jueves, 29 de enero de 2026

ACEMA impulsa DACE, el primer desafío de cohetería experimental para universitarios en Argentina

ACEMA impulsa DACE, el primer desafío de cohetería experimental para universitarios en Argentina




ACEMA, la Asociación de Cohetería Experimental y Modelista de Argentina, puso en marcha el Desafío Argentino de Cohetería Experimental (DACE), una iniciativa nacional para que estudiantes universitarios diseñen y construyan cohetes experimentales desde cero. Esta es la primera propuesta federal de este tipo, y está auspiciada por la CONAE, entre otros organismos del ecosistema tecnológico nacional.

El objetivo del DACE es impulsar la cohetería experimental como instancia formativa. Que los equipos aprendan a diseñar, simular, fabricar y operar un cohete con criterios técnicos y de seguridad, en una línea de trabajo que en Estados Unidos y Europa tiene programas ya establecidos. El desafío se organiza junto a Tripoli Rocketry Association Argentina y se apoya en normas y buenas prácticas para que los estudiantes puedan llevar lo aprendido a la práctica, con un marco seguro y exigente.


Jornada de lanzamiento de CanSat 2022, una competencia educativa en la que estudiantes diseñan, construyen y lanzan un proyecto vinculado a temas espaciales y de cohetería. El DACE busca impulsar en Argentina iniciativas formativas de cohetería experimental con un enfoque similar. Fuente: Agencia Espacial Europea (ESA).

Un desafío innovador

El desafío pide a cada equipo estudiar, diseñar, simular y construir un cohete completo. El motor está limitado a clase H, con un impulso total entre 160 y 320 N·s. El vehículo debe incluir fuselaje, estabilización pasiva por aletas, sistema de recuperación por paracaídas y una electrónica que comande esa recuperación. El apogeo sugerido es de 450 metros, puesto que, en esta primera edición, el objetivo no es “ir más alto”, sino llevar a cabo un proceso constructivo integral, con foco en la seguridad.

Además, los equipos cuentan con mentorías a demanda durante todo el proceso, para validar criterios de diseño antes de pasar a la fabricación. Hoy transitan la primera etapa y trabajan en el reporte preliminar, el primer entregable teórico para revisar el diseño y sus decisiones técnicas antes de iniciar la construcción.

Una gran iniciativa y una convocatoria aún mejor

Según la asociación, la idea nació después de una jornada de lanzamientos de alta potencia con participación universitaria. Allí, estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrollaron íntegramente una serie de cohetes, incluyendo el diseño, fabricación y ensayo de sus propios motores. A su vez, estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) sede Haedo probaron una carga útil electrónica con telemetría. Tras ese encuentro, ACEMA se propuso definir un marco de trabajo seguro y desafiante para iniciarse en la actividad.


Estudiantes de ingeniería aeroespacial de la UNLP con sus tres cohetes experimentales.

La convocatoria reunió 16 equipos de 15 universidades, con representación de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Santa Fe, Entre Ríos, La Rioja y Chaco. Además del perfil aeroespacial o aeronáutico, se sumaron estudiantes de electrónica, industrial, mecatrónica, electromecánica, ciencias exactas y otras disciplinas.

El cierre de esta edición está previsto con una jornada de lanzamientos en julio de 2026. Los equipos que logren lanzar y recuperar sus cohetes en condiciones, recibirán un reconocimiento institucional y podrán usar la experiencia como apoyo para participar en futuros desafíos de caracter internacional, como la competencia CanSat.

Además del interés académico, el DACE cuenta con acompañamiento de la CONAE, ConstelAR, la Space Education Foundation y empresas como ADN Electrónica.

ACEMA, con un pie en el DACE y otro en lo que se viene

Antes de que termine esta primera edición, ACEMA ya mira más allá. La asociación anticipa que trabaja en una próxima instancia con nuevos objetivos, mayor altura y potencia, y de caracter competitivo, para quienes sumen experiencia. A la vez, busca sostener el DACE como una red entre universidades, mentores e instituciones para que lo aprendido en el aula se pruebe en el terreno real, y para encender nuevas vocaciones.



miércoles, 28 de enero de 2026

El IAR explica su aporte a ATENEA: precalificó las antenas del satélite para garantizar comunicaciones a 70.000 km en Artemisa II

El IAR explica su aporte a ATENEA: precalificó las antenas del satélite para garantizar comunicaciones a 70.000 km en Artemisa II
Por Sofía Arocena



El Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) explicó su aporte a ATENEA, el satélite argentino que volará al espacio en la misión Artemisa II de la NASA. El organismo realizó las pruebas de precalificación electromagnética de las antenas del CubeSat, que lo ayudarán a sostener comunicaciones a 70.000 km de la Tierra, una distancia récord para un desarrollo nacional.


El IAR trabajó sobre las antenas de ATENA en su sala limpia y su cámara anecóica. Fuente: IAR.

La participación del IAR se da en el marco del proyecto ATENEA liderado por la CONAE, junto con universidades y organismos nacionales. El objetivo es desarrollar un demostrador tecnológico para enviar al espacio como carga secundaria de la misión Artemisa II de la NASA, que llevará astronautas de vuelta a las inmediaciones de la Luna.

En particular, el IAR publicó un reporte que detalla las tareas realizadas por un equipo de diez profesionales del instituto, coordinado desde el área de Transferencia y Vinculación Tecnológica a cargo de Martín Salibe.

¿Para qué calificar las antenas satelitales?

Desde el punto de vista técnico, el trabajo consistió en medir y validar cómo se comportan las antenas cuando están instaladas en el satélite. La necesidad de esa precalificación está directamente asociada a la distancia de operación. A 70.000 km, variaciones en el patrón de radiación o en la ganancia efectiva reducen la potencia que se recibe desde la Tierra y afectan la confiabilidad del enlace.

Una antena no radia igual cuando está sola que cuando está integrada a una estructura. El cuerpo del satélite y los componentes cercanos modifican el patrón de radiación, hacia dónde se distribuye la energía de la señal. Para representar esa condición real, el IAR construyó un prototipo idéntico a ATENEA y ensayó el sistema completo. Primero evaluó antenas de prueba y luego las antenas finales destinadas al vuelo.

Para realizar las mediciones, el trabajo se apoyó en infraestructura propia del IAR. El instituto cuenta con una sala limpia para analizar e integrar componentes de vuelo en ambiente controlado. Sin embargo, el personaje principal de estos ensayos fue la cámara anecoica —un recinto recubierto con material absorbente de radiofrecuencia— que permite medir antenas y equipos minimizando reflexiones, como si se tratara de un entorno controlado comparable al espacio desde el punto de vista electromagnético. Esa combinación de método, instalaciones y experiencia previa es el aporte del IAR, que convertió un componente crítico en un sistema verificado.


Calificación de la antena de ATENEA en la cámara anecóica del IAR. Fuente: IAR.

Un satélite argentino en una misión de alta complejidad de la NASA

El objetivo de ATENEA es tanto científico como de validación tecnológica. El satélite medirá la radiación del entorno, evaluará componentes para uso espacial, captará datos GPS y probará enlaces de comunicación de largo alcance. Básicamente operará como demostrador: si el satélite logra operar bien a 70.000 km, con condiciones mucho más duras que las de órbita baja, prueba el alto nivel de madurez tecnológica de hardware nacional para misiones posteriores.

