforar el yacimiento Fénix frente a Tierra del Fuego. Noble llevó la plataforma Noble Regina Allen hasta la Cuenca Austral para perforar los tres pozos horizontales del desarrollo.

La misma compañía especializada que Argentina necesita para perforar frente a Tierra del Fuego aparece ahora en la maquinaria que permitirá producir petróleo alrededor de Malvinas. Ese es el dilema que se esconde detrás del anuncio. El petróleo offshore funciona con un reducido club mundial de empresas capaces de perforar a cientos de metros de profundidad, operar barcos de producción, construir instalaciones submarinas, asegurar una plataforma o conseguir miles de millones de dólares para financiar un desarrollo. No hay demasiados reemplazos disponibles.

Si Milei cumple con el anuncio que hizo por cadena nacional, debería sancionar a Noble Corporation que aparece como la firma que provee las plataformas para sacar el petróleo de Malvinas. Esta firma es también la que extrae gas en el proyecto Fenix, frente a Tierra del Fuego. El Gobierno debería cancelarle ese permiso.

Otro nombre directamente involucrado es Bluewater Energy Services. Navitas contrató a la compañía para aportar el Aoka Mizu, el FPSO sobre el que descansará Sea Lion. El Aoka Mizu es prácticamente una refinería flotante. Recibirá el petróleo de los pozos submarinos, separará los fluidos, procesará y almacenará el crudo y permitirá cargarlo sobre los tanqueros que después lo llevarán al mercado internacional. Sin Aoka Mizu no hay Sea Lion.

La reconversión del barco ya suma más compañías a la lista. ICE Marine Design Group fue contratada para realizar trabajos de ingeniería sobre el casco. También aparecen proveedores vinculados a la enorme red de equipos que debe instalarse para conectar once pozos submarinos con una planta industrial que flota en medio del Atlántico Sur.

El CEO de Noble Corporation, Robert Eifler junto al vicepresidente de TotalEnergies, Thomas Gautherot.
 
La telaraña llega rápidamente al sistema financiero. Macquarie Bank aparece directamente vinculado a la estructura de Sea Lion. La sociedad británica mediante la cual Navitas desarrolla el proyecto constituyó en diciembre de 2025 una garantía sobre sus activos a favor del banco australiano, en los mismos días en que el proyecto cerró su financiamiento. Sea Lion consiguió alrededor de 1.000 millones de dólares de deuda senior, divididos en unos 650 millones para Navitas y 350 millones para Rockhopper. Macquarie no es solamente un banco. Es uno de los grandes jugadores mundiales en financiamiento de petróleo y gas.

Por el lado de Rockhopper aparecen Canaccord Genuity y Peel Hunt. Las dos firmas son brokers de la petrolera británica y participaron de sus operaciones de capital. Canaccord funciona además como asesor de Rockhopper en el mercado de deuda de Londres.

Otro engranaje es Netherland, Sewell & Associates, NSAI, una de las grandes consultoras internacionales de reservas. NSAI evaluó los recursos de Sea Lion para Navitas y realizó una nueva certificación para Rockhopper. Sobre esos informes se construyó la operación y la búsqueda de financiamiento que la hizo posible.

La consultora NSAI fue la que certificó las reservas del yacimiento Sea Lion de Malvinas, lo que permitió financiar la operación. Esa consultora trabajó con YPF en yacimientos de Neuquén y Mendoza. Las nuevas sanciones de Milei deberían prohibirle operar en la Argentina.

NSAI no es ajena al petróleo argentino. La consultora trabajó en evaluaciones de reservas de YPF en las cuencas Neuquina y Cuyana y mantiene vínculos con el ecosistema petrolero local. Este año representantes de la compañía participaron en Buenos Aires de actividades técnicas vinculadas a la evaluación de reservas, algunas realizadas en la torre de YPF.

La lista puede crecer mucho más. Ese es el problema para las sanciones. El mercado mundial de servicios petroleros está concentrado en gigantes como SLB, Halliburton, Baker Hughes y Weatherford. Para instalaciones submarinas, el club vuelve a achicarse alrededor de empresas como TechnipFMC, Subsea7 y Saipem.

SLB, Halliburton, Baker Hughes y Weatherford, al mismo tiempo, forman parte del engranaje cotidiano de Vaca Muerta. La Argentina necesita sus equipos, tecnología y servicios para aumentar la velocidad de perforación y fractura que requiere el salto exportador que proyecta Milei.

Pero el cuello de botella es aún más delicado en los seguros. Ninguna plataforma offshore, buque licuefactor, refinería flotante o campaña de perforación de esta magnitud puede operar sin cobertura.

El nombre del broker que estructuró el programa y la nómina de aseguradoras y reaseguradoras que tomaron el riesgo de garantizar la operación en el mar que circunda las Malvinas no fueron revelados. Es uno de los secretos más importantes de la estructura de Sea Lion. El problema es que ese mercado también está concentrado. Marsh, Aon y WTW están entre los pocos grandes brokers capaces de estructurar coberturas energéticas internacionales de semejante escala. Los tres operan en Argentina.

