domingo, 27 de septiembre de 2009

Tendencia

Naturaleza y tranquilidad: los motivos para mudarse al campo

El ritmo frenético que impone la rutina del Gran Mendoza empuja a -cada vez más- familias a vivir en zonas un poco más alejadas. Aseguran que hay más beneficios que aspectos en contra. Valoran la solidaridad entre los vecinos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Daniel Lanthier y Estela Ríos con sus hijas Rocío y Lila, ya cumplieron dos décadas en su hogar de Cruz de Piedra. Fotos: Claudio Gutiérrez y Walter Moreno.

Ninguno daría marcha atrás con su decisión, sobre todo porque la consideran una de las más acertadas que tomaron en su vida. El contacto con la naturaleza, la tranquilidad y la ventaja en el precio de los lotes son las razones principales por las muchas familias mendocinas optaron por 'huir' de la urbe y radicarse en sectores más rurales.

Aunque admiten que 'gastan' tiempo con las distancias, que no siempre tienen señal de celular, que es difícil hallar buenas escuelas, que algunos servicios son deficitarios... coinciden en que "la lista de los pro es abrumadoramente superior".

Cuando nació Flor, su primera hija, fue que Sergio y Cecilia R. empezaron a rumiar la idea de ofrecerle "otro estilo de vida", lejos del smog y el ritmo frenético de la ciudad.

"Queríamos que tuviera espacio para jugar y una rutina más de pueblo", comenta la pareja, que hace un año cerró las puertas de su departamento en la Cuarta Sección y se mudó a las afueras de Vista Flores. La docente consiguió un cargo en una escuela rural, como quería, y él sigue viajando diariamente a Mendoza "hasta que pueda concretar el proyecto de laburo independiente que tengo", confía.

Los lugareños de estos poblados o comunidades rurales contemplan con cierta curiosidad esta predilección de los foráneos por vivir "donde no pasa nada". Justamente es esa tranquilidad la que los convoca. Incluso quienes huyeron a estos sitios años atrás, lamentan ahora que otros tomen el mismo camino.

"Es impresionante cómo se ha poblado. Antes atravesaba los cerros sin problemas, ahora debo hacer toda una vuelta porque hay construcciones por todos lados", sostiene Inés Rotella.

La escultora construyó en Las Carditas, Potrerillos, su atelier para trabajar allí los fines de semana. Después empezó a quedarse con su esposo algunos días laborales y hoy pasa más tiempo "arriba" que en su casa citadina. "Vivir aquí es maravilloso. Tengo todos los servicios y hasta una proveeduría cerca", sostiene la mujer, que está armando en el lugar un parque para exponer sus esculturas.

El valor de lo simple

"El cielo es más amplio", "no necesitás aire acondicionado porque las noches son frescas", "se pueden ver todas las estrellas", "no tenés el micro tirando una cortina de humo en la puerta de tu casa"... son algunas de las frases que arrojan quienes han huido del circuito urbano.

Marcelino Iglesias, el anterior director de la OSEP, es uno de ellos. Apenas finalizó su gestión, se trasladó a La Primavera, decisión que lo convirtió en un ser afortunado. "Me levanto tempranísimo con el sonido de los pájaros. Y pongo la música clásica a todo volumen, porque no tengo vecinos a quien les pueda molestar", se ríe.

Hubo algo de añoranza en su elección. "Yo nací en un pueblito de Córdoba donde el patio era el campo. No había alambrados ni cercas. Una vez que nos íbamos de viaje, con el micro esperando en la puerta, mi papá no podía girar la llave, pues la cerradura de la puerta se había oxidado por falta de uso. Así crecí y eso buscaba", argumenta.

Un lugar en el mundo

Por haberla "padecido", Víctor Villacorta conoce bien los vaivenes de la vida ajetreada que ofrece la ciudad. Es artista plástico, pero se desempeñó en agencias de publicidad, en medios gráficos, en las áreas creativas de muchas empresas del medio y fue el creador de varios logos que hoy son muy familiares para los mendocinos.

Cuando sus hijos fueron jóvenes -15 años atrás-, él y Mari -su esposa- invirtieron sus ahorros en una casa de fin de semana en Chacras de Coria. Pronto entendieron que ése era el sitio donde querían vivir, "claro que entonces habían pocas viviendas", aclaró el pintor.

El entusiasmo se fue esfumando a medida que "Chacras se dejó avanzar por el efecto Walt Disney", apunta. "De repente todos querían vivir allí. En las juntas vecinales sólo se hablaba de inseguridad. Cambió la mixtura del nivel social de las familias. Habían vecinos que no te saludaban, mis amigos tenían que dar hasta el DNI para pasar a visitarme y nos preguntamos si era eso lo que queríamos", recuerda el hombre.

"Entonces surgió la idea de irnos a La Consulta, pero nuestros hijos no nos dejaron", cuenta Víctor, quien se mudó finalmente cinco años atrás a Los Corralitos. En su lote tiene todo lo que necesita: el atelier para pintar, la huerta de Mari, un espacio verde para que retoce su perro Homero y una casita de colores donde juegan sus nietos. Como extra, las paredes son un gran ventanal.