En el plano internacional, Artemisa II agrega una exigencia adicional. Al ser una misión tripulada, cuenta con protocolos y requerimientos de calidad mucho más estrictos que las misiones comunes. Para el IAR, ese estándar condiciona cómo se ensaya, cómo se documenta y cómo se valida. Ahora, solo queda esperar que ATENEA se encuentre en el espacio, para que el satélite active sus comunicaciones y podamos confirmar la efectividad de la ciencia argentina a más de 70.000 km de la Tierra.



martes, 27 de enero de 2026

¿En qué estado real se encuentra el cohete argentino Tronador II de VENG y la CONAE?

¿En qué estado real se encuentra el cohete argentino Tronador II de VENG y la CONAE?
Por Sofía Arocena


El Proyecto Tronador II de VENG y CONAE es la iniciativa con la que Argentina planea conseguir sus propias capacidades de acceso al espacio.

El Tronador II es el proyecto emblema de Argentina en materia de acceso al espacio. Con 20 metros de altura, 2,5 metros de diámetro y la capacidad de colocar 500 kg en órbita baja, marca la escala tecnológica a la que aspira nuestro país. Detrás del programa está la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), que lo impulsa y coordina el desarrollo, y VENG que cumple el rol de brazo tecnológico e industrial. Ese marco permite entender en qué punto se encuentra hoy su desarrollo y cuáles son los avances consolidados en áreas críticas como propulsión, aviónica y estructuras.


El Ministerio de Innovación, Ciencia y Tecnología, a través de la CONAE, reactivó el proyecto Tronador en 2021. Fuente: Argentina.gob.

¿Cómo se desarrolla un lanzador?

En general, un lanzador espacial pasa por cuatro fases de desarrollo críticas, siguiendo un modelo estándar de ingeniería. La primera es la Mission Requirements Review (MRR) o definición preliminar del proyecto. En esta instancia, se establecen los objetivos generales, como capacidad, tipo de órbita y carga útil; y se identifican los requisitos técnicos y operativos.

La segunda es la Preliminary Design Review (PDR) o ingeniería preliminar del lanzador. En esta fase, se lleva a cabo el diseño inicial de sistemas críticos (propulsión, estructura, aviónica) y el análisis de viabilidad técnica y económica. Después, sigue la Detailed Design Review (DDR) o ingeniería de detalle: el desarrollo completo del diseño del lanzador, donde se especifican todos los componentes y sistemas, y se realizan pruebas en subsistemas.

Por último, se tiene la Critical Design Review (CDR) o revisión del diseño final del lanzador. En esta instancia, se realiza la aprobación para iniciar la fabricación y pruebas completas, y se valida que el diseño cumple con todos los requisitos.


El Tronador se enmaca en el programa ISCUL (Inyector Satelital Para Cargas Útiles Livianas), que contempla el desarrollo prograsivo de 3 versiones para maduración de sistemas, hasta llegar a la capacidad máxima deseada. Fuente: CONAE/VENG.

¿En qué fase se encuentra el Tronador II?

El proyecto Tronador II logró avanzar significativamente en varios aspectos técnicos. Se desarrollaron propulsores y motores de combustible líquido capaces de generar 35 toneladas de empuje cada uno, un sistema de aviónica avanzado que combinaba sensores inerciales y sistemas de navegación GPS para asegurar un guiado preciso, y una estructura optimizada para soportar las fuerzas del vuelo sin un exceso de peso.

Además, se trabajó en un sistema de separación de etapas, permitiendo que las distintas fases del cohete se desprendan de manera controlada a medida que se agotaba su combustible. Luego de los avances alcanzados con el Tronador II, el proyecto sufrió un golpe significativo en 2022, cuando las restricciones presupuestarias obligaron a suspender su desarrollo formal en la fase de ingeniería preliminar (PDR). Sin embargo, esto no significó el fin del programa. VENG decidió enfocar los recursos disponibles en el desarrollo y perfeccionamiento de los sistemas de propulsión, un área crítica para cualquier lanzador espacial.

El segmento de propulsión de VENG, aún de pie

Los esfuerzos actuales están concentrados en el desarrollo de los motores de primera y segunda etapa del Tronador II. Los motores de primera etapa están diseñados para generar 35 toneladas de empuje cada uno y son de tipo regenerativo. Esto significa que utilizan un sistema de enfriamiento regenerativo donde el combustible circula alrededor de la cámara de combustión antes de ser inyectado, evitando el sobrecalentamiento y mejorando la eficiencia.

Para alimentar estos motores, se diseñó y fabricó una turbobomba compacta de alto rendimiento, capaz de entregar hasta 3.000 HP. Sin embargo, mientras que los motores fueron probados en múltiples ensayos, la turbobomba no pasó por pruebas de validación.

Los ensayos de los motores se han llevado a cabo bajo condiciones cuidadosamente controladas. Estos ensayos son considerados de alta criticidad, ya que la probabilidad de falla siempre está presente. Para minimizar riesgos, las pruebas se realizan limitando la cantidad de personal involucrado, lo que reduce la presión operativa y permite a los ingenieros concentrarse en los parámetros críticos.

Los ensayos de alta criticidad de motores

Existen dos tipos principales de ensayos. Por un lado, los ensayos de encendido, que son pruebas de corta duración, típicamente de 3 a 4 segundos. El objetivo es verificar que el motor encienda correctamente y que todos los parámetros relacionados con el encendido y apagado funcionen de manera segura. Esto incluye verificar las presiones de arranque en la cámara de combustión, monitorear el tiempo de apertura de las válvulas, tanto de combustible (queroseno) como de comburente (oxígeno líquido), y controlar los parámetros de flujo y mezcla para evitar desajustes peligrosos.

Uno de los aspectos más críticos de estas pruebas es el control del suministro de oxígeno y queroseno. Normalmente, al apagar el motor, el suministro de oxígeno debe cerrarse primero, seguido del queroseno milisegundos después. Esto garantiza que no haya acumulación de oxígeno puro en la cámara de combustión, una situación que podría provocar un sobrecalentamiento crítico, fundiendo el material de la cámara por exceso de temperatura. El ajuste preciso del encendido y apagado es, por lo tanto, fundamental para la integridad del motor.Por otro lado, también se tienen los ensayos de performance. Son pruebas más largas, donde el motor se mantiene encendido durante el tiempo necesario para evaluar su comportamiento en condiciones operativas reales. Aquí se monitorean la estabilidad del empuje, las temperaturas de la cámara de combustión y toberas, el consumo de combustible y eficiencia, y el comportamiento de los sistemas de enfriamiento regenerativo.

Estos ensayos son esenciales para garantizar que los motores del Tronador II puedan operar de manera confiable durante todo el vuelo.


Operadores del centro de control de VENG durante los ensayos de motores. Fuente: VENG.

Avances en los propulsores de segunda etapa

Además del desarrollo y prueba de los motores de la primera etapa, se han logrado avances importantes en los propulsores de segunda etapa. Se fabricó con éxito la primera cámara de empuje regenerativa mediante manufactura aditiva –impresión 3D y electrodeposición–, un hito tecnológico que reduce costos y tiempos de fabricación, además de permitir diseños más complejos y optimizados. Esta cámara está destinada al motor RS de la segunda etapa del lanzador.

Las pruebas del prototipo de este motor de segunda etapa se realizaron en las instalaciones de la empresa Valthe, en Córdoba, donde los ensayos fueron exitosos, validando su diseño y funcionalidad.

Por otro lado, también se completó la soldadura por fricción de los tanques estructurales de la primera etapa, una tecnología avanzada que garantiza una unión fuerte y sin defectos, crucial para almacenar de manera segura el queroseno y el oxígeno líquido necesarios para la propulsión.


Ensayos de motor MT-B en Córdoba, parte del desarrollo de los motores RS del Tronador II. Fuente: VENG.

El presupuesto 2026 y las proyecciones sobre la continuidad del proyecto

En resumen, el Tronador está en una fase de cierre de ingeniería, integración y ensayos para madurar subsistemas críticos. Esto implica que, hacia adelante, el programa va a necesitar financiamiento para, como mínimo, sostener el desarrollo, integración y ensayos de todos los componentes y sistemas que requiere el cohete.

En paralelo, el Presupuesto 2026 le otorga al proyecto unos US$ 893.000 para este período. En este contexto, la inversión es insignificativa frente a la necesidad: alcanza, como mucho, para mantener la línea viva un año más.

Si bien no hay una cifra exacta de cuánto tendría que recibir el cohete para prosperar, sí un criterio realista. Si el objetivo es llegar a un demostrador con campaña de ensayos, integración y una secuencia de vuelos que genere aprendizaje, el financiamiento tiene que ser sostenido y estar en un orden compatible con esa etapa del ciclo de vida. En términos prácticos, sería razonable pensar en algunos millones de dólares por año durante varios años, con picos cuando empiezan las pruebas integradas y los vuelos. Visto así, las cifras del Presupuesto 2026 se parecen más a un esfuerzo mínimo de continuidad que a una apuesta de avance real.

Los desarrollos que sigue realizando VENG con un mínimo de ingresos demuestra que la capacidad tecnológica está. Lo que falta es que el Estado decida apostar a que el programa prospere. Si esa decisión existe, en algún momento el presupuesto tiene que dejar de parecerse a un respirador y empezar a parecerse a un plan de vuelo. Solo así, Argentina finalmente podrá llegar al espacio con un lanzador que lleve su bandera.



domingo, 25 de enero de 2026

El terrorismo de Estado ha llegado

El terrorismo de Estado ha llegado
por M. Gessen/Columnista de opinión


Crédito: Angelina Katsanis/Associated Press

Tras las últimas tres semanas de brutalidad en Minneapolis, ya no debería ser posible decir que el gobierno de Trump solo busca gobernar esta nación. Busca reducirnos a todos a un estado de miedo constante: un miedo a la violencia del que algunas personas podrían estar a salvo en un momento dado, pero del que nadie estará nunca verdaderamente a salvo. Esa es nuestra nueva realidad nacional. El terrorismo de Estado ha llegado.

Por favor, miren esta lista conmigo. Desde principios de enero, cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas expandió sus operaciones en Minneapolis y St. Paul, Minnesota, sus oficiales han: asesinado a Renee Good, una madre blanca de clase media; amenazado a una abogada de inmigración embarazada en el estacionamiento de su firma; detenido a numerosos ciudadanos estadounidenses, incluyendo uno que fue sacado a rastras de su casa en ropa interior; destrozado las ventanas de los autos y detenido a sus ocupantes, incluyendo a una ciudadana estadounidense que se dirigía a una cita médica en un centro de lesiones cerebrales traumáticas; detonado granadas de control de multitudes y un contenedor de gas lacrimógeno junto a un auto que contenía a seis niños, incluyendo un bebé de 6 meses; barrido un aeropuerto, exigiendo ver los papeles de las personas y arrestando a más de una docena de personas que trabajaban allí; detenido a un niño de 5 años. Y ahora han asesinado a otro ciudadano estadounidense, Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de UCI sin antecedentes penales. Parece que era blanco. Los agentes lo tuvieron en el suelo, sometido, antes de dispararle aparentemente al menos diez tiros a quemarropa.

Ante una lista como esta —un aluvión como este— buscamos detalles que expliquen por qué estas personas fueron sometidas a este trato, detalles que nos aseguren que, en cambio, nosotros no corremos peligro. Good estaba casado con una mujer, y su esposa, que es masculina, le habló con impertinencia a un agente del ICE, así que, después de todo, Good no era la típica madre blanca. ChongLy Thao, el hombre que fue sacado a rastras de su casa en ropa interior, es un inmigrante de Laos; no es blanco y presumiblemente habla con acento. La mujer que iba camino a la cita médica y la familia con seis hijos condujeron por zonas donde se estaban produciendo protestas contra el ICE. La familia del niño de 5 años no tiene estatus permanente. Se sabe poco de Pretti al momento de escribir este artículo, pero su padre dijo que sí participó en las protestas y que podría haber portado un arma (legalmente). No nos centramos en estos detalles para justificar las acciones de los agentes del ICE, que son claramente brutales e injustificables; lo hacemos para que el mundo tenga sentido y para calmarnos. Si no contestamos, si modificamos nuestras rutas para evitar las protestas, si tenemos la suerte de ser blancos, heterosexuales y estadounidenses de nacimiento —o, si no lo somos, pero mantenemos un perfil bajo, callados—, estaremos a salvo. Por el contrario, podemos elegir alzar la voz, ir a las protestas, arriesgarnos. De cualquier manera, nos decimos, si podemos predecir las consecuencias, tenemos autonomía.

Pero el terrorismo de Estado no funciona así.

En la década de 1990, cuando hablaba con personas de la antigua Unión Soviética sobre las experiencias de sus familias con el terror estalinista, me sorprendía constantemente lo mucho que parecían saber sobre sus circunstancias. Una y otra vez, me contaban exactamente qué había llevado a sus familiares a ser arrestados o ejecutados. Vecinos celosos los habían denunciado a las autoridades, o colegas que habían sido arrestados los habían nombrado bajo presión. Estas historias se habían transmitido de generación en generación. ¿Cómo podían llegar a saber tanto?, me preguntaba. No podían. La gente creaba narrativas a partir de sospechas, rumores e insinuaciones, para satisfacer una necesidad desesperada de explicación.

Mi libro favorito sobre terrorismo de Estado es “Sofía Petrovna” de Lydia Chukovskaya, una novela corta rusa traducida al inglés. La protagonista, una mujer de mediana edad leal al Partido Comunista de Stalin, pierde la cabeza intentando comprender el arresto de su hijo. Mi propia historia familiar contiene un corolario. Después de que la policía secreta arrestara a la mayoría de los altos cargos del periódico donde mi abuelo era subdirector, esperó a que llamaran a su puerta. Cuando la policía secreta no apareció noche tras noche, semana tras semana, se angustió tanto que se internó en una institución mental. Quizás así evitó el arresto. O quizás la policía secreta ya había cumplido con su cuota de arrestos para ese mes.

Este era el secreto de la policía secreta que se hizo evidente cuando se abrieron (brevemente) los archivos de la KGB en la década de 1990: se regían por cuotas. Los escuadrones locales debían arrestar a un cierto número de ciudadanos para poder ser declarados enemigos del pueblo. Que los agentes a menudo arrestaran a grupos de colegas, amigos y familiares era probablemente una cuestión de conveniencia más que cualquier otra cosa. Fundamentalmente, el terror era aleatorio. Así es, de hecho, como funciona el terrorismo de Estado.

La aleatoriedad marca la diferencia entre un régimen basado en el terror y uno abiertamente represivo. Incluso en regímenes brutalmente represivos, como los de las colonias soviéticas de Europa del Este, se sabía dónde estaban los límites del comportamiento aceptable. Protestar abiertamente podía ser motivo de arresto; conversar en la cocina, no. Escribir ensayos o novelas subversivas o editar revistas clandestinas podía ser motivo de arresto; leer estas obras prohibidas y compartirlas discretamente con amigos probablemente no. Un régimen basado en el terror, en cambio, emplea la violencia precisamente para reforzar el mensaje de que cualquiera puede ser víctima de ella.

Cuando pensamos en los regímenes terroristas del pasado, es tentador superponerles una narrativa lógica, como si los líderes totalitarios tuvieran una lista de tareas de exterminio y la cumplieran metódicamente. Así, creo, es como la mayoría de la gente entiende el clásico poema de Martin Niemöller, "Primero llegaron". Sin embargo, en realidad, quienes vivieron bajo esos regímenes nunca supieron qué grupo de personas sería designado enemigo del Estado a continuación.

En la época de Niemöller, el terror lo ejercían la policía secreta y las fuerzas paramilitares —especialmente las SA, más conocidas como las Camisas Pardas—, cuyo trabajo consistía en infundir miedo en la población. En 1934, Adolf Hitler mandó arrestar a entre 150 y 200 miembros de la cúpula de las SA y ejecutar a sus principales generales, demostrando así que nadie era inmune a la violencia letal del Estado. Stalin llevaba a cabo purgas similares con regularidad. El terrorismo en sí no era el objetivo final de esos regímenes, pero nada de lo que siguió habría sido posible sin él.

Las herramientas disponibles no son especialmente variadas. El presidente Trump está utilizando todos los instrumentos: las cuotas reportadas para los arrestos del ICE; la fuerza paramilitar compuesta por matones ebrios de su propia brutalidad; el espectáculo de violencia indiscriminada, sobre todo en las calles de la ciudad; la difamación post mortem de las víctimas. Es natural que nos cueste encontrarle lógica a lo que vemos. Existe una lógica, y esta lógica tiene un nombre: terrorismo de Estado.



Fuente: nytimes.com

Milei se reunió con Jonathan Cirtain, CEO del gigante aeroespacial Axiom Space, en Davos

Milei se reunió con Jonathan Cirtain, CEO del gigante aeroespacial Axiom Space, en Davos


Milei se reunió con Jonathan Cirtain, CEO de Axiom Space, en Davos, Suiza. Fuente: Oficina del Presidente/Presidencia de la Nación.

El presidente Javier Milei mantuvo una reunión con Jonathan Cirtain, presidente y CEO de Axiom Space, en Davos, Suiza, en el marco de su agenda en el Foro Económico Mundial 2026. El objetivo del encuentro fue explorar la cooperación espacial.


Javier Milei y su equipo durante un encuentro oficial con el presidente y CEO de Axiom Space en Davos. Fuente: Oficina del Presidente/Presidencia de la Nación.

Según la comunicación oficial del Gobierno, el encuentro se realizó en la ciudad suiza durante la participación argentina en Davos. La reunión también fue reportada por medios locales y especializados, que la vinculan con conversaciones sobre proyectos y oportunidades de colaboración entre Argentina y la compañía estadounidense.

Cooperación argentina con un gigante estadounidense

La reunión de Milei con Cirtain no es el primer acercamiento con la compañía norteamericana. En junio de 2025, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología y Axiom Space firmaron una adenda a un memorando vigente para respaldar la candidatura de la ingeniera biomédica Noel de Castro como posible primera astronauta argentina en una misión privada. Ese acuerdo también avala la reserva de un lugar para un profesional de Argentina en una futura misión privada a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Axiom Space es una empresa de vuelos tripulados comerciales que organiza misiones privadas a la ISS en coordinación con la NASA, y suele usar a SpaceX como proveedor de lanzamiento y cápsula para el traslado de tripulaciones. En el caso argentino, el respaldo oficial apunta a una Private Astronaut Mission (PAM) a la ISS, planificada no antes de 2027.

Una economía espacial menos estatal y más comercial

En paralelo, Axiom Space empuja un proyecto más grande, la Axiom Station, una estación espacial comercial. A fines de 2024 la empresa anunció que reordenó sus módulos para acelerar el plan. Primero enviará un módulo de energía y control térmico (PPTM) y después el hábitat. La idea es que ese primer bloque funcione como plataforma autónoma y, más adelante, se separe de la ISS para seguir creciendo como estación independiente.

El contexto internacional es el giro de Estados Unidos hacia una economía espacial más comercial. Norteamérica busca que el sector privado asuma parte de la infraestructura en órbita baja a medida que la ISS se acerca al final de su vida operativa, desde el transporte de astronautas y experimentos, hasta la producción en microgravedad. En ese escenario, Axiom busca sumar experiencia con misiones a la ISS, mientras se asegura un lugar en la etapa post-ISS con su propia estación.



sábado, 24 de enero de 2026

EE.UU. formalizó la activación del componente espacial del Comando Sur

EE.UU. formalizó la activación del componente espacial del Comando Sur




En medio del creciente protagonismo del dominio espacial dentro de las operaciones conjuntas, Estados Unidos formalizó la activación del componente espacial del Comando Sur (SPACEFOR–SOUTH) durante una ceremonia realizada la jornada de ayer, miércoles 21 del corriente en la Base Aérea Davis-Monthan, en Arizona (EE.UU.). Si bien la unidad se encontraba operativa desde el 1 de diciembre de 2025, el acto oficial marcó la asunción de mando por parte del coronel Brandon P. Alford y la presentación del emblema que simboliza su misión de integrar el poder espacial en todo el hemisferio occidental para fortalecer la seguridad regional.


Componente espacial del Comando Sur de los EE.UU.

El SPACEFOR–SOUTH funcionará como componente espacial del Comando Sur de Estados Unidos (USSOUTHCOM), encargado de coordinar las capacidades espaciales con fuerzas conjuntas, agencias gubernamentales e instituciones multinacionales para respaldar la estabilidad, la disuasión y la cooperación en América Central, del Sur y el Caribe. Desde su sede en Davis-Monthan, trabajará estrechamente con el Comando Espacial de Estados Unidos (USSPACECOM), el Comando Norte (USNORTHCOM) y socios internacionales, reforzando la conciencia situacional en el espacio y la interoperabilidad en la región.

Durante la ceremonia, el jefe de Operaciones Espaciales, general Chance Saltzman, destacó que la creación de Space Forces Southern reafirma el compromiso de Washington con la seguridad hemisférica, afirmando que “Esta nueva organización confirma nuestra determinación de afrontar amenazas locales de toda índole, desde actores estatales malignos hasta organizaciones criminales transnacionales”.

Por otra parte, el coronel Alford, primer comandante de SPACEFOR–SOUTH, recalcó el papel estratégico del espacio en las operaciones del Comando Sur y la visión de futuro que inspira su creación al expresar que “Hoy comienza una etapa más conectada, informada y ágil. No solo establecemos un comando, estamos moldeando el dominio espacial para que lo que se encuentra sobre nosotros fortalezca todo lo que valoramos aquí abajo”. Alford, con una amplia trayectoria en operaciones de control espacial, alerta temprana y apoyo conjunto, había participado previamente en la fase de capacidad operativa inicial del componente, lo que aporta continuidad a su nuevo rol.


Componente espacial del Comando Sur de los EE.UU.

El acto incluyó la presentación del emblema oficial del comando, que incorpora la constelación de la Cruz del Sur, símbolo del hemisferio sur, y un rayo que representa la rapidez y la capacidad de respuesta del apoyo espacial a las fuerzas conjuntas y aliadas. Estas capacidades incluyen navegación y posicionamiento, comunicaciones seguras, y vigilancia espacial aplicada a operaciones contra el narcotráfico, ejercicios multinacionales, asistencia humanitaria y fortalecimiento de capacidades de socios regionales.

La activación formal de SPACEFOR–SOUTH consolida un paso más en la expansión de la Fuerza Espacial de Estados Unidos dentro de los comandos combatientes, tras la creación de componentes similares bajo el INDOPACOM, CENTCOM, EUCOM y AFRICOM. En un contexto donde operaciones recientes como Absolute Resolve y Southern Spear evidenciaron el papel decisivo del poder espacial en el Caribe y Sudamérica, el nuevo componente simboliza la intención de EE.UU. de proyectar estabilidad, cooperación y dominio tecnológico en el hemisferio occidental sur.



El decano de ingeniería de la UBA explica la misión del satélite argentino ATENEA que partirá rumbo a la Luna con la NASA

El decano de ingeniería de la UBA explica la misión del satélite argentino ATENEA que partirá rumbo a la Luna con la NASA


Placa electrónica diseñada y fabricada por FIUBA para el satélite argentino ATENEA.

Alejandro Martínez, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), explicó en una entrevista la misión de ATENEA, el satélite de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) que partirá rumbo al espacio con la NASA. El satélite argentino viajará a bordo de Artemisa II, la misión que volverá a llevar humanos a sobrevolar la Luna después de 53 años sin vuelos tripulados a nuestro satélite natural.


ATENEA, el cubesar argentino de la CONAE, del que participó la Facultad de Ingeniería de la UBA. Fuente: CONAE.

Una órbita extremadamente alta

Según explicó Martínez en una entrevista en la Radio Con Vos (89.9), uno de los aspectos más llamativos de la misión es que ATENEA será desplegado a 70.000 km de altitud, en una órbita que supera ampliamente las ubicaciones de los satélites convencionales. En contraste, los satélites de observación terrestre, o las constelaciones como Starlink, orbitan alrededor de los 1.000 km de altitud; mientras que los geoestacionarios de telecomunicaciones se ubican a unos 36.000 km.

Además, entre los objetivos generales de misión, Martínez explica que el satélite busca validar componentes. La industria espacial nacional viene desarrollado componentes espaciales, que se prueban y certifican. Sin embargo, una nueva tendencia para abaratar costos y simplificar las misiones es utilizar componentes de industrias diversas, como la automotriz. Esos elementos deben validarse, con una historia de vuelo, para poder utilizar de forma segura en el espacio. En paralelo, ATENEA también va a medir la radiación del espacio, factor clave que afecta a los satélites, a la electrónica y equipos del espacio.

Por otro lado, el cubesat va a probar un sistema de GPS. En general, los satélites responsables de brindar servicios de GPS en la Tierra orbitan a 20.000 km de altitud. Ahora, el GPS que se evaluará estará ubicado a 70.000 km. Y, en esa línea, también se van a validar las comunicaciones, para control y transmisión de datos.

El aporte de la Facultad de Ingeniería de la UBA

En ATENEA, FIUBA fue la encargada de darle el corazón electrónico al satélite. Su contribución se centró en el desarrollo de placas de circuito impreso y electrónica asociada al manejo de energía. Este es un punto crítico para cualquier cubesat, pero particularmente sensible en una misión tripulada como Artemisa II.

Como el vuelo lleva astronautas a bordo, los requerimientos generales de seguridad de toda la misión son mucho más estrictos que en el lanzamiento de un satélite convencional. En ese contexto, no basta con que ATENEA funcione, sino que debe comportarse de manera predecible y segura en todas las fases previas al despliegue. En esa línea, FIUBA trabajó en electrónica vinculada a la preparación de las baterías antes del lanzamiento y en lógicas de control que aseguran estados seguros del sistema durante la integración y el despegue.


Placa que FIUBA diseñó y fabricó para ATENEA como parte de un módulo de seguridad y manejo de energía. Fuente: FIUBA.

Recientemente, el presidente Javier Milei se pronunció sobre el proyecto ATENEA a través de sus redes sociales. Al respecto, emitió un comunicado oficial en donde afirma que “el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos es la prioridad de la inversión en ciencia de este Gobierno”.

En la entrevista, Martínez opinó sobre la expresión del presidente. “Me parece bien que todos coincidamos en que este es un logro positivo”, aseguró. Sin embargo, no perdío la oportunidad de hablar de un reclamo que está atravesando al sector universitario hace varios meses. “Todos en la universidad estamos de acuerdo en que en estos momentos tenemos que sacar a la luz el tema que nos afecta, que es el presupuestario. Estoy hablando fundamentalmente de los salarios”.

El decano se mostró orgulloso de los logros de la facultad pública y del trabajo de los profesionales de la universidad: “en la facultad de ingeniería de la UBA hay mucho esfuerzo y vocación”. Pero también expresó su preocupación respecto a la situación salarial.

Según Martínez, el mayor problema es que con la falta de aumentos salariales, los docentes y profesionales especializados se están yendo de las facultades públicas. “Los llaman de empresas privadas y se van, porque acá no hay presupuesto. El principal factor en todo esto es el humano, que no se consigue tan fácilmente como se compra un equipo”, aseguró.

Para el decano, ATENEA muestra dos caras de la misma moneda: la capacidad tecnológica que nace en las universidades nacionales y el desafío de sostener el capital humano que vuelve posibles misiones de alta complejidad y prestigio.



El satélite SABIA-Mar se encuentra en su etapa final, según confirmó el Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología

El satélite SABIA-Mar se encuentra en su etapa final, según confirmó el Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología


El Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, visitó las instalaciones de INVAP y confirmó que el SABIA-Mar se encuentra en su etapa final de integración. Fuente: Darío Genua vía X.

Este jueves 22 de enero, Darío Genua, Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, confirmó que el satélite argentino SABIA-Mar ya se encuentra en su etapa final de integración. La actualización llega después de una visita Genua a INVAP, la empresa rionegrina que desarrolla este y todos los proyectos satelitales de la Argentina, como contratista y brazo ejecutor de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).


Tras una visita a la sede central de INVAP en Bariloche, Darío Genua confirmó que el satélite argentino SABIA-Mar ya se encuentra en su etapa final de integración. Fuente: Darío Genua vía X.

El auncio fue publicado en la red social X, donde Genua explicó que “este satélite brindará información clave sobre el mar y las costas para estudiar la calidad del agua y los ecosistemas. También aportará a la vigilancia marítima y a una mejor toma de decisiones”. Y agrego que “además, permitirá aplicaciones terrestres y fortalecerá sectores estratégicos como la pesca, la acuicultura y el turismo”.

¿Qué se sabe sobre la fecha de lanzamiento?

Más allá de confirmar que el SABIA-Mar se encuentra en la recta final de su desarrollo, el Secretario no brindó información adicional sobre el calendario de la misión ni la ventana de lanzamiento. Por ahora, y desde 2024, la fecha oficial para la puesta en órbita sigue prevista para el primer semestre de 2026.

En paralelo, el Presupuesto 2026 le otorga al proyecto un monto de US$ 8,9 millones para este año. Si el proyecto ya está “casi terminado”, esa suma podría estar destinada a los costos del lanzamiento. Argentina lanzó sus últimos dos satélites, los SAOCOM 1A y 1B, a bordo de un Falcon 9 desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg (California) y Cabo Cañaveral (Florida), respectivamente. Hoy, una misión compartida de SpaceX tiene un costo de unos US$ 15.000 por kg de carga paga. Para un satélite de 550 kg, como el SABIA-Mar, esta suma asciende a US$ 8,25 millones, que coincide con el capital previsto para el 2026.

El rumbo del sector espacial nacional

El mensaje de Genua llega en un contexto espacial atravesado por la incertidumbre. A principios de enero, el Director Ejecutivo y Técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky, presentó su renuncia. Desde entonces, la agencia no ha comunicado quién quedará al frente del organismo. Sin embargo, esta confirmación se lee con esperanza. Evidentemente, el sector espacial puede encontrarse en una etapa de transición, pero sigue apuntando con firmeza hacia la misma dirección: el espacio.



La mayor amenaza que enfrenta Gran Bretaña pronto podría ser Estados Unidos, pero el establishment no lo reconocerá

La mayor amenaza que enfrenta Gran Bretaña pronto podría ser Estados Unidos, pero el establishment no lo reconocerá
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, todas las miradas han estado puestas en Rusia. Sin embargo, la presidencia cada vez más errática y hostil de Trump está desbaratando viejas suposiciones.
por Andy Beckett


Keir Starmer y Donald Trump en una cumbre de paz en Egipto el 13 de octubre de 2025. Fotografía: Evan Vucci/AFP/Getty Images


Una de las cosas en las que el debilitado y a menudo denigrado Estado británico aún destaca es en persuadir al público de que otro país representa una amenaza. Siendo una pequeña isla belicosa junto a una masa continental mucho mayor, Gran Bretaña lleva siglos cultivando su propio sentido de aprensión. Podría decirse que prepararnos para un conflicto con alguna parte del mundo exterior es nuestra mentalidad natural.

Nuestros primeros ministros y los principales partidos políticos, servicios de inteligencia y funcionarios, oficiales militares en activo y retirados, centros de estudios de defensa y asuntos exteriores, y periodistas de derecha e izquierda difunden advertencias sobre posibles países enemigos. En ocasiones, el proceso es relativamente sutil y encubierto: periodistas o parlamentarios reciben información extraoficial sobre nuestra «seguridad nacional» —un término potencialmente impreciso— ante una nueva amenaza.

Y a veces el enfoque del Estado es más directo. El mes pasado, el jefe de las fuerzas armadas del Reino Unido, Richard Knighton, pronunció una conferencia ampliamente difundida en la que advirtió que «la situación [de seguridad nacional] es más peligrosa de lo que he conocido durante mi carrera», la cual comenzó durante la Guerra Fría en 1988. «Requiere una respuesta de toda la nación», continuó, «un sentido de orgullo y propósito nacional que ha caracterizado a nuestra nación en tiempos de conflicto». Para un número cada vez mayor de nuestras altas figuras militares, de inteligencia y políticas, Gran Bretaña ya se encuentra en una guerra no declarada.

¿Pero con quién? Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, según el estado de seguridad británico, nuestro enemigo más probable ha sido Rusia. Su invasión de Ucrania ha provocado que ese mensaje se difunda de nuevo. Ya sea bajo el mar, en el cielo, en tierra o en el espacio digital, se asume ampliamente que la mayor amenaza para este país proviene del este.

Sin embargo, con la presidencia cada vez más errática, agresiva y, a menudo, abiertamente hostil de Donald Trump, esa suposición parece cada vez más simplista. La crisis de Groenlandia es solo el ejemplo más reciente y claro de la profunda antipatía de esta administración hacia la Europa relativamente liberal, incluyendo a Gran Bretaña. Hasta ahora, ha provocado disputas fundamentales sobre la libertad de expresión, los aranceles, la crisis climática, el multiculturalismo, el gasto militar, el derecho internacional, la regulación de las empresas tecnológicas, el auge del populismo de extrema derecha, la injerencia estadounidense en elecciones extranjeras y el gobierno y la vigilancia policial de diversas ciudades europeas como Londres.


Miembros de las fuerzas armadas danesas y francesas participan en un ejercicio militar en Groenlandia, el 17 de septiembre de 2025. Fotografía: Guglielmo Mangiapane/Reuters

A principios de este mes, la directora del respetado think tank británico Chatham House, Bronwen Maddox, declaró que los países occidentales «deben ahora contemplar lo impensable: defenderse de Estados Unidos, tanto en el ámbito comercial como en el de la seguridad». Añadió: «No es grandilocuente decir que esto supone el fin de la alianza occidental».

¿Qué tan preparada está Gran Bretaña para este enorme cambio? Muchos votantes ya parecen estar adaptándose: una encuesta reciente de Opinium reveló que el 32% considera a Estados Unidos una amenaza, un porcentaje significativamente mayor que antes del regreso de Trump al poder. A pesar de los siglos de vínculos culturales, económicos y sociales entre ambos países, millones de británicos parecen comprender sin dificultad que la administración Trump no está de nuestro lado, por aterradora que sea esta perspectiva. En el volátil mundo actual, los votantes están aprendiendo a ser flexibles en su perspectiva global.

Pero para las personas o instituciones más comprometidas con el statu quo, aceptar su colapso o decadencia puede ser mucho más difícil. La "relación especial" angloamericana ha sido central en el pensamiento y las actividades políticas de Westminster y Whitehall durante más de 80 años. Otros lugares de colaboración, a menudo secreta, se encuentran dispersos por toda Gran Bretaña: desde el centro de vigilancia del GCHQ en Cheltenham, que colabora con la inteligencia estadounidense, hasta nuestros submarinos con armas nucleares en Faslane, Escocia, con sus misiles mantenidos por Estados Unidos; desde 13 bases de la fuerza aérea estadounidense hasta la vasta residencia del embajador estadounidense, Winfield House, que cuenta con el segundo jardín más grande de Londres después del Palacio de Buckingham.

La última vez que esta relación fue ampliamente cuestionada en Gran Bretaña fue durante la presidencia de Ronald Reagan, hace más de 40 años. Su enfoque inicial de confrontación durante la Guerra Fría, incluyendo la invasión de Granada en 1983 —que indignó incluso a la habitualmente atlantista Margaret Thatcher—, hizo que muchos británicos vieran a Reagan como un líder peligroso e inestable. Las bases británicas de Estados Unidos y otros privilegios oficiales en el país se volvieron polémicos, convirtiéndose en el foco del entonces floreciente movimiento por la paz, películas como "Defence of the Realm" y canciones de bandas de rock político como New Model Army y The The.

Pero entonces Reagan se volvió más conciliador con Rusia, la Guerra Fría terminó y la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido volvió a ser prácticamente incuestionable para el Estado y el electorado británicos. En junio pasado, cinco meses después del ya alarmante segundo mandato de Trump, el gobierno de Keir Starmer publicó una revisión estratégica de defensa. Sus siete amplios capítulos consideraron las amenazas de Rusia, China, Irán y Corea del Norte, pero ignoraron esencialmente la política exterior antieuropea de Trump, mencionando en cambio brevemente un "cambio en las prioridades de seguridad de Estados Unidos".

A pesar de las tardías y duras palabras de Starmer sobre Groenlandia el miércoles, en su enfoque más amplio hacia Trump, su gobierno parece aún aferrado a la ortodoxia británica de que hay poco que ganar, y mucho que perder, al romper radicalmente con Estados Unidos. Además de la creencia en la relación especial, hay otros impulsos profundos en juego. Desde que este país perdió su supremacía global en la década de 1940, nuestros gobernantes y diplomáticos se han acostumbrado a intentar sacar el máximo provecho de las malas situaciones y a ganar tiempo. Por mucho que lo desee, Trump no será presidente para siempre.

Sin embargo, ahora hay muchos otros políticos y estrategas estadounidenses de alto rango con una visión antieuropea del mundo, como el vicepresidente y probable candidato presidencial, J.D. Vance. Su desprecio por los "gobiernos minoritarios inestables" de Europa y su creencia de que Estados Unidos podría y debería lograr un "dominio" aún mayor de Occidente —en palabras de la última estrategia de seguridad nacional de la administración Trump— es un sistema de creencias que, antes semisumergido bajo ideas más consensuadas, ahora ha aflorado a la superficie de la política estadounidense. Incluso si los republicanos pierden las elecciones intermedias y las próximas elecciones presidenciales gracias al irregular historial nacional de Trump y su constante impopularidad, este monstruo nacionalista podría no desaparecer de la vista durante mucho tiempo.

El Estado británico puede creer que su relación con Estados Unidos se mantiene esencialmente igual, o que puede ajustarse, o que puede extenderse de forma reducida durante algunos años más. O puede reflexionar de forma innovadora.

Andy Beckett es columnista del Guardian.



El crecimiento de la Armada china: pasado, presente y futuro

El crecimiento de la Armada china: pasado, presente y futuro
Una revisión de los principales avances del PLAN durante los últimos cinco años y hacia dónde es probable que se dirija la flota a partir de ahora.
Por Rick Joe


Crédito: Sina Weibo


En los últimos años, se han concretado varios proyectos importantes para la Armada del Ejército Popular de Liberación (APL). Junto con estos avances, es cada vez más frecuente ver en los medios de defensa y la prensa especializada una supuesta ventaja en tamaño de flota o construcción naval para la APL, a menudo en comparación con la Armada estadounidense. Esto ha sido especialmente evidente en el contexto de la inquietud sobre la vitalidad de la construcción naval estadounidense, los retrasos en los programas y algunos cambios recientes en los programas de combate de superficie, como la fragata clase Constellation y el acorazado clase Trump.

He documentado diversas iniciativas de adquisición de la PLAN en el último lustro. Ahora es momento de revisar algunas de estas proyecciones anteriores en el contexto de lo que realmente se materializó. Al mismo tiempo, podemos evaluar las narrativas comunes de los analistas de defensa (como la relevancia de la industria de la construcción naval y el tamaño de la flota) en el contexto de los avances genuinos de la PLAN en general. Finalmente, revisaré brevemente las misiones prospectivas para la PLAN en evolución y las posibles trayectorias de crecimiento y plataformas futuras.

La PLAN hoy

En 2019 hice una proyección amplia del orden de batalla de la PLAN de 2030. Aunque es cuatro años antes, revisar esta estimación puede ayudar a contextualizar la situación en 2026.

En cuanto a los combatientes de superficie, ocho destructores 055 están en servicio y seis más en fase poslanzamiento; entre 25 y 30 destructores 052D están en servicio y otros 10 o más en fase poslanzamiento, complementados por seis destructores 052C más antiguos; dos fragatas 054B y más de 40 fragatas 054A están en servicio, y media docena o más de 054A en fase poslanzamiento. Once destructores más antiguos, pero modernizados, están en servicio, así como 50 corbetas 056A y varias fragatas más antiguas.

En cuanto a los grandes buques anfibios, se encuentran en servicio ocho diques de desembarco anfibio 071, complementados con cuatro helipuertos 075 y un helipuerto 076 equipado con catapulta en pruebas de mar. Estos se complementan con hasta 30 buques de desembarco de tanques de la familia 072 y varias lanchas de desembarco convencionales y aerodeslizadoras más pequeñas.

Tres portaaviones están en servicio: el Liaoning y el Shandong, equipados con trampolines, y el Fujian, equipado con catapultas. Sin embargo, el Fujian no entró en servicio hasta finales de 2025 y tardará un tiempo en alcanzar su capacidad operativa inicial.

El número exacto de submarinos de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLA) es difícil de determinar; sin embargo, se estima que hay entre 50 y 60 submarinos diésel-eléctricos (SSK) en servicio (la producción reciente se compone de las modernas clases 039B y 039C), y entre seis y diez submarinos de ataque nuclear (SSN) en servicio, con cuatro adicionales en proceso de acondicionamiento o pruebas de mar. Del total de SSN en servicio, hasta ocho fueron botados desde 2022, de la clase 09IIIB, de mayor capacidad. Hay entre seis y ocho submarinos de misiles balísticos (SSBN) de la familia 09IV en servicio.

Buques adicionales de todas las categorías se encuentran en construcción activa o es probable que reanuden su producción en los próximos años. Este breve resumen muestra que la PLAN parece estar encaminada hacia mi predicción de 2019 sobre la composición de la flota para 2030 (los detalles completos se pueden consultar en el artículo anterior).

Una advertencia sobre las comparaciones populares respecto de la PLAN

Este crecimiento en el tamaño y tonelaje de la flota de la PLAN ha llevado a muchos medios de comunicación generales (y algunos medios de defensa y agencias gubernamentales) a utilizar el recuento de cascos para describir a la PLAN como la "más grande del mundo", especialmente al establecer una comparación directa con la Armada de los EE. UU.

Muchos han criticado con razón el uso del número de cascos como indicador implícito de la capacidad naval general, ya que no refleja la capacidad cualitativa de cada buque. Una corbeta 056A de 1400 toneladas es muy diferente de un destructor 055 de 13 000 toneladas, que a su vez es diferente de un portaaviones clase Ford de 100 000 toneladas; sin embargo, todos constituyen un solo buque. Se han explorado otras medidas, como el tonelaje o el armamento del sistema de lanzamiento vertical, como indicadores de mayor valor.

En general, es innegable que la PLAN ha crecido sustancialmente independientemente de cuál de estas métricas se elija, pero describirla como la "armada más grande del mundo" sin salvedades suele ser un indicador de mala comprensión o una señal de un inminente argumento falaz.

La capacidad de construcción naval (incluyendo astilleros activos y la construcción naval civil) se ha convertido en otro motivo de consternación en los últimos años. La diferencia entre la capacidad de construcción naval china y estadounidense es más real que la idea de que la Armada de EE. UU. "supere" en tamaño a la Armada estadounidense. Dicho esto, la supuesta capacidad de construcción naval "200 veces mayor" de China no guarda una relación lineal con los resultados navales reales. La construcción naval no depende únicamente de la capacidad de construcción naval, sino que también se ve limitada por subsistemas clave (centrales motrices, sensores, armamento, informática), además de estar limitada por la financiación para adquisiciones, costos operativos y personal.

Es cierto que la capacidad de construcción naval beneficia a la construcción naval, pero el alcance del potencial explotable depende de la resolución de otros cuellos de botella. Sería prudente que los comentaristas de defensa reconocieran con frecuencia estos matices, para evitar el riesgo de impresiones inadvertidas entre la población general.

Además, en caso de un conflicto de alta intensidad, la naturaleza de largo plazo de la construcción naval significa que la capacidad naval relevante de cada lado puede ponderarse mucho más a favor de los buques existentes en servicio o próximos a entrar en servicio que a favor de la capacidad de iniciar nuevas construcciones, aunque, por supuesto, esto depende de la duración del conflicto.

Brechas restantes para la PLAN

La modernización de la flota de la PLAN ha venido acompañada de nuevos sensores (radares, sensores pasivos, electroópticos y sonares, entre otros), redes de comunicaciones y un armamento considerable. Numerosos tipos de armas antibuque subsónicas, supersónicas y, más recientemente, hipersónicas, están en servicio en buques, submarinos y aeronaves de la PLAN. Asimismo, existe una creciente variedad de misiles tierra-aire y sistemas de torpedos embarcados con mayor capacidad y sofisticación.

Describir estos sensores y armas podría llenar varios artículos por sí solo, pero es prudente reconocer estos avances para visualizar que, en términos generales, los nuevos combatientes de superficie y submarinos de China han encajado con subsistemas y armas proporcionalmente modernos.

También es pertinente identificar las deficiencias restantes en capacidades, plataformas y sistemas. Esta afirmación es, en sí misma, algo forzada, ya que implica un nivel esperado de capacidad naval mínima, que a su vez depende de las misiones estratégicas que el gobierno asigna a la armada. Sin embargo, para las necesidades genéricas de conflictos multidominio de alta intensidad, se pueden identificar algunas necesidades obvias.

La aviación naval orgánica embarcada es un ámbito importante que requiere expansión y maduración. Esto implica no solo más aviación embarcada, además de los tres portaaviones en servicio, sino también la proliferación de helicópteros, incluyendo modernos helicópteros multifunción de guerra antisubmarina (ASW) como el Z-20F. La consolidación y expansión de la aviación embarcada ya no supone un desafío tecnológico e industrial, sino que depende más de la financiación y el tiempo. Sin embargo, en el contexto de las numerosas demandas que enfrenta la AELP, estos elementos no son gratuitos.

La guerra submarina, que incluye tanto los SSN, SSK y la guerra antisubmarina de superficie y aérea y sus sensores, armas y redes necesarios, son dominios relacionados en los que la PLAN probablemente aún no se siente cómoda o satisfecha con su progreso, a pesar de los avances significativos en capacidad.

En la actualidad, la PLAN cuenta con la flota de combate de superficie más grande del mundo equipada con suites de sonar de "cola doble" (sonar lineal remolcado y sonar de profundidad variable). Los buques de la PLAN con sonar de "cola doble" incluyen toda la flota 055, 052D y 056A, así como su moderna flota de fragatas (excepto los 16 cascos iniciales de 054A); en total, más de 130 buques en el agua. Al menos unas pocas docenas de aeronaves ASW de ala fija con base en tierra en forma de plataformas de la familia KQ-200 están en servicio, con una iteración más moderna entrando en servicio en los últimos dos años. El mencionado Z-20F también ofrecerá un moderno helicóptero de clase 10 toneladas para ASW aérea orgánica embarcada. Al menos dos sistemas diferentes de misiles-torpedos de separación están en servicio con los combatientes de superficie de PLAN.

Probablemente se prevé una mayor expansión de la capacidad de guerra antisubmarina (ASW), así como una mayor modernización de la flota de submarinos de ataque de la Armada (SSK) (reemplazando los cascos restantes de las clases 039 y Kilo). Además, será necesario un crecimiento significativo de la flota de submarinos de ataque de largo alcance (SSN) para proporcionar escoltas submarinas persistentes de larga distancia, así como para habilitar una flota de submarinos de ataque de largo alcance más fiable, capaz de realizar misiones independientes. La adquisición de submarinos de ataque de largo alcance dependerá de los avances cualitativos en rendimiento (incluido el sigilo acústico), que serán objeto de un próximo artículo; sin embargo, se considera un área de crecimiento.

La maduración de la capacidad SSBN de China también es una brecha que debe subsanarse. Esto depende no solo de los avances en la tecnología de submarinos nucleares, sino también del progreso de sistemas estratégicos como los misiles balísticos, el mando y control estratégicos y la doctrina general de disuasión nuclear.

Tras lo anterior, existen otras deficiencias para la AELP, en gran medida en consonancia con otras fuerzas navales globales. La AELP también buscará nuevas clases sucesoras de combatientes de superficie y considerará los requisitos de forma de casco, armamento, grupos motopropulsores y sensores. La AELP está investigando plataformas no tripuladas de superficie, submarinas y aéreas, que probablemente serán componentes importantes de una futura fuerza en algún momento. El avance de los conceptos existentes de sensores y armas, la maduración de tipos de armas más exóticos (armas de energía dirigida, posiblemente cañones de riel, entre otros), y los sistemas dispersos y en contenedores, probablemente también se tendrán en cuenta en futuras adquisiciones. Una mayor integración de sensores y fuegos multidominio, una coordinación más estrecha con los recursos espaciales y los avances en los sistemas de gestión de combate (incluida la automatización y la inteligencia artificial) son aspectos genéricos, pero es necesario reconocerlos.

Trayectoria de una flota en 2035

Al momento de escribir este artículo, a mediados de enero de 2026, es un poco más difícil predecir una posible flota de la PLAN para 2035, en comparación con predecir una flota para 2030 en 2019. Esto se debe en parte al mayor secretismo del boca a boca en China, y en parte a una mayor variedad de posibles prioridades de adquisición y factores tecnológicos que puedan generar confusión.

Es probable que los buques de combate de superficie de la Armada Popular China (AEP) sigan creciendo y modernizándose hasta 2035, y durante este período podrían surgir algunas clases sucesoras de las 055, 052D y 054A/B, respectivamente. Estas clases podrían optar por la propulsión eléctrica, cascos más nuevos y de mayor tamaño con avances en sensores y armamento, así como mayor resistencia e instalaciones para la tripulación.

Es probable que más portaaviones entren en servicio para 2035, coincidiendo con una mayor madurez del ala aérea de los portaaviones. Ya se ha fotografiado un supuesto portaaviones de propulsión nuclear, del que se rumorea que se encuentra en fase inicial de ensamblaje en el astillero de Dalian, y se rumorea que un portaaviones de propulsión convencional se encuentra en fabricación en el astillero de Jiangnan en Shanghái. El reciente Informe sobre el Poder Militar Chino del Departamento de Defensa de EE. UU. sugirió que la PLAN podría contar con nueve portaaviones para 2035, pero esto parece improbable (y la redacción no era específica en el documento original). Alcanzar los nueve portaaviones requeriría el lanzamiento de seis portaaviones adicionales para 2035, lo cual sería improbable incluso si China pudiera mantener la construcción continua de portaaviones en dos astilleros entre ahora y 2035.

También es probable que la Armada (AELP) amplíe el tamaño de su flota de SSN (y posiblemente de SSBN). Se sugiere que las clases más modernas —los SSN 09IIIB, actualmente en producción, y los futuros 09V— ofrecerán importantes avances cualitativos en capacidad. La AELP parece estar lo suficientemente satisfecha como para aprobar una producción a gran escala, con entre seis y ocho cascos 09IIIB botados en tres años.

Las capacidades existentes de la PLAN ya cubren en cierta medida las demandas de capacidad de un conflicto localizado en Taiwán. Sin embargo, es probable que la preparación de la PLAN aún se compare con la perspectiva de un conflicto de mayor escala, como uno que involucre a la Armada de los Estados Unidos. Los próximos avances de la PLAN probablemente buscarán habilitar operaciones más lejanas en el Pacífico Occidental y, potencialmente, en el Pacífico Central, en condiciones de guerra, para enfrentar a las fuerzas navales estadounidenses y las instalaciones insulares en esas regiones, apoyadas por activos multidominio aliados.

Mientras tanto, los despliegues a larga distancia en tiempos de paz, compuestos por grupos de trabajo de mayor escala, probablemente se volverán más habituales, tanto para fines de entrenamiento como de señalización. En general, la PLAN tenderá a contar con una presencia en alta mar más completa, sofisticada y sostenida en tiempos de paz, centrándose principalmente en combatir un conflicto multidominio de alta intensidad en el Pacífico Occidental.