Sea Lion necesita además traders capaces de comprar cargamentos, conseguir barcos, financiar inventarios y colocar los barriles entre las refinerías internacionales. Otra vez aparecen pocos nombres: Vitol, Trafigura, Gunvor, Glencore y Macquarie, además de las grandes mesas comerciales de Shell, BP, Chevron y TotalEnergies.

Varias ya están profundamente conectadas con Argentina. Trafigura construyó una posición importante como compradora de crudo Medanito y desarrolló infraestructura petrolera en Bahía Blanca. Vitol también compra petróleo producido en Argentina.

La contradicción se vuelve todavía más visible con las petroleras. TotalEnergies, que contrató a Noble para Fénix, es uno de los grandes productores de gas de Argentina.

La presencia británica en la cadena argentina, por tanto, está lejos de limitarse a alguna empresa marginal, forma parte de la trama densa del negocio petrolero. Buena parte del mercado internacional de seguros, financiamiento, servicios marítimos y trading que necesita la expansión petrolera argentina tiene una fuerte conexión con Londres. Por eso la tensión que el giro malvinera causó con el ministro Toto Caputo, como reveló LPO.

La amenaza anunciada por Milei consiste precisamente en utilizar el mercado argentino como arma: una compañía que contribuya a producir petróleo alrededor de Malvinas puede quedar impedida de trabajar en el territorio continental.

Pero lo curioso es que en el mercado petrolero nadie cree que las sanciones anunciadas avancen en serio, por el impacto que causaría en uno de los pocos sectores que funcionan en la economía argentina. "Va a quedar en nada", afirmó a LPO el ejecutivo de una firma importante del sector.

La potencia del castigo depende de que Argentina esté realmente dispuesta a prescindir de jugadores claves para su propio desarrollo petrolero. Ahí está el efecto búmeran que deberá administrar el Gobierno.

Para intentar aislar Sea Lion, Milei necesita amenazar a compañías que le dan financiamiento, tecnología, perforación, seguros y mercado. Pero el gobierno libertario quiere acelerar Vaca Muerta y avanzar sobre su propio offshore. Para conseguirlo necesita exactamente a ese mismo puñado de empresas que ahora debería sancionar.

Sea Lion ya dejó atrás la etapa de las promesas. Navitas Petroleum, de Israel, controla el 65% y la británica Rockhopper Exploration conserva el 35%. Las compañías tomaron la decisión final de inversión y proyectan unos 2.100 millones de dólares para la primera etapa. Frenar esa operación no será sencillo, como dejaron en claro este viernes ambas petroleras, con un comunicado que ninguneó sin piedad el anuncio de Milei.



Malvinas y Sea Lion: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Milei?

Malvinas y Sea Lion: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Milei?
Los cruces corporativos entre el petróleo ilegal en Malvinas y los negocios en la Argentina desnudan las fisuras del anuncio presidencial: las sancionadas son inalcanzables, mientras las empresas con contratos vigentes en el país quedaron fuera de la lista.
Por Nicolás Lantos


Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum están avanzando en la construcción de las instalaciones en tierra en Puerto Argentino en las Islas Malvinas.

La red de proveedores e inversores vinculados con Sea Lion, el proyecto petrolero ilegal en el Mar Argentino, al norte de las Islas Malvinas, está estrechamente entrelazada con operaciones económicas instaladas en la Argentina. El gobierno prometió castigar estas relaciones; hacerlo requerirá tocar intereses muy concretos.

Los vínculos van desde empresas que tienen contratos vigentes en proyectos locales a grupos financieros con títulos de compañías que operan en el país. Los cruces se refrendan en documentos corporativos, informes técnicos y presentaciones bursátiles, a los que tuvo acceso El Destape.

Los cruces entre el petróleo ilegal de Malvinas y las inversiones en Argentina

Bluewater Energy Services es la empresa holandesa que es dueña del Aoka Mizu, el buque de producción y almacenamiento flotante de petróleo que encabezará las primeras etapas de extracción de hidrocarburos en el territorio ocupado. También brinda servicios para Vaca Muerta Oleoducto Sur, un proyecto encabezado por YPF.

Bracewell, un estudio jurídico que asesora a Navitas en Sea Lion, negoció hace pocas semanas el ingreso a Vaca Muerta de uno de sus clientes. Harbour Energy, sancionada desde el año 2013 por actividades hidrocarburíferas no autorizadas en la cuenca de Malvinas, fue beneficiada por el RIGI en un proyecto conjunto con la petrolera estatal.

Esos son casos concretos, que el gobierno deberá sancionar si quiere mantener su palabra. Otros no implican necesariamente una incompatibilidad legal, pero dan cuenta del entramado promiscuo de negocios y política. Los inversores detrás del proyecto tienen en sus carteras una tajada importante de activos argentinos.

Medidas y cadena nacional: el giro del Gobierno de Milei ante el avance de Sea Lion

La SIDE se adjudica méritos en haber detectado el peligro que significa Sea Lion para la soberanía, pero la decisión final de inversión se había adoptado oficialmente el 10 de diciembre de 2025, hace casi diez meses. La noticia recibió amplia cobertura en algunos medios cuando las Malvinas todavía eran mala palabra en Casa Rosada.

Recién el 3 de septiembre de 2026, en cadena nacional, el presidente Javier Milei anunció medidas para reforzar la aplicación de sanciones contra actividades hidrocarburíferas realizadas sin autorización argentina en los espacios marítimos de las islas. También anticipó una propuesta de reforma legislativa para endurecer el régimen.

El canciller Pablo Quirno dijo al día siguiente que las compañías deberán elegir entre participar en esas actividades o desarrollar negocios en la Argentina. Entre los blancos de las sanciones habló de “proveedoras de servicios petroleros, financieros, seguros, etcétera”. Una decisión en el camino correcto, de cuya aplicación aún caben dudas.

La cuenta de X llamada Oficina del Presidente comunicó el viernes que Cancillería había dispuesto el inicio de procedimientos contra 45 personas humanas y jurídicas por haber incurrido en conductas prohibidas por la ley 26.659, sancionada en 2011. El decreto 868 incorporó declaraciones juradas sobre el cumplimiento de la ley al trámite de adhesión al RIGI y a la obtención de permisos y concesiones.

Entre esas 45 empresas no figuran algunos casos flagrantes de incompatibilidad. El más notorio, quizás, es el de Bluewater. La empresa proveerá dos sistemas de boyas de amarre y carga para el proyecto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), un megaproyecto de infraestructura que tiene entre sus socios a YPF.

Bluewater es titular del Aoka Mizu, una unidad flotante de producción y almacenamiento de petróleo que va a ser protagonista de Sea Lion. De acuerdo a una respuesta publicada en Infobae, el consorcio VMOS asegura que la contratación de esa empresa cumplió los procedimientos de control y la normativa nacional vigente.



Según la versión del consorcio, al momento de la firma del contrato, el 12 de junio de 2025, Bluewater “no mantenía relación alguna con empresas vinculadas al proyecto Sea Lion”. Sin embargo, ya desde enero del año pasado se sabía que el Aoka Mizu estaba siendo sometido a un proceso de adaptación para operar en el Atlántico Sur.

Hay otros casos. Hatch, una firma global de ingeniería y gestión de proyectos, elaboró un estudio de impacto social de Sea Lion para Navitas en junio de 2025. Un año más tarde, en junio de 2026, la minera NOA Lithium anunció un acuerdo de servicios con esa empresa para su proyecto en Río Grande, Salta.

El estudio jurídico Bracewell asesoró a la empresa israelí en materia de comercialización y acuerdos de compra destinados a fondear Sea Lion. Simultáneamente, a comienzos de julio de este año, representó a la italiana Eni ante YPF en un acuerdo para adquirir participación en tres bloques de Vaca Muerta.

Cambio de nombre y beneficio del RIGI: las contradicciones alrededor de Harbour Energy

Las contradicciones del gobierno de Milei respecto a Malvinas saltan a la luz con el caso de Premier Oil y Harbour Energy. Premier había recibido en 2013 una inhabilitación por quince años para desarrollar actividades en la Argentina, cuando se le detectaron actividades hidrocarburíferas no autorizadas en el Atlántico Sur.

El 31 de marzo de 2021 Premier Oil cambió su nombre a Harbour Energy. Ambas son la misma empresa y comparten el mismo número (SC234781) en el registro británico de empresas. El nombre era otro, pero la empresa era la misma y las sanciones deben aplicarse de la misma forma. No sucedió.

Harbour Energy ahora tiene una participación del 15 por ciento en Southern Energy, el proyecto de GNL en el que YPF posee un 25 por ciento de las acciones. La resolución 559/2025, firmada por Luis Caputo y publicada el 5 de mayo de 2025, aprobó el ingreso de ese proyecto en el generoso Régimen de Incentivo a Grandes Inversores.

Fondos de inversión e intereses económicos detrás del proyecto petrolero en Malvinas

La lista de 45 tiene una lógica que conviene leer con cuidado. Incluye a Harel, Migdal, Phoenix y Meitav, por administrar unidades de Navitas con ahorros de jubilados israelíes, e incluye a fondos como Vanguard, Dimensional y First Eagle por ser accionistas de Noble Corporation, la contratista de la plataforma de perforación.

Una curiosidad: Vanguard Portfolio Management LLC tiene 302 millones de dólares en Noble y 140 millones en MercadoLibre; el grupo Vanguard en conjunto supera los 400 millones en la empresa de Galperin. La promiscuidad hace difícil trazar una línea y no existe ninguna chance de que Argentina sancione a Vanguard.

Ahí está el problema. La lista apunta ahí donde el Estado no tiene con qué castigar: gestoras de pensiones en Tel Aviv, fondos pasivos en Pensilvania, corredores minoristas en Londres. Y deja afuera a los que sí tienen algo que perder en la Argentina: Bluewater, Bracewell, Hatch, Harbour Energy.

Las leyes heredadas de gobiernos peronistas le brindan al gobierno las herramientas necesarias para sancionar duramente a estas empresas. Lo que falta saber es si Milei está dispuesto a usarla contra intereses concretos o si el todo va a terminar donde empezó: en una cadena nacional.



Navitas, la petrolera israelí de Malvinas, consiguió financiamiento citando la "inacción" de Milei en el reclamo de soberanía

La petrolera israelí de Malvinas consiguió financiamiento citando la "inacción" de Milei en el reclamo de soberanía
"El proceso de decisión de inversión se completó sin interferencia alguna por parte del gobierno argentino", destacó apenas unos meses atrás el directivo de la petrolera Navitas.



Javier Milei se subió a la causa Malvinas a casi tres años de llegar a la Rosada en los que permitió que dos empresas extranjeras avanzaran en los proyectos para explotar petróleo en la cuenca norte de las islas.

El presidente sacó pecho en la cadena nacional del jueves para anunciar que endurecería las sanciones para ese tipo de empresas que ya están previstas en una ley sancionada en 2011, durante el gobierno de Cristina Kirchner.

La ley 26.659 prohíbe participar, financiar o prestar servicios para actividades hidrocarburíferas no autorizadas en la plataforma continental argentina y permite inhabilitar a quienes la infrinjan por hasta 20 años.

De hecho, en 2022, el gobierno de Alberto Fernández aplicó esa ley contra la empresa israelí Navitas, inhabilitándola por veinte años. "La sanción, máxima prevista en la Ley 26.659, declaró clandestinas las actividades de la firma israelí, que opera el proyecto Sea Lion junto a Rockhopper. El proceso se inició en 2021 junto a Harbour Energy, que se retiró tras las intimaciones", dijo Aníbal Fernández, ex ministro de Seguridad del gobierno de Alberto.

"Otras compañías habían sido alcanzadas por la misma normativa en años anteriores. Las herramientas legales que se presentan hoy como anuncio ya existían y se utilizaron", dijo Aníbal.

Milei, por el contrario, no sólo no sancionó a las empresas sino que permitió que avanzaran como nunca en décadas en sus proyectos de explotación. El pasado 10 de diciembre, es decir, apenas 10 meses atrás, la mismísima Navitas cerró la Final Inversion Decision (FID), la etapa más compleja del proyecto de inversión, que les permitió anunciar que a partir de marzo de 2028 ya estarían extrayendo petróleo de la Cuenca Norte de Malvinas.

En marzo, sus directivos incluso festejaron que Milei los dejó avanzar sin interferencias. "El proceso de decisión de inversión se completó sin interferencia alguna por parte del gobierno argentino y con el pleno respaldo del gobierno de las Islas Malvinas", dijo Amit Kornhauser, directivo de Navitas, hace sólo 5 meses.

"Las recientes declaraciones del presidente argentino Milei indican que apoya el derecho a la autodeterminación de los habitantes de las islas y no considera este asunto como una cuestión política que requiera intervención", dijo entonces Kornhauser, refiriéndose a una de las veces que Milei avaló la "autodeterminación" de los kelpers.

"El hecho mismo de que los socios lograran asegurar la financiación del proyecto, obtener un seguro contra riesgos políticos (PRI) de bajo costo y firmar acuerdos con contratistas principales de primer nivel demuestra que la cuestión geopolítica no está obstaculizando el avance del proyecto", dijo el directivo de Navitas.



Malvinas: ¿causa sagrada o utilización de lo sagrado?

Malvinas: ¿causa sagrada o utilización de lo sagrado?
Las sanciones a las empresas Rockhopper y Navitas Petroleum anunciadas por Milei abren una serie de interrogantes tanto en el plano internacional como en la política interna.
Por Daniel Santa Cruz


Milei, en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, al cumplirse el 44° aniversario del inicio del conflicto bélico entre Argentina y Reino Unido, el 2 de abril de 2026[e]MARTIN ZABALA

“Nuestras fuerzas armadas están en alerta las 24 horas del día, los 7 días de la semana para proteger al Reino Unido y nuestros intereses”, señaló un portavoz de Downing Street, poco después de que el ministro de Defensa, Wes Streeting, señalara: “Las Falklands son británicas porque sus habitantes eligen ser británicos. Las declaraciones de Milei dicen más sobre la política interna de la Argentina que sobre las islas”. También se sumó al debate el exprimer ministro Boris Johnson, que calificó a Milei de anglófilo y que el Reino Unido debía “tomar el control y enviar refuerzos a las Malvinas”. Aseguró además que “el gobierno británico debe afirmar que las islas son británicas y demostrar ese compromiso con el envío inmediato de más aviones, tropas o barcos”.

Estas declaraciones son importantes porque habría que ir a lo más profundo de los archivos para encontrar posiciones públicas británicas con un componente marcadamente bélico respecto a nuestras Islas Malvinas. Es evidente que está vez sí molestó lo señalado por el presidente argentino, no por lo que pueda representar en sí mismo, sino porque hoy no se ignora que el presidente de EE.UU, Donald Trump, está detrás de esta iniciativa. Si el problema fuera lo que se dice en la política doméstica, cabe recordar que Néstor y Cristina Kirchner nunca fueron diplomáticos cada vez que se refirieron a la soberanía del archipiélago, por su peronismo en sangre, pero también por su pertenencia patagónica -en Santa Cruz y Tierra del Fuego la “causa Malvinas” siempre ocupó un lugar diferente que en Buenos Aires- pero, aun así, nunca inquietaron al Reino Unido. El mismo Boris Johnson, en el G7 de Munich de 2021, abrazó y llevó aparte al presidente Alberto Fernández, para decirle: “Alberto, basta de juegos, Inglaterra tiene que hacer negocios en la Argentina” y el expresidente le contestó que antes debía “hablar de soberanía en las islas”. Cuentan los testigos que Johnson se sorprendió, porque consideraba que el tema de las islas estaba superado. Pero si de referencias históricas se trata, hay que viajar hasta el 20 de marzo de 1985, cuando el presidente Raúl Alfonsín fue ovacionado en el Congreso de los Estados Unidos. Ese día les dijo a los representantes: “señores, la paz que procuramos no es solo evitar conflictos y guerras, también se trata de evitar que se sustraigan importantes recursos de nuestras economías”, y llamó a un diálogo abierto con el Reino Unido. Hace 41 años ya se reclamaba sobre el tema de la explotación de los recursos naturales en tierras argentinas.

Sería injusto no reconocer que Milei acertó al anunciar sanciones a las empresas que depreden esos recursos en nuestras tierras y aguas, porque también hay que incorporar el tema pesca, pero esto ya había sucedido en gobiernos anteriores, no solo en lo discursivo, sino también en los hechos: las sanciones a empresas que operan en el Atlántico Sur, anunciadas el jueves, ya ocurrieron. Amparados en la ley 26.659, de 2011, por ejemplo, las dos empresas que llevan adelante el proyecto de Sea Lion no operan en territorio continental argentino desde hace tiempo debido a sanciones: Rockhopper fue sancionada en 2013 y Navitas Petroleum en 2022, pero siguieron actuando sin problemas en las islas al considerar legales las licencias otorgadas por ellas. De hecho, apenas se conoció el discurso de Milei, ambas petroleras anunciaron que seguirán adelante con su proyecto, para el que ya adquirieron dos plataformas marítimas de perforación y extracción de crudo. Ahora el gobierno deberá mostrarse capaz de llevar adelante esas sanciones con éxito, es decir, que se interrumpa la explotación del petróleo y la pesca en los mares lindantes a las islas, algo que las gestiones anteriores no lograron.

El consorcio británico Rockhopper hizo públicas en julio pasado imágenes que muestran el avance en la construcción en Puerto Argentino de áreas de almacenamiento de materiales. Rockhopper

El papel de Milei en la cuestión Malvinas es curioso, y despierta desconfianza en muchos sectores. Es sabido que se manifestó más de una vez como admirador de Margaret Thatcher, incluso dijo tener en su despacho un cuadro de ella. El mismo jueves estuvo en Chile y descalificó la figura de Salvador Allende -presidente elegido democráticamente- y reivindicó al dictador Augusto Pinochet, que abiertamente colaboró con el Reino Unido en el conflicto de 1982. El 2 de abril del año pasado, en su discurso de homenaje a los caídos en la guerra, dio que esperaba que los isleños nos “elijan con los pies”, dando a entender que reconocía su derecho a la autodeterminación, algo taxativamente vedado en nuestra Constitución. Pero el Milei que habló por cadena nacional fue otro. Más allá de que la mitad de su discurso tuvo un tono de “campaña” y autorreferencial, con su tinte patriótico intentó copar la agenda política y lo logró: desde el caso de corrupción del exjefe de Gabinete Manuel Adorni el gobierno no instalaba un tema de gestión en la conversación pública, lo que puede constituir un éxito en lo inmediato. Claro que ahora deberá sostenerlo con acciones que seguramente darán pie a otras polémicas. La primera será la base militar en Tierra del Fuego y la posible participación de Estados Unidos en ella, algo que urge al gobierno, ya que de inmediato destinó un refuerzo de casi $218.000 millones para el Ministerio de Defensa, de los cuales más de $200.000 millones serán utilizados para avanzar con la construcción de una base naval integrada allí y terminar la Base Petrel, en la Antártida. Seguramente, dentro de los anuncios de Milei, es el único con fuerza y acción inmediata. El posible apoyo del gobierno de Trump en la causa Malvinas tendría una contraprestación y sería esa base militar, como puntapié de una serie de eventos que geopolíticamente le interesan a la gestión estadounidense. Más allá del natural apoyo que suscitan los reclamos de soberanía sobre las Malvinas y de control de los recursos naturales, hay quienes creen que el tema de las sanciones y la seguridad podría esconder el motivo real: la base militar en Tierra del Fuego. “Es como ocultar un elefante rodeándolo de 30 elefantes”, dijo un diplomático en el grupo de chat de amigos: “todo lo de las sanciones es para justificar la instalación de la base militar controlada por EE.UU. en Ushuaia”. Ninguno de ese grupo desafió esa postura.

En la política doméstica los anuncios pusieron a la oposición en un lugar incómodo. Si bien buena parte de ella no ve en Milei a un estadista sino a una persona emocionalmente cambiante, no puede decir que no al “convite patrio”. Tendrá que ayudar, con reservas, pero no podrá negarse. Muchos se sorprendieron cuando el Presidente dijo: “Si hoy no actuamos con firmeza y celeridad, en pocos meses tendrán la capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar, algo que no había ocurrido nunca antes hasta ahora”. Sin embargo, hace más de un año que se conoce el proyecto petrolero y el Presidente al parecer omitió el tema cuando visitó Israel, país aliado, en abril pasado, durante su reunión bilateral con Benjamin Netanyahu. Es tan conocido el avance petrolero en Sea Lion que no necesitaba de un informe de la SIDE para interiorizarse, bastaba ver las novedades con imágenes y datos que la empresa Rockhopper publica en su sitio.

También la oposición buscará no cederle el absoluto control a Milei del anunciado Consejo de Seguridad Nacional, que según se afirma fue una idea del asesor Santiago Caputo, que, con mal timing, dijo un rato después de la cadena nacional del jueves, en su cuenta de X, que “la totalidad de la gente llorando son agentes de la Corona británica. Márquenlos”. Ese pedido de señalamiento a quien opine algo contrario y acusarlo a de “agente británico”, no genera confianza a la hora de ceder las decisiones en cuanto a seguridad. ¿Quién estaría tranquilo de opinar libremente existiendo un organismo que ya advierte, a través del principal asesor del gobierno, que lo van a “marcar”?

La soberanía de las Islas Malvinas es un mandato constitucional, siempre tuvo más o menos interés de los gobiernos y de la misma sociedad en distintos momentos de nuestra historia. Milei necesitaba recuperar la iniciativa política y comunicacional y utilizó la vieja fórmula de la política: apelar a Malvinas, la “causa sagrada”. Nuestra historia reciente nos muestra que, finalmente, siempre pudieron más los problemas económicos y sociales que el reclamo de soberanía, porque en el día a día terminaron imponiéndose las necesidades, sin que esto signifique un menor interés colectivo.

Pasó el tiempo y algo respecto al maniqueísmo político la sociedad aprendió. Ojalá que esta vez no sea así, porque sabemos que la causa Malvinas seguirá siendo “sagrada”, solo si no se la utiliza como trampolín electoral en busca de favores políticos.



miércoles, 2 de septiembre de 2026

Se presentó una acción de daño ambiental y soberano contra las petroleras que operan en Malvinas

Se presentó una acción de daño ambiental y soberano contra las petroleras que operan en Malvinas
Es promovida por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata y Asociación Civil de Abogados, Abogados Ambientalistas contra Rockhopper y Navitas, en el juzgado Federal de Río Grande.


Ambas compañías se disponen a explotar ilegalmente los recursos hidrocarburíferos de la Nación, en el subsuelo marino de la plataforma continental soberana.

El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) La Plata y Asociación Civil de Abogados, Abogado/as y Profesionales Ambientalistas (AAdeAA) contra Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum Development and Production Limited, presentaron hace minutos una ACCIÓN PREVENTIVA DE DAÑO AMBIENTAL DE INCIDENCIA COLECTIVA, contra las empresas Rockhopper Exploration, y Navitas Petroleum Development and Production Limited, quienes operando con ilegítima concesiones adquiridas al gobierno colonial británico que usurpa las islas Malvinas a la Argentina; se disponen a explotar los recursos hidrocarburíferos de la Nación, en el subsuelo marino de la plataforma continental soberana.


Datos:

Expediente FCR 13706/2026

JUZGADO FEDERAL DE RÍO GRANDE, TIERRA DEL FUEGO, ANTÁRTIDA E ISLAS DEL ATLÁNTICO SUR

CARÁTULA: “CENTRO DE EX COMBATIENTES ISLAS MALVINAS LA PLATA (CECIM) Y OTRO C/ ROCKHOPPER EXPLORATION Y OTRO S/ CIVIL Y COMERCIAL – VARIOS

El corazón conceptual de la presentación es la “tutela ambiental soberana”

Sobre un mismo espacio recaen dos bienes jurídicos colectivos e indivisibles: el ambiente y la soberanía. El daño tiene una misma causa —una explotación hidrocarburífera ejecutada sin la intervención de las autoridades argentinas— y una doble incidencia: sobre el ecosistema y sobre la capacidad soberana de la Argentina para decidir, controlar, prevenir y fiscalizar lo que sucede en su territorio.

En la presentación, la soberanía deja de ser una consigna y adquiere una función jurídica concreta. Es la premisa que permite sostener que esas empresas no están desarrollando una actividad extranjera en territorio ajeno, sino una actividad no autorizada en territorio argentino, sujeta a normas argentinas de orden público.

En concreto, le hemos pedido a la Jueza que aplique legislación argentina a dos personas jurídicas privadas (disposición transitoria primera de la Constitución Nacional). Para hacerlo, la demanda sostiene que basta comprobar que se trata de plataforma continental argentina, que la legislación exige evaluación y autorización previas y que esas habilitaciones argentinas no existen.

LA RESOLUCIÓN 31/49 DE 1976

La Resolución 31/49 de la Asamblea General de Naciones Unidas exhorta a Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras permanezca pendiente la solución de la disputa de soberanía. La demanda sostiene que instalar infraestructura petrolera permanente y explotar masivamente recursos naturales durante décadas constituye precisamente una modificación unilateral de esa situación.

El componente ambiental

Además, existe un riesgo ambiental concreto que activa el deber de prevención.

La acción sostiene que las empresas no iniciaron ante la República Argentina el procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental y, por lo tanto, tampoco cuentan con Certificado de Aptitud Ambiental argentino. Eso es central porque la acción contenida en la demanda es preventiva: no hace falta esperar el derrame para actuar.

El escrito trabaja prevención y precaución. La lógica es elemental: cuando el daño puede ser grave e irreversible, el derecho debe llegar antes que el daño. No después.

Los números que conviene recordar

“León Marino” equivale a un “Vaca Muerta 2”. Es petróleo de los argentinos para los argentinos”. El proyecto, según la documentación incorporada a la presentación, prevé 23 pozos: 16 productores de petróleo, 6 de inyección de agua y uno de inyección de gas. El sistema se articularía alrededor de una unidad flotante FPSO con capacidad aproximada para procesar 120.000 barriles diarios de petróleo y 140 millones de pies cúbicos diarios de gas.

La demanda estima aproximadamente 9 millones de toneladas de CO₂ durante el desarrollo y más de 100 millones de toneladas derivadas de la quema del petróleo extraído. También identifica riesgos sobre mamíferos y aves marinas, fondo oceánico, introducción de especies invasoras y derrames.

Además, plantea un elemento geográfico especialmente potente: la Corriente de Malvinas corre predominantemente hacia el norte, por lo que un derrame relevante podría proyectar contaminantes mucho más allá del área inmediata del proyecto, hacia otros sectores productivos y ambientalmente sensibles del Mar Argentino.

Qué se le pidió a la jueza federal de Río Grande, Dra. Mariel Borruto

Como cautelar, inaudita parte, se le requirió una medida de no innovar que paralice el inicio o continuación de las obras: perforaciones, movimientos del lecho marino, oleoductos, infraestructura de fondeo y demás trabajos relacionados con “León Marino” y los pozos adyacentes.

Pero la cautelar tiene una segunda dimensión que es muy interesante: seguir el dinero. Se pide impedir nuevos contratos de financiación, nuevos desembolsos, pagos, transferencias, aportes, garantías u otros actos destinados a hacer posible la continuidad del proyecto. También se solicita comunicar la eventual decisión judicial a organismos y mercados como la Financial Conduct Authority, London Stock Exchange, Israel Securities Authority, Tel Aviv Stock Exchange y New York Stock Exchange, y exigir que las empresas identifiquen quiénes financian, aseguran o participan económicamente del proyecto.

Una cautelar ambiental y soberana efectiva no puede mirar solamente la perforadora. También debe mirar el flujo financiero que la mantiene funcionando.

¿Por qué Río Grande?

La competencia, en consonancia con la soberanía, está construida sobre varias capas. Hay materia ambiental federal por el posible impacto interjurisdiccional; jurisdicción marítima federal; una dimensión constitucional e internacional evidente vinculada con Malvinas; y, territorialmente, la demanda se apoya en las leyes 23.775, 26.552 y 24.400, que integran las Islas Malvinas y sus espacios marítimos a Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y fundamentan la competencia del Juzgado Federal de Río Grande.

Acudir a Río Grande es ejercer jurisdicción argentina. Es soberanía.



lunes, 31 de agosto de 2026

El Pentágono chantajea a Gran Bretaña con quitarle su apoyo como usurpador de Malvinas

El Pentágono chantajea a Gran Bretaña con quitarle su apoyo como usurpador de Malvinas
Para obligar a Londres a elevar su presupuesto militar en la OTAN; Estados Unidos presiona mediáticamente retirarle el reconocimiento diplomático a la ilegal ocupación sobre las Islas Malvinas.


Para Washington no existen aliados sagrados ni causas justas: solo existen intereses de dominación, obediencia militar y la constante amenaza del garrote.

Es la segunda filtración del Pentágono en cinco meses. Fuentes en las que confía el diario londinense The Telegraph, dejan al descubierto los engranajes reales del poder global: Estados Unidos evalúa retirar su reconocimiento a la administración británica de facto sobre las Islas Malvinas, como moneda de cambio para obligar al Reino Unido a elevar su presupuesto militar al 5% del PBI dentro del esquema de la "OTAN 3.0".

Lejos de responder a una convicción descolonizadora, a un imperativo del derecho internacional o a una genuina simpatía hacia el reclamo histórico argentino, la maniobra constituye una abierta extorsión imperialista. Cuando Washington amenaza a su socio colonial e histórico más estrecho para disciplinarlo, exhibe una advertencia inapelable: para la Casa Blanca, las soberanías nacionales son simples fichas de cambio en su estrategia de dominación.

El apriete a Londres: De la OTAN al 5% del PBI

La revelación de The Telegraph detalla el malestar de la administración de Donald Trump ante lo que considera un "reparto de cargas" insuficiente por parte de sus socios europeos. La advertencia del Pentágono no deja margen para ambigüedades:Un alto funcionario del Departamento de Defensa admitió que en las conversaciones "no se descarta nada" en cuanto a opciones de presión.

La secretaria de Prensa del Departamento de Guerra, Kingsley Wilson, reforzó la amenaza al señalar que sus aliados "ya no serán un tigre de papel" y que garantizarán que "hagan su parte".

El jefe de política del Pentágono, Elbridge Colby, reiteró en Bruselas que las naciones rezagadas en su gasto bélico continuarán bajo asedio diplomático mientras Washington reorienta su maquinaria militar hacia el Indo-Pacífico.

Ante esto, la respuesta del gobierno británico de Andy Burnham fue refugiarse en su intransigencia habitual, ratificando a las islas como un supuesto "territorio británico de ultramar soberano". Sin embargo, la sola inclusión de la ocupación colonial de 1833 en el menú de represalias de la Casa Blanca demuestra que la llamada "relación especial" angloestadounidense solo subsiste mientras sirva al interés hegemónico de Washington.

La recurrencia del método: Presión mediática y disciplinamiento

Este episodio no es un hecho aislado. Meses atrás, el escenario internacional asistió a un esquema similar cuando las tensiones por la base de Diego García en el archipiélago de Chagos y los roces en torno a Groenlandia desataron versiones sobre una eventual revisión del respaldo estadounidense a Gran Bretaña. En aquel momento, la difusión de correos internos y trascendidos del Pentágono funcionó como un mecanismo de ablandamiento mediático antes de que los canales formales moderaran públicamente las declaraciones.

El patrón vuelve a repetirse:
1. Filtración estratégica: Se instala en los medios globales la amenaza de retirar el paraguas diplomático en un enclave colonial sensible para sembrar incertidumbre en Londres.
2. Condicionamiento militar: Se exige la subordinación total a las directivas presupuestarias y operativas de la Casa Blanca.
3. Uso instrumental del reclamo argentino: La causa Malvinas es agitada como una herramienta de extorsión contra el Reino Unido, sin ningún compromiso formal de restitución territorial a la Argentina.
El espejismo del gobierno argentino y la amenaza subyacente

En Buenos Aires, la sintonía política entre Javier Milei y Donald Trump ha servido para alimentar un peligroso relato interno. La idea de que la presencia e interés de Washington en el Atlántico Sur y el Pasaje de Drake constituyen la "llave" para recuperar las islas oculta la verdadera naturaleza del tablero.

La diplomacia de la extorsión funciona en dos direcciones:
  • Hoy contra el socio británico: Se amenaza con suspender el aval a su usurpación colonial para forzarlo a triplicar su gasto bélico.
  • Mañana contra la Argentina: Un poder hegemónico que utiliza las Islas Malvinas para extorsionar a su aliado nuclear más antiguo no dudará en aplicar el mismo chantaje sobre nuestro país si en el futuro no se acatan sus exigencias industriales, financieras, energéticas o de alineamiento automático frente a otras potencias.
La entrega de soberanía, la apertura irrestricta de las rutas del Atlántico Sur y el otorgamiento de facilidades logísticas bajo la ilusión de un "protectorado benevolente" ignoran la premisa básica de la geopolítica imperial: quien negocia con un extorsionador global termina invariablemente siendo su próxima víctima.

La causa Malvinas se asienta en el principio innegociable de la integridad territorial, el mandato constitucional y la lucha contra los vestigios del colonialismo internacional. Convertir el reclamo soberano en el subproducto de un apriete de cuentas entre miembros de la OTAN desnaturaliza el derecho argentino. Las revelaciones de The Telegraph confirman que para Washington no existen aliados sagrados ni causas justas: solo existen intereses de dominación, obediencia militar y la constante amenaza del garrote.