"En la mañana corremos las cortinas con mi mujer y ése es el plasma frente al cual tomamos mate", dice entre risas.

Allí retomaron el sentirse comunidad. "Nos avisamos cuando alguien no va a estar en casa", apunta Víctor. Pero la solidaridad entre vecinos va más allá de eso: Mari ayuda en la escuela a la hija de su vecina y en el lote hay una gran cancha de fútbol donde todos en el lugar se sienten como dueños.

Vida natural

Como dice Daniel Lanthier, estos sitios se eligen por "una cuestión de convicción". El clan Lanthier llegó a Cruz de Piedra hace 20 años, cuando no había agua corriente ni pavimento, pero se podía vivir sin portones ni rejas. "Buscábamos un lugar apacible. No somos huraños, pero tampoco nos interesaba escuchar lo que hablaban los vecinos al otro lado de la pared", graficó el ahora productor apícola.

Radicarse en esas dos hectáreas del distrito maipucino significó para la familia mucho más que disfrutar de la paz y el aire puro. Allí pudieron sembrar frutales y hortalizas biodinámicos ("son más naturales que los orgánicos", explica el hombre) para el consumo familiar. Los Lanthier son naturistas y elaboran aceite de oliva, néctar de frutas y otros productos que intercambian -en una especie de trueque improvisado- con familias del país que están en su misma sintonía.

Escuela y otros servicios

Estos 'fans' del entorno rural reconocen que no todo allí es paradisíaco. En Los Corralitos llevan dos meses sin línea telefónica. En general, por estos poblados el transporte público de pasajeros pasa poco y cuando quiere. Internet falla muchas veces, así como para algunos tener señal de celular se convierte en toda una odisea. Sin embargo, la dificultad más mencionada es la de no contar con buenas escuelas cerca ni eficientes centros de salud.

"No extraño nada de la Ciudad, salvo el tener los cines y teatros a un paso", reflexiona Daniel. Lo dice un hombre que tuvo que vérselas en figurillas para asegurarle un estudio a sus dos hijas, quienes ahora están en la facultad. "Debíamos caminar kilómetros para esperar el micro. A veces se nos iba el día, yendo y viniendo para acompañarlas a sus distintas actividades", recuerda.

La búsqueda de seguridad no suma ni resta en esta elección. Aunque antes las zonas rurales eran tranquilas, ahora la situación se ha emparejado con la Capital. "No hay ni más ni menos robos. Sólo que aquí nos cuidamos entre los vecinos", apunta Villacorta.

Tierras económicas

El bajo precio de estos lotes es uno de los factores que inclinan la balanza a su favor. Para Alicia Prada, por ejemplo, la opción por Cruz de Piedra fue, al principio, una cuestión de presupuesto. "No habían muchas posibilidades y encontré este terreno accesible, aunque algo alejado", contó la socióloga. Aunque debe viajar al Centro para dar clases, con el tiempo comenzó a disfrutar de esta rutina "sin ruidos y de mucho verde".

Lo cierto es que en estos sitios coexisten hoy distintas realidades. Hasta hace unas décadas, sólo se podían ver unas pocas casas separadas por largas distancias, donde vivían quienes cultivan la tierra. Ahora junto a ellas, emergen los countries o barrios privados, las casas de quienes eligen el medio rural y las de fin de semana. Las últimas, muchas veces, se convierten en problemas.

"Las usan para hacer fiestas. Llegan muchos jóvenes. La música al máximo y a cualquier hora. Mucho alcohol y desorden", denunció uno de los vecinos. Por Gisela Manoni

Los famosos también eligen Mendoza

Los famosos también eligen Mendoza
El futbolista Gabriel Heinze.

Los encantos de las zonas rurales de Mendoza también son elegidos por muchos famosos. Aunque no adquieran las tierras para vivir allí durante el año, algunos invierten en cultivos -sobre todo viñedos- o simplemente tienen estos sitios para pasar unas buenas vacaciones. Uno de los que se inspiran frente al paisaje de viñedos mendocinos es el músico Gustavo Santaolalla.

Es conocido que el compositor se reúne con otros artistas en su pequeña finca de Lunlunta, donde trabaja en nuevos proyectos y elabora los vinos con la marca Don Nahuel. Otro que está en el mismo rumbo, pero todavía no lo concreta es Francis Ford Coppola. El director de cine busca ampliar su línea de vinos californianos y ha puesto su mirada en el Valle de Uco.

Pero la gran novedad en el mapa de inversores vitivinícolas de la provincia está en el ámbito deportivo. Días atrás, se conoció que el ex Puma, Agustín Pichot, adquirió una finca de 400 hectáreas en La Guevarina, Villa Atuel, donde produce vinos y aceite de oliva, entre otros productos.

Ahora se suma a la lista, el conocido jugador de fútbol, Gabriel Heinze. El argentino, que actualmente se desempeña en Francia en el Olympique de Marsella, concretó meses atrás la compra de una propiedad en el proyecto Tupungato Winelands.

Fuente: Los Andes Online

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