Máxima alerta en Israel ante la proclamación del Estado palestino
20/09/11
El gobierno de Netanyahu envió 1.500 soldados a la frontera con
Cisjordania y repartió granadas de humo entre los colonos. Es porque
teme violencia cuando se trate estos días en la Asamblea de la ONU el
reconocimiento de Palestina.
Por Gustavo Sierra
Jerusalen. Enviado Especial
Jerusalen. Enviado Especial
La chica de origen etíope pasa nerviosa las hojas del
pasaporte. Es una soldado israelí del retén de Kalandia, la entrada a
Ramallah, asiento del gobierno palestino. El fusil que lleva en el
hombro se le resbala y le arrastra por el piso. Está preocupada porque
en las últimas horas se elevó el alerta de seguridad. Israel se está blindando en estas horas.
Teme un levantamiento masivo de los palestinos acompañando la
presentación del pedido de reconocimiento del Estado Palestino que hará
el viernes el presidente Mahmoud Abbas ante la asamblea anual de las
Naciones Unidas.
En el antiguo fuerte británico de la Mukata-a,
ahora la sede gubernamental, aseguran que es todo una “fábula israelí”,
que los palestinos seguirán el histórico momento de la presentación en
Nueva York por televisión como si fuera una final de un mundial de
fútbol. Aunque admiten que “al final puede haber unos cuántos festejos”.
Eso, en la jerga de estas colinas ásperas de las afueras de la
milenaria Jerusalén, significa un enfrentamiento.
Los “festejos”,
en general, terminan en esa clásica foto de Oriente Medio en la que
unos muchachos palestinos tiran piedras a otros muchachos de su misma
edad con uniformes verdes de los soldados israelíes y que responden con
balas de goma y gases lacrimógenos. Por esa razón, el gobierno de
Benjamin Netanyahu envió otros 1.500 soldados para reforzar la seguridad en Cisjordania,
intensificó los controles en los 573 retenes (cifra de la ONU) que
mantiene en los territorios palestinos y repartió granadas persuasivas
de humo y sonido entre los 300.000 colonos judíos que viven en los
asentamientos de las zonas ocupadas.
También el ministerio de
Justicia israelí anunció que aumentará de 24 a 48 horas el plazo legal
para mantener a una persona presa sin cargos. El diario liberal Haaretz
informó ayer que había una lucha interna en el gobierno y que la
medida podría ser vetada porque se podría usar también para reprimir a
las crecientes manifestaciones de descontento de la propia población
israelí.
Pero el ala más dura del gabinete representada por el
canciller Avigdor Lieberman y el ministro de Finanzas Yuval Steinitz,
presionan para que se responda al movimiento de la Autoridad Palestina
con la mayor fuerza posible.
Por ahora, la única actitud
desafiante es la de unas camionetas con los colores palestinos y unas
banderitas blancas pidiendo el reconocimiento del Estado, que pasan
cerca del puesto de control israelí tocando bocina y regresan a la plaza
de los leones en el centro de Ramallah. Allí cerca se está levantando
un escenario donde hoy habrá un festival musical en apoyo a la gestión
de Abbas y, seguramente, muchos muchachos gritando consignas.
Del
otro lado del muro, en las puertas del asentamiento judío de Psagot,
levantado sobre la colina de Tawil, Moshe espera un autobús para ir a la
universidad. Dice que hay muchos colonos que están preparando para
mañana y el viernes marchas sobre los retenes de los territorios
palestinos para que se escuche su voz. “No queremos de ninguna manera
pasar a ser ciudadanos de un territorio palestino como pretenden.
Nosotros somos judíos y ésta es nuestra tierra. La vamos a cuidar mucho
porque es parte de nuestra piel”. Moshe se calla y señala la colina
cubierta de vides que aparece frente a nuestra vista. Allí se cosecha la
uva y se producen hasta 80.000 botellas de un Bordeaux aceptable que
guardan en una bodega que data del Segundo Siglo.
De regreso en
Ramallah encuentro al médico Mohamed Odeh, el jefe del departamento
iberoamericano del Fatah, el movimiento de liberación palestino que
forma parte del gobierno. Asegura que “no nos vamos a dejar llevar por
las provocaciones. El objetivo es presentar nuestra reivindicación en la
ONU y no dar excusas al gobierno de Netanyahu de que no se nos debe
reconocer porque somos violentos. No vamos a caer en esa trampa”. Odeh
es también el director del Banco Nacional de Sangre palestino. Por eso,
en su boca, estas palabras toman una dimensión particular: “ya no
estamos para derramar más sangre; es la hora del reconocimiento del
mundo a nuestro sacrificio”.
Hasta ahora, los palestinos tienen
el estatus de entidad observadora permanente en la ONU. Están
representados formalmente por la Organización para la Liberación de
Palestina. Lo que hará el viernes el presidente Mahmoud Abbas será pedir al Consejo de Seguridad que reconozca a Palestina como un Estado de pleno derecho.
Lo
que quiere, concretamente, es que las fronteras de ese estado sean las
anteriores a 1967 para integrar a Cisjordania y Gaza, y tener como
capital Jerusalén Este. Si Abbas no consigue este objetivo, luego, puede
ir a la Asamblea General de la ONU y pedir que se reconozca a Palestina
como Estado no-miembro similar al estatus que tiene hasta ahora, por
ejemplo, el Vaticano y que tuvo en algún momento también Suiza.
Israel
teme que esta jugada lo deje más aislado aún de lo que está desde el
estallido de la “primavera árabe”, las revoluciones de Egipto, Túnez y
Libia, y los levantamientos que no cesan en Siria. A esto hay que
sumarle la salida, corridos por multitudes, de los embajadores israelíes
en El Cairo, Ankara y Amman. Perdió a su aliado de hierro, Hosni
Mubarak, y Turquía se convirtió en su principal rival regional de la
noche a la mañana. Si llega a caer el régimen de Assad en Damasco,
Israel puede quedar atrapado entre el Mediterráneo y las duras paredes
de hormigón de su propio muro que sigue construyendo para separarse
totalmente de los palestinos. En este marco, el reconocimiento de un
Estado palestino paralelo sería un revés muy difícil de soportar para un
gobierno como el de Netayahu.
A la salida de Ramallah, en el
retén de Kalandia, ya no está la soldado de origen etíope. Hay un chico
de cara aniñada que pareciera ser hijo de uno de los recientes
inmigrantes rusos y otro chico negro que apenas ve el pasaporte
argentino dice: Argentina-Messi. Maradona perdió el cetro que siempre
tenía en estos casos. Los soldados parecen estar ahora un poco más
relajados dentro del alerta general.
Hay grandes medidas de seguridad para una rara calma.
Fuente: Clarin.com